6 de marzo de 2026
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Joven que revela la tanatopraxia como último acto de amor

El corazón y la respiración cesan, pero el cuerpo no se apaga de inmediato. Primero dejan de funcionar la corteza cerebral y luego los demás órganos. Sin oxígeno, las células más especializadas mueren antes; otras resisten más tiempo consumiendo sus reservas.

Tras el fallecimiento, la sangre se desplaza por gravedad hacia las zonas bajas y la piel adquiere tonos rojizos o azulados. El cuerpo se enfría a razón aproximada de un grado por hora hasta igualar la temperatura ambiente. La deshidratación contrae la piel, los músculos se endurecen y el rostro adopta una expresión fija.

En las horas siguientes la putrefacción se vuelve inevitable: bacterias y enzimas descomponen los tejidos, aparecen manchas verdosas, ampollas, desprendimiento de piel y gases que hinchan el cuerpo.

El arte de maquillar cuerpos

En ese contexto interviene Jesica Onofrio para preparar y presentar el cuerpo en la despedida ante familiares y amigos.

Jesica se dedica a la tanatopraxia desde hace un año y realizó sus primeras intervenciones en febrero de 2025. Dice sentir satisfacción cuando los familiares le agradecen por el aspecto en el que quedó la persona fallecida.

Se formó con cursos y prácticas hasta poder trabajar profesionalmente. Reconoce que su primera experiencia fue impactante, aunque no recuerda todos los detalles.

Además comparte detalles de su trabajo en redes sociales, donde recibe muchas consultas y comentarios. Para ella, la muerte es un tema tabú que despierta curiosidad y que forma parte de la condición humana.

¿Qué es la tanatopraxia?

La tanatopraxia es la técnica de conservación temporal y de embellecimiento de personas fallecidas. Su objetivo es eliminar el gesto de muerte en las facciones y restituir parte del color y la apariencia previos al fallecimiento.

La actividad cobró cierta visibilidad recientemente cuando se supo que la figura pública Oriana Sabatini había estudiado y realizado prácticas relacionadas con la limpieza y maquillaje de cuerpos.

En redes, Sabatini comentó que la muerte siempre le llamó la atención y que le interesa la medicina forense para entender cómo un cuerpo puede aportar información en casos policiales.

Según Jesica, cuando la muerte es natural los cuerpos suelen llegar en condiciones relativamente sencillas. En casos de muertes traumáticas o cuando el cadáver pasó por la morgue judicial, el trabajo requiere intervenciones más profundas para lograr un resultado adecuado.

Jesica realiza sus tareas junto con su amigo Emiliano Lapenna; a veces pasan varias horas trabajando frente a los cuerpos y ello puede resultar muy agotador.

La ceremonia final

Jesica atribuye parte del rechazo hacia su oficio a experiencias malas previas durante ceremonias, como la presencia de fluidos en el cuerpo del difunto.

Al acercarse a un cuerpo, lo primero que percibe suele ser el olor. Si la persona falleció en un hospital puede no haber sido aseada correctamente en los días anteriores; si proviene de la morgue judicial puede requerir un trabajo mayor para eliminar fluidos y dejarlo presentable para la despedida.

Trabaja con guantes y ropa de protección y comienza por la limpieza; una vez finalizado ese paso, el ambiente queda impregnado principalmente por olor a desinfectante.

Los cuerpos suelen llegar muy fríos, una sensación que a Jesica le resultó impactante por la diferencia con la temperatura de una persona viva.

No ha tenido experiencias sobrenaturales: no ha observado movimientos ni ruidos extraños mientras trabaja. Señala que, pese a la cercanía con la muerte, esta actividad no afecta negativamente su vida cotidiana y que no se siente preparada para trabajar en situaciones de agonía en hospitales, lo que considera más complejo.

Hasta ahora no ha intervenido sobre cadáveres de menores; sí ha preparado cuerpos de personas jóvenes, y recuerda casos en los que familiares pidieron vestir al difunto con su ropa preferida, como pantalones ajustados y botas.

En la preparación para la despedida, escucha y atiende los pedidos de familiares y amigos: la elección de la ropa, el perfume preferido y objetos para colocar en las manos, como flores, un anillo o un recuerdo familiar.

Explica que es importante que los allegados entiendan que se trata de la última vez que verán a esa persona y que la presentación final constituye un acto de amor para facilitar el comienzo del duelo.

Los rituales de la muerte

El historiador francés Philippe Ariès estudió la evolución de las actitudes frente a la muerte en Occidente, desde la Edad Media hasta la actualidad. En obras como El hombre ante la muerte y Historia de la muerte en Occidente describe esa transformación.

Ariès distingue, por ejemplo, una “muerte domada” en la Edad Media, cuando el final de la vida se aceptaba en comunidad, de una “muerte invertida” contemporánea, en la que los fallecimientos suelen ocultarse en instituciones y se evita hablar del tema para no perturbar la vida social.

En su trabajo, Jesica se centra en el rostro de la persona fallecida: intenta restituir gesto y color, revertir los cambios iniciales del proceso de descomposición y devolver una expresión de serenidad. Pregunta, por ejemplo, si la barba es habitual o resultado de un descuido durante la internación, para decidir cómo intervenir.

Su mayor satisfacción es que familiares y amigos puedan despedirse y comenzar su duelo. Por eso dedica a cada cuerpo el tiempo necesario para lograr una apariencia de paz en la despedida final.

Cada intervención sigue un mismo procedimiento de limpieza, preparación y atención a las solicitudes de los allegados, desde la elección de la ropa hasta detalles como el perfume o un objeto en las manos. El objetivo es restituir en el rostro y en los gestos algo de la apariencia previa a la muerte y ofrecer un último acto de cuidado que facilite el inicio del duelo.

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