Irán ejecutó a dos hombres el lunes por su pertenencia a un grupo opositor prohibido; organizaciones de derechos humanos los calificaron como presos políticos y advirtieron sobre el riesgo de una oleada de ejecuciones destinadas a intimidar a la población en medio de la guerra en Medio Oriente.
Akbar Daneshvarkar, de 60 años, y Mohammad Taghavi-Sangdehi, de 59, fueron ahorcados al amanecer en la prisión de Ghezel Hesar, en Karaj (periferia de Teherán), por ser miembros de la organización proscrita Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK).
Según la web Mizan Online del poder judicial, las ejecuciones se realizaron “tras la confirmación y aprobación final de la sentencia por el Tribunal Supremo”.
El MEK se opuso al régimen del sha y en un principio apoyó la revolución islámica de 1979; hoy opera desde el exilio y las autoridades iraníes lo consideran una organización terrorista.
El ala política del grupo, el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (NCRI), confirmó en un comunicado que los dos hombres eran miembros del MEK.
Maryam Rajavi, líder del movimiento, afirmó que el régimen clerical, “por miedo al levantamiento del pueblo, intenta retrasar la explosión de la ira popular ejecutando a los más valientes de Irán”.
Activistas temen una nueva serie de ejecuciones mientras las autoridades buscan sembrar temor en la sociedad en el contexto del conflicto con Israel y la tensión con Estados Unidos.
Amnistía Internacional calificó las ejecuciones de arbitrarias y señaló que ambos hombres sufrieron “torturas y otros malos tratos en detención” y que no se les permitió despedirse de sus familias.
Maquinaria de ejecución despiadada
Amnistía agregó que, incluso en medio de bombardeos aéreos, las autoridades siguen empleando la pena de muerte como herramienta para reprimir a los disidentes y consolidar su control.
Mahmood Amiry-Moghaddam, director de Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, expresó su temor de que la República Islámica aproveche las condiciones de guerra para efectuar ejecuciones masivas en prisiones con el fin de infundir miedo social.
IHR consideró que los dos hombres eran presos políticos sometidos a tortura física y psicológica, privados de un debido proceso y condenados en juicios que no cumplieron con los estándares mínimos de justicia.
El grupo advirtió además que otros cuatro coacusados en el mismo caso enfrentan un “riesgo grave e inminente de ejecución” en la prisión de Ghezel Hesar.
Shadi Sadr, cofundadora de la ONG Justice for Iran, señaló que la población iraní se encuentra “atrapada entre una guerra internacional y una severa represión interna”.
La agencia Mizan indicó que los dos ejecutados fueron acusados de participar en “actos terroristas”, de intentar derrocar a la república islámica y de alterar la seguridad nacional.
Según el NCRI, el MEK habría llevado a cabo acciones dentro de Irán dirigidas contra las autoridades clericales.
El 19 de marzo, Irán ejecutó a tres hombres acusados de matar a policías durante las protestas de enero, los primeros ahorcamientos relacionados con esas manifestaciones que enfrentaron una dura represión.
Ese mismo mes también fue ejecutado Kouroush Keyvani, con doble nacionalidad iraní-sueca, acusado de espionaje a favor de Israel, lo que motivó condenas de Estocolmo y de la Unión Europea.
Organizaciones de derechos humanos sitúan a Irán como el segundo país que más ejecuta, después de China; según IHR, el año pasado se registraron al menos 1.500 ahorcamientos en el país.
(Con información de AFP)



