19 de abril de 2026
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Actividad mental reduce 38% riesgo de Alzheimer

Un estudio encabezado por la Academia Estadounidense de Neurología concluyó que la estimulación intelectual continua —como leer, escribir o aprender nuevas habilidades— está asociada con un menor riesgo de desarrollar Alzheimer y con un retraso en la aparición de sus síntomas. La investigación siguió a 1.939 adultos mayores de 80 años sin signos iniciales de demencia durante ocho años para examinar la relación entre la actividad cognitiva a lo largo de la vida y la salud cerebral en edades avanzadas.

Según informó recientemente Neurology, quienes mantuvieron niveles altos de enriquecimiento cognitivo a lo largo de su vida desarrollaron la enfermedad de Alzheimer, en promedio, cinco años más tarde que quienes tuvieron menor estimulación intelectual. Además, el inicio del deterioro cognitivo leve se retrasó, en promedio, siete años en el grupo con mayor actividad mental.

Los datos indican que el acceso a libros, el aprendizaje de idiomas, la lectura frecuente y la participación en actividades culturales desde la infancia se asociaron con un menor riesgo de declive cognitivo. Andrea Zammit, neuróloga principal del estudio, señaló que el análisis consideró experiencias intelectuales desde la niñez hasta la vejez, incluyendo el uso habitual de diccionarios, visitas a museos y la suscripción a revistas o bibliotecas en la adultez.

El aprendizaje a lo largo de la vida y su efecto en la aparición del Alzheimer

El equipo del Centro Médico de la Universidad Rush en Chicago calculó puntuaciones de enriquecimiento cognitivo para cada participante, evaluando su actividad intelectual en tres etapas: infancia, mediana edad y vejez. El estudio encontró que el 21 % de los adultos con mayor actividad intelectual desarrolló Alzheimer, frente al 34 % entre quienes presentaron menor estimulación.

Los investigadores reportaron que el enriquecimiento cognitivo en la edad avanzada se asoció con un 38 % menos de riesgo de Alzheimer y un 36 % menos de riesgo de deterioro cognitivo leve. Estos resultados se mantuvieron después de ajustar por factores como edad, sexo y nivel educativo, variables que también influyen en la probabilidad de enfermedades neurodegenerativas.

La diferencia en la edad de aparición de la enfermedad fue notable: las personas con niveles más altos de actividad intelectual presentaron síntomas de Alzheimer a los 94 años en promedio, mientras que en el grupo con menor enriquecimiento la edad media de diagnóstico fue de 88 años. En cuanto al deterioro cognitivo leve, la aparición se registró, en promedio, a los 85 años en el grupo más estimulado y a los 78 años en el grupo con menor enriquecimiento.

Recursos culturales y su relación con la salud cerebral

El análisis evaluó los recursos a los que los participantes tuvieron acceso a lo largo de su vida. Según el informe, el disponer de libros, periódicos y acceso a bibliotecas o museos desde la infancia se relacionó con una mayor protección frente al deterioro cognitivo. Los autores sostienen que la estimulación continua, incluso en edades avanzadas, ayuda a conservar la memoria y las habilidades de razonamiento.

En un subgrupo de participantes fallecidos durante el seguimiento que fueron sometidos a autopsia, se observó una mejor conservación de la memoria y el razonamiento, así como una progresión más lenta del deterioro en comparación con otros individuos. Estos efectos persistieron incluso tras considerar marcadores cerebrales tempranos del Alzheimer, como la acumulación de amiloide y tau.

Neurology destacó que las inversiones públicas en bibliotecas, programas de educación infantil y actividades culturales podrían contribuir a disminuir la incidencia de la demencia. Según Andrea Zammit, neuróloga principal del estudio, “una vida de aprendizaje puede favorecer el mantenimiento de la cognición”.

Limitaciones del estudio y orientación de los expertos

Los autores reconocieron limitaciones, entre ellas que muchos participantes recordaron y registraron sus actividades juveniles y de mediana edad en etapas posteriores de la vida, lo que podría introducir errores en los datos. Los expertos subrayan que los resultados muestran una asociación, pero no prueban de forma definitiva que el aprendizaje impida el Alzheimer.

El estudio contó con apoyo de los Institutos Nacionales de Salud y del exmiembro de la Junta de Gobernadores de la Universidad Rush, Michael Urbut. Los autores recomiendan ampliar políticas públicas que faciliten el acceso a recursos educativos y culturales desde la infancia y a lo largo de la vida como estrategia preventiva ante las enfermedades neurodegenerativas.

En resumen, la investigación sugiere que el enriquecimiento cognitivo sostenido durante toda la vida se asocia con mayor protección cerebral, menor riesgo de Alzheimer y un retraso en la aparición de sus síntomas, incluso en la vejez avanzada.

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