28 de febrero de 2026
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Constancia y hábitos determinan el 80% del envejecimiento cutáneo, según una dermatóloga

La dermatóloga Shereene Idriss afirmó que el cuidado de la piel va más allá de lo estético: condiciona el bienestar físico y emocional. En The Mel Robbins Podcast señaló que la piel reacciona tanto a los hábitos diarios como a la percepción personal, y que la verdadera transformación nace de cambiar la relación con la propia piel, no de ajustarse a estándares externos.

Idriss explicó que la piel, el órgano más grande del cuerpo, refleja el equilibrio interno físico y mental: “La salud de la piel muestra tanto aspectos fisiológicos como emocionales”. Añadió que la confianza proviene de una relación sana con la piel y que el autocuidado aporta más al bienestar que los cambios cosméticos aislados.

La especialista indicó que solo un 20% del envejecimiento cutáneo es genético y que el 80% restante está vinculado a hábitos y al entorno. Recalcó la necesidad de sistemas personales de autocuidado y subrayó que la constancia y la simplicidad superan cualquier rutina compleja o productos muy caros.

Factores determinantes para la salud cutánea

Entre los factores más importantes destacó el sueño reparador, al que definió como una inversión a largo plazo: no es una noche aislada, sino la acumulación de hábitos. También recomendó la actividad física moderada, como caminar, para mejorar la circulación linfática y sanguínea.

La alimentación equilibrada es fundamental para la piel; el cuidado facial tópico resulta insuficiente sin buenos hábitos nutricionales. Sin una dieta adecuada, los cambios serán superficiales, advirtió.

Propuso una rutina esencial de tres pasos: limpieza, hidratación y protección solar. “No se necesita una rutina de doce pasos; lo clave es la constancia, no la cantidad de productos”, explicó.

Para la limpieza recomendó un limpiador suave por la noche y evitar el exceso de jabón por la mañana salvo en piel grasa o con acné activo. En hidratación aconsejó fórmulas sencillas y texturas adaptadas al clima y al tipo de piel, y puntualizó que muchos productos que prometen estimular el colágeno no siempre cumplen. Insistió en el uso diario de protector solar de amplio espectro como un hábito básico comparable al cepillado dental.

Prácticas y productos a evitar

Idriss alertó sobre productos que prometen resultados inmediatos y pueden dañar la barrera cutánea. Desaconsejó el uso diario de toallitas desmaquillantes por residuos e irritación, la esponja vegetal por su efecto abrasivo, y las mascarillas con activos incompatibles. Consideró que las tiras para poros ofrecen mejoras temporales y pueden empeorar la textura de la piel. “No hay atajos seguros ni remedios milagrosos”, remarcó.

Recomendó una educación básica sobre ingredientes activos como vitamina C, retinol, ácido hialurónico y niacinamida, y explicó que no siempre son necesarios ni deben usarse indiscriminadamente. Sobre la vitamina C señaló su utilidad para el tono y las manchas, pero la importancia de distinguir entre versiones estables y no estables.

Respecto al retinol propuso la estrategia “bajo y lento”: comenzar con dosis pequeñas y usos espaciados antes que fórmulas agresivas. Sobre el ácido hialurónico aclaró que ya está presente en muchos productos y no siempre requiere añadirlo por separado.

Desmitificó la idea de una “piel sensible” generalizada y diferenció entre sensibilidad verdadera y estados reactivos: solo uno de cada diez casos muestra sensibilidad real; la mayoría son reacciones por inflamación o uso excesivo de productos inadecuados. Aconsejó suspender los productos ante irritación, lavar con agua y, tras unos días, aplicar una hidratante neutra antes de retomar la rutina.

En cuanto al acné, explicó que no es exclusivo de la adolescencia y que existen variantes con distintas causas, como cambios hormonales, renovación celular más lenta o contacto con ciertos productos. Sobre las manchas, especialmente el melasma, recomendó enfoques combinados con productos tópicos y rutinas sostenibles en el tiempo.

Envejecimiento, autoestima y redefinición de la relación con la piel

Idriss señaló que el colágeno disminuye aproximadamente un 1% anual desde finales de los veinte, además de la pérdida de grasa facial y otros cambios estructurales y hormonales. Aclaró que no todo puede resolverse solo con cosmética y que a veces se requieren soluciones distintas.

Diferenció lo que puede tratarse con cosméticos de lo que exige procedimientos médicos. Aconsejó que inyecciones como toxina botulínica o rellenos se realicen con información adecuada y expectativas realistas, priorizando la naturalidad. Indicó que procedimientos como láser o radiofrecuencia son complementos, no sustitutos, de una buena rutina diaria.

También abordó el impacto emocional del envejecimiento e instó a redefinir las expectativas personales. Cerró su intervención en The Mel Robbins Podcast con tres recomendaciones prácticas: simplificar la rutina, eliminar el uso de espejos de aumento y realizar un gesto personal que genere bienestar.

Insistió en que la regularidad y los pequeños pasos dan control y favorecen cambios positivos. Para Idriss, el bienestar de la piel es un proceso de autoconocimiento y construcción de confianza.

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