Mientras gran parte de la atención pública se dirige a la reina Máxima y al futuro de la monarquía neerlandesa, su hija la princesa Alexia mantiene un perfil mucho más reservado. A los 20 años, combina sus estudios en University College London —donde cursa Ciencias e Ingeniería para el Cambio Social— con una vida social activa en Londres, aunque pasa desapercibida con frecuencia.
Alexia volvió a llamar la atención tras aparecer en la sesión fotográfica oficial de la Casa Real, donde mostró una actitud espontánea y relajada. Sin embargo, esa imagen pública contrasta con las medidas que adopta para proteger su privacidad fuera de actos oficiales. Según informaciones de medios europeos, entre sus estrategias figuran el uso de nombres alternativos al hacer reservas o al figurar en listas de invitados, y recurrir a identidades distintas en situaciones personales sensibles, como cuando sufrió una lesión.
Otra de sus tácticas es elegir con cuidado los lugares que frecuenta: clubes privados y espacios con normas estrictas sobre fotografía y uso de móviles. Entre los establecimientos mencionados están Oswald’s, Soho House y The House of KOKO, conocidos por su acceso restringido y por políticas que limitan la toma de imágenes y la difusión de lo que ocurre en su interior. Gracias a estas precauciones —nombres ficticios, ambientes cerrados y reglas que protegen la intimidad— Alexia logra disfrutar de salidas sociales sin atraer la atención mediática que suele acompañar a la realeza.

