18 de febrero de 2026
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Cañones, gastronomía y monasterios de Macedonia del Norte

En el centro de los Balcanes y rodeada de montañas, Macedonia del Norte es uno de los destinos menos recorridos del sur de Europa. Sus paisajes van desde colinas verdes hasta cumbres nevadas, y el país ofrece cultura viva, gastronomía destacada y hospitalidad auténtica, con menos aglomeraciones que otros puntos del continente.

Tradición, naturaleza y hospitalidad en cada rincón

Su geografía predominantemente montañosa ha marcado la identidad local y facilitado la conservación de costumbres ancestrales. Muchos habitantes describen la presencia constante de montañas como parte integral de su vida cotidiana.

Con cerca de dos millones de habitantes y un territorio algo mayor que el estado de Vermont, Macedonia del Norte aún no ha recibido el volumen de turistas que frecuenta el sur de Europa en temporada alta.

Los actores del turismo local prefieren un desarrollo controlado para proteger la calidad de vida. Aunque el país ve un tránsito significativo de pasajeros en verano, muchos visitantes no se detienen, y los operadores confían en que aún hay mucho por descubrir fuera de las rutas principales.

El Lago Ohrid, patrimonio mundial de la UNESCO, es uno de los mayores atractivos: un lago de aguas claras rodeado de montañas que alberga una biodiversidad notable y atrae a quienes buscan ecoturismo.

A orillas del lago se encuentra el monasterio de Sveti Naum, con presencia histórica desde el siglo X. Más al norte, el Monasterio Bigorski es punto de paso para quienes exploran el cercano Parque Nacional Mavrovo, cuyo bosque otoñal destaca por sus colores intensos.

El paisaje rural está formado por pequeñas explotaciones familiares donde la agricultura sigue siendo parte esencial de la vida. Iniciativas de agroturismo priorizan grupos reducidos para ofrecer una experiencia más personal y auténtica.

Los responsables de estos proyectos señalan que grupos pequeños permiten mostrar lo mejor de las fincas y asegurar una atención cuidada a los visitantes.

Gastronomía de sabores únicos

La cocina macedonia refleja su diversidad geográfica: productos frescos de pequeños productores, recetas que realzan sabores naturales y una cultura de compartir la mesa. Las variaciones regionales son notables, por lo que platos comunes en una zona pueden resultar desconocidos a cien kilómetros de distancia.

El ajvar, una crema de pimientos rojos asados, es un emblema culinario cuya elaboración se convierte en actividad comunitaria durante el otoño. El rakija, aguardiente tradicional mayormente de uva, acompaña a menudo ensaladas, carnes y panes caseros.

La región vinícola de Tikveš produce vinos apreciados en Europa del Este; sus vinos se combinan bien con especialidades locales como el borek, los kebapi, el pastirmalija y las sopas conocidas como chorba o çorba.

Las kafanas, tabernas tradicionales, ofrecen un entorno propicio para degustar platos locales con música en vivo y un ambiente festivo que conserva formas de entretenimiento popular en la región.

Reconstrucción, cultura y una vida nocturna vibrante

Skopje, la capital, combina historia y modernidad. Tras el terremoto de 1963, la ciudad fue reconstruida con una mezcla de estilos que van del brutalismo de la época yugoslava a vestigios otomanos y toques neoclásicos recientes.

El Antiguo Bazar mantiene un entramado de calles con puestos de productos, antigüedades y bares alternativos. Las cafeterías integran tradiciones como el café turco con nuevas tendencias del consumo contemporáneo.

La oferta cultural es amplia, fruto en parte de la tradición de apoyo estatal a las artes: festivales de jazz, cine y música, eventos callejeros y programación constante para residentes y visitantes.

Para quienes buscan naturaleza, Skopje ofrece acceso inmediato a senderos y panoramas: el funicular al Vodno y el Cañón Matka, con aguas color esmeralda y cuevas, son destinos populares para excursiones de un día.

La conservación de la diversidad natural ha favorecido también la pervivencia de prácticas tradicionales, como la trashumancia en las montañas de Šar, que ofrece una experiencia auténtica a quienes desean conocer la vida rural.

En conjunto, la combinación de paisajes, tradición culinaria, vinos y la calidez de su gente convierte a Macedonia del Norte en una alternativa interesante para descubrir Europa desde una perspectiva más tranquila y cercana a la naturaleza.

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