19 de febrero de 2026
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Protestas nocturnas y memoriales en Irán tras represión que dejó miles de muertos

Desde un balcón en Teherán, una maestra gritó de noche: “¡Muerte al dictador!” y “¡Muerte al asesino, Khamenei!”, sumándose a consignas que se escuchaban desde ventanas y azoteas de su barrio.

Unas pocas voces respondieron en apoyo de la República Islámica de Irán, vigente desde hace 47 años.

“¡Cállense! ¡Ahóguense con eso!”, replicaron sus vecinos, ahogando las voces progubernamentales, relató la maestra a The Associated Press, que habló bajo condición de anonimato por seguridad.

En todo el país persiste la conmoción, el dolor y el miedo tras la represión más letal bajo el gobierno del Líder Supremo Ali Khamenei, de 86 años. Miles de personas murieron y se estima que decenas de miles han sido detenidas.

Aun así, hay señales continuas de desafío. La ira contra los gobernantes se aprecia en videos en redes sociales y en declaraciones de manifestantes, que también expresan sentimientos de impotencia después de que cientos de miles salieran a las calles y fueran enfrentados con violencia extrema. Todos hablaron bajo anonimato por temor a represalias o arrestos.

A la incertidumbre interna se suma la amenaza de un ataque de Estados Unidos: Washington ha desplegado buques de guerra y aviones de combate en la región mientras mantiene negociaciones con Irán sobre su programa nuclear.

El descontento se manifiesta en los gritos nocturnos desde ventanas y azoteas, un ritual que reaparece en oleadas de protestas anteriores.

También se refleja en las ceremonias conmemorativas que se realizan 40 días después de las muertes, conocidas como chehelom, que en tiempos de agitación suelen adquirir un carácter político.

Las conmemoraciones se convierten en protestas

Esta semana se cumplen 40 días desde los días más letales de la represión, el 8 y 9 de enero. Videos difundidos en internet muestran ceremonias de chehelom en pueblos y ciudades de Irán; algunas reunieron a cientos de personas que entonaron cánticos antigubernamentales.

En muchas de estas reuniones hay un tono festivo: amigos y familiares cantan y lanzan flores, en contraste con la solemnidad de los actos oficiales. En general evitan llamar a los fallecidos “shaheed” (mártir) y usan “javid nam”, expresión persa que puede traducirse como “larga vida al nombre”.

Videos verificados por AP muestran a cientos de personas en el cementerio principal de Abdanan, en el oeste de Irán, coreando “Muerte a Khamenei” durante el chehelom de Alireza Seydi, un joven de 16 años asesinado el 8 de enero. En las imágenes se observa a fuerzas de seguridad disparando desde un vehículo blindado y levantando nubes de lo que parecía ser gas lacrimógeno, lo que dispersó a hombres y mujeres.

Durante la Revolución Islámica de 1979, los memoriales de 40 días para manifestantes asesinados solían convertirse en mítines que las fuerzas de seguridad intentaban reprimir, generando nuevos hechos de violencia que luego se conmemoraban en ciclos sucesivos.

Publicaciones en redes sociales indican que las fuerzas de seguridad han intentado limitar la asistencia a algunas ceremonias de chehelom.

En la ciudad oriental de Mashhad, una multitud de varios cientos coreó “Por cada persona asesinada, mil más se alzan detrás de ella” durante el chehelom de Hamid Mahdavi, según un video verificado por AP. Cuando policías acosaron a algunos asistentes que conmemoraban a Mahdavi —un bombero muerto a tiros en las protestas de enero— la multitud insultó a los oficiales: “¡Sinvergüenzas! ¡Sinvergüenzas!”.

El gobierno celebró su propio chehelom por los fallecidos, y la Guardia Revolucionaria los describió en un comunicado como víctimas de la violencia provocada por grupos “terroristas” armados, supuestamente respaldados por extranjeros, que habrían explotado “demandas públicas legítimas”. Según el comunicado, la conmemoración era “una oportunidad para renovar el compromiso con la unidad nacional”.

‘Depresión masiva’ e ira

“Más que tristes, las personas están enojadas. Todo el mundo está muy enojado. Todos esperan algún tipo de estallido”, dijo un residente de Karaj, en las afueras de Teherán.

Él participó en las marchas del 8 y 9 de enero y afirmó que cinco parientes y amigos suyos fueron asesinados cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes.

La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos ha contabilizado hasta ahora más de 7,000 muertos y considera que la cifra real es mayor. El gobierno iraní ofreció una única cifra el 21 de enero, declarando que 3,117 personas murieron, y describió a muchos manifestantes como “terroristas”.

“No conozco a nadie a mi alrededor que no conozca a alguien que fue asesinado, o alguien que fue arrestado o herido”, dijo la maestra de 26 años en Teherán. Dos conocidos suyos fueron asesinados y el esposo de una colega fue detenido, relató.

Además, los iraníes enfrentan un deterioro económico acelerado, con la moneda perdiendo valor.

“Cada día los precios suben”, dijo el residente de Karaj. “Nos estamos acercando a un colapso económico. Comprar fruta se ha vuelto un lujo”.

Un trabajador del sector turístico en el norte de Teherán, que participó en las protestas, señaló que con la cercanía del Año Nuevo Persa (Nowruz) el bazar normalmente estaría lleno, pero ahora está casi vacío.

“Es una combinación de duelo, falta de dinero e inflación”, comentó, describiendo a la población de la capital en un estado de “depresión masiva”.

El ambiente ha afectado también la vida cultural. Una actriz reconocida anunció que no aceptará nuevos papeles “en esta tierra que huele a sangre”.

Alireza Ostad Haji, presentador de una popular competencia televisiva de fuerza masculina, expresó condolencias a “todas las familias en duelo” en Instagram y renunció a dos comités deportivos nacionales. Al hablar de la muerte del ex campeón de culturismo Masoud Zatparvar se emocionó: “Él no era un terrorista, era un manifestante”.

‘No ven alternativa’

También existe el temor de que las protestas callejeras no logren cambios frente al uso desproporcionado de la violencia por parte del Estado.

El residente de Karaj y el trabajador turístico manifestaron su apoyo a Reza Pahlavi, hijo del sah depuesto, que desde el exilio se presenta como líder de una oposición fragmentada. Pahlavi ha alentado las protestas y ha pedido que Estados Unidos actúe contra Irán.

Es difícil medir cuán extendido es el apoyo a Pahlavi dentro de Irán. Sin embargo, durante las protestas de enero los cánticos a su favor fueron frecuentes, un cambio respecto a situaciones pasadas en las que generaba poco interés o se le percibía alejado de la realidad.

Algunos incluso han expresado esperanzas de un ataque estadounidense.

“Cada noche, cada hora, desearía poder escuchar los ataques (de EEUU)”, dijo el trabajador del turismo. “Ya no podemos luchar con nuestros puños contra ametralladoras”. Agregó que muchos de sus amigos que salieron a las calles en enero no volverán a hacerlo debido a la violencia estatal.

La maestra dijo que, aunque había participado en protestas anteriores, no asistió en enero porque desaprobaba las expresiones de apoyo a Pahlavi.

No obstante, señaló que algunos de sus amigos que también rechazan al hijo del sah participaron en las protestas de enero y llegaron a corear: “¡Larga vida al sah!”.

“La gente está muy cansada y no ve alternativas”, afirmó.

Ella teme que un ataque de Estados Unidos provoque una guerra, luchas civiles y más derramamiento de sangre.

“Tengo miedo de que haya más masacres”, concluyó.

(AP)

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