Un estudio publicado en Science Advances mostró que las olas de calor marinas están aumentando el daño causado por huracanes y ciclones tropicales a nivel global, al elevar la probabilidad de que esas tormentas se intensifiquen de forma rápida antes de tocar tierra, lo que representa un reto mayor para las zonas costeras en las próximas décadas.
El análisis abarcó 1.600 ciclones tropicales que tocaron tierra desde 1981. Según los autores, los eventos que atravesaron áreas oceánicas anómalamente cálidas tuvieron un 60% más de probabilidad de ocasionar daños por al menos 1.000 millones de dólares (ajustados por inflación) en las regiones afectadas.
La NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica) define las olas de calor marinas como periodos en que la temperatura del océano se mantiene anormalmente alta, con efectos significativos en ecosistemas marinos y en comunidades y economías costeras. El Laboratorio de Ciencias Físicas (PSL) estudia su formación, duración y predicción, y ofrece mapas, pronósticos, herramientas interactivas y resultados de investigaciones, además de enlaces a otras instituciones especializadas.
Los datos aportados por Gregory Foltz, coautor y oceanógrafo de la NOAA, clarifican la relación entre las olas de calor y la intensificación de las tormentas.
Foltz afirmó que “estas olas de calor marinas afectan a más de la mitad de los ciclones tropicales que llegan a tierra” y que suelen presentarse “con mayor frecuencia cerca de la costa”, por lo que consideró necesario advertir sobre el aumento del potencial destructivo cuando una tormenta cruza estas aguas.
Investigaciones previas ya vinculaban el agua cálida con la alimentación y el fortalecimiento de ciclones tropicales; este estudio aporta evidencia cuantitativa reciente. Soheil Radfar, autor principal y especialista en modelos de riesgo de huracanes en la Universidad de Princeton, indicó que el aumento de severidad observado no puede atribuirse al desarrollo costero.
Para respaldar esa conclusión, los autores compararon tormentas que pasaron sobre olas de calor marinas y afectaron zonas urbanizadas con otras que tocaron áreas igualmente urbanizadas pero sin atravesar aguas inusualmente cálidas, explicó Radfar.
Radfar advirtió que la intensificación rápida de huracanes supone “un verdadero desafío para el medio ambiente costero en las próximas cuatro décadas” y anticipó como consecuencia un incremento de “desastres multimillonarios” relacionados con este proceso.
Huracanes recientes como ejemplos de amplificación destructiva
El estudio cita casos recientes que ilustran el fenómeno. En 2023, el huracán Otis pasó de tormenta tropical a huracán categoría 5 en apenas 24 horas tras atravesar aguas excepcionalmente cálidas antes de impactar cerca de Acapulco, México.
Según los investigadores, Otis provocó daños por unos 16.000 millones de dólares y causó 52 muertes, con vientos registrados de 265 km/h (165 mph).
Hamed Moftakhari, coautor y profesor de ingeniería costera en la Universidad de Alabama, señaló que la secuencia de los huracanes Helene y Milton en la costa oeste de Florida muestra la rapidez con que pueden ocurrir eventos consecutivos. Moftakhari afirmó que “si el océano se calienta, se crean las condiciones para intensificar ciclones tropicales, incluso en cadena”, lo que permite que “dos huracanes que se intensificaron rápidamente puedan tocar tierra en pocas semanas”.
Estos casos refuerzan la advertencia de los científicos sobre la posibilidad de que múltiples ciclones extremadamente dañinos afecten regiones costeras en periodos breves, agravando riesgos económicos, sociales y ambientales.
Consecuencias y respuestas
Moftakhari subrayó las implicaciones para la ingeniería costera y la gestión del riesgo: los gobiernos deberán replantear la planificación, el diseño y la respuesta ante peligros de esta magnitud. En particular, la planificación de evacuaciones debe contemplar la posibilidad de una intensificación súbita en zonas con olas de calor marinas, lo que justificaría activar alertas y mecanismos de control con mayor anticipación.
En infraestructura, Moftakhari propuso actualizar diseños de protección contra inundaciones, sistemas de drenaje y diques para adaptarlos a la nueva realidad de tormentas más intensas. Revisar y modernizar estos sistemas es esencial para evitar daños catastróficos en un contexto donde las condiciones oceánicas extremas pueden cambiar el riesgo en cuestión de horas.
El estudio responde a la pregunta central: las olas de calor marinas están impulsando una intensificación más rápida de huracanes y ciclones tropicales, aumentando significativamente los daños materiales y humanos cuando tocan tierra. Este fenómeno, potenciado por el cambio climático y el calentamiento de los océanos, exige que autoridades y comunidades costeras adapten sus estrategias de gestión, evacuación y diseño de infraestructuras para enfrentar tormentas potencialmente más destructivas.
Expertos externos validaron la solidez de las conclusiones. El profesor Brian Tang, de la Universidad de Albany, afirmó que “el cambio climático está provocando olas de calor marinas más intensas y de mayor duración” y que “los ciclones tropicales obtienen energía y generan fuertes lluvias mediante la evaporación de las aguas oceánicas cálidas”. Tang consideró “razonable pensar que las olas de calor marinas intensifican los huracanes, siempre que otras condiciones ambientales sean favorables” y advirtió que las probabilidades favorecen un aumento del riesgo.
El consenso científico sobre la relación entre aguas cálidas y actividad ciclónica se ve reforzado por estos datos recientes, lo que añade certeza sobre la necesidad de incorporar estas variables en la planificación futura.
Intensificación de las olas de calor: causas, frecuencia y nuevos desafíos
Las olas de calor marinas han aumentado en frecuencia y extensión debido al calentamiento global. El estudio indica que ya afectan a más de la mitad de los ciclones tropicales que tocan tierra. Foltz recalcó que ahora “se producen más cerca de la costa y con mayor frecuencia”, lo que eleva los riesgos para asentamientos y ecosistemas costeros.
Los investigadores proyectan que el peligro asociado a estas olas seguirá creciendo en las próximas décadas. Radfar anticipó que ello representará “un verdadero desafío para el medio ambiente costero” y que los costes económicos y sociales de los desastres aumentarán en relación con la temperatura del océano.
Para responder, las autoridades y planificadores deberán intensificar el monitoreo de la temperatura oceánica e incorporarla en los pronósticos de ciclones, además de actualizar políticas de evacuación y obras de defensa costera. Estas medidas serán fundamentales para enfrentar un escenario de riesgo en constante aumento.



