Con su característico humor y entre risas en el estudio de Otro Día Perdido (Eltrece), Mario Pergolini recordó una anécdota incómoda que le dejó más vergüenza que orgullo: el encuentro con el pianista y compositor Mariano Mores que terminó en una escena memorable para él.
Contó que, en su juventud, intentó aprender piano y que entre las piezas que practicó estaba el tango, porque le daba otro ritmo. Entre sus intentos amateurs se encontraba “Uno”, una de las obras más conocidas de Mores.
Según relató, coincidieron una vez en un teatro durante un ensayo; el maestro estaba allí con una orquesta que Pergolini describió como impresionante. A pesar de la situación, decidió acercarse.
Se presentó y le dijo a Mores que él tocaba “Uno”. El compositor le respondió que lo tocara, se corrió del piano y dejó el instrumento para que lo hiciera frente a la orquesta.
Pergolini se sentó y comenzó a tocar, pero la interpretación duró apenas unos compases; él mismo la describió como muy breve y elemental.
Enseguida, Mores lo interrumpió y le dijo que no estaba interpretando bien la pieza, un comentario directo que provocó las risas en el estudio. La crítica fue clara: consideró que su ejecución no era adecuada para la composición.
El desconcierto fue inmediato. Una tercera persona intervino para explicar la situación y evitar que el momento se agravara; finalmente, lo acompañaron fuera del lugar mientras el maestro comentaba lo sucedido con los presentes.
Mientras se retiraba, Pergolini recordó haber escuchado comentarios despectivos sobre su intento de tocar la pieza, algo que rememoró con tono humorístico.
También contó otra experiencia en un shopping de Estados Unidos, donde había un cartel que indicaba que solo quienes supieran tocar podían sentarse al piano. Allí un hombre le señaló el aviso para hacerle notar que no cumplía el requisito.
Ambas historias evidenciaron un patrón que él reconoció con ironía: dejó de tocar el piano después de esas experiencias y bromeó diciendo que, en exageración, llegó a prender fuego el instrumento en su casa.
Más allá del tono relajado del relato, la anécdota pone en relieve la relevancia simbólica de figuras como Mariano Mores en la música argentina. Pergolini admitió que, cada vez que lo ve, siente cierta vergüenza por aquel encuentro.



