Luz tenue, cámara al living y la cortina musical del programa: así reapareció Yiya Murano en la televisión argentina tras salir de la cárcel. Con grandes anteojos, peinado y pañuelo, se mostró cómoda ante las cámaras y supo convertir su pasado criminal en un personaje público repetido en los ciclos de los años 90 y 2000.
Hechos y condena
En 1979, Yiya Murano fue involucrada en las muertes de tres mujeres: Nilda Gamba, Lelia Formisano de Ayala y Carmen Zulema del Giorgio Venturini. Fue condenada a prisión perpetua por haberlas envenenado con cianuro en un lapso de febrero a marzo de ese año. El móvil señalado por la justicia fue económico: Murano habría estafado a las víctimas mediante un esquema piramidal, prometiéndoles ganancias por reinversiones y quedándose con su dinero; cuando la estafa dejó de sostenerse, las mujeres murieron tras consumir el té y los alimentos que ella les ofrecía.
Pena y libertad
Cumplió 16 años de prisión y, en 1995, obtuvo una reducción de pena que le permitió salir en libertad condicional tras una medida del entonces presidente Carlos Menem. Desde su salida intentó instalar la narrativa de su inocencia, sosteniéndola públicamente en entrevistas y programas de televisión.
Presencia en los medios
Tras su liberación se presentó en distintos ciclos —entre ellos, programas conducidos por Chiche Gelblung, Mauro Viale, Moria Casán y Mirtha Legrand— donde repetía su versión de no haber cometido los crímenes. Su aparición en la mesa de Mirtha Legrand, en particular, quedó asociada a una anécdota en la que la conductora aceptó probar una masa que Murano había llevado al estudio. Con el tiempo, Murano pasó de ser entrevistada a convertirse en un personaje estable de la televisión: llegó a tener su propia sección de consejos y fue tratada por algunos medios casi como figura de entretenimiento, pese a los hechos judiciales en su contra.
Reacciones y memoria pública
Periodistas y quienes la conocieron la describieron como una mujer magnética, manipuladora y teatral; algunos señalaron que Murano terminó creyéndose su propio personaje. Mientras tanto, su hijo Martín Murano, que publicó en 1994 el libro Yiya Murano, mi madre, contó detalles de una infancia difícil y aseguró haber sido testigo de malos tratos y confesiones de su madre. Él mantuvo una postura crítica y compleja frente a la figura de Yiya, aunque en ocasiones participó de actos públicos junto a ella.
Consecuencias y últimos años
A pesar de sus afirmaciones de inocencia, el registro judicial la consigna como responsable de las muertes. Con el paso del tiempo fue perdiendo su visibilidad como figura mediática: hacia el final de su vida sufrió deterioro de la memoria y quedó internada en un geriátrico en Belgrano. Su caso ha sido objeto de documentales y análisis que exploran tanto los crímenes como la transformación de la acusada en un personaje de la cultura popular argentina.
Contexto y legado
El caso de Yiya Murano combina elementos judiciales —convicción por envenenamiento y motivación económica— con la transformación de una condenada en un fenómeno televisivo: su presencia en programas de entretenimiento y la ambivalencia pública entre repudio, morbo y fascinación convirtieron la historia en una referencia de la interacción entre crónica policial y medios.

