4 de junio de 2026
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Investigan red transnacional de gestación subrogada desde China por explotación de gestantes

Na viajó desde Tailandia a Georgia con la oferta de gestar para una pareja extranjera; al retractarse, le exigieron donar óvulos o pagar para poder regresar. Su caso evidencia redes transnacionales opacas en el negocio de la fertilidad.

Buscando empleo en Facebook, esta mujer tailandesa de unos treinta años encontró una oferta para gestar en Tiflis que prometía 400.000 bat (11.600 dólares) tras el parto y una asignación mensual de alrededor de 30.000 bat (900 dólares).

“Me dijeron que una familia extranjera quería tener un hijo y necesitaba una gestante”, relata Na –nombre ficticio– en entrevista con EFE.

Aceptó sin saber que el intermediario tailandés trabajaría, según testimonios, para BabyCome, una empresa china acusada de captar mujeres para la subrogación en Georgia en condiciones coercitivas.

Tras regresar a Tailandia a principios de 2025, Na denunció su caso ante la Fundación Pavena —que apoya a mujeres y niños— con el objetivo de ayudar a otras mujeres atrapadas en Tiflis; esa denuncia impulsó una operación de Interpol e investigaciones vinculadas a BabyCome.

Bangkok-Tiflis

Na viajó unos 6.000 kilómetros con escalas en Dubái y Armenia hasta Georgia, que se ha convertido en un destino creciente para la subrogación por el debilitamiento del sector en Ucrania a causa de la guerra y por las restricciones impuestas en anteriores centros de subrogación como Tailandia, India y Camboya.

Una empleada anónima de una clínica de fertilidad en Georgia confirma a EFE que en los últimos años ha aumentado la llegada de mujeres extranjeras para gestar, especialmente desde Uzbekistán, Kazajistán, Armenia y Tailandia.

“Georgia —que permite la subrogación solo a parejas heterosexuales— es un país pequeño y no hay tantas mujeres georgianas para satisfacer la demanda”, explica.

Hace una década Tailandia fue uno de los principales destinos mundiales para la subrogación, pero tras varios escándalos —incluido el abandono de un bebé con síndrome de Down— Bangkok prohibió la subrogación para extranjeros en 2015. Aunque ahora considera reintroducir la práctica, muchas mujeres siguen saliendo del país para gestar en el extranjero.

Subrogación transnacional

“Cuando llegué (a Tiflis), descubrí que había muchas mujeres tailandesas, unas cien. No había padres intencionales —quienes contratan la subrogación— como me habían dicho, solo un grupo de chinos” que controlaba la operación, relata Na desde las oficinas de la Fundación Pavena.

Describe un complejo donde decenas de mujeres recibían inyecciones hormonales, eran sometidas a múltiples intentos de implantación embrionaria y, según su testimonio, eran amenazadas con amputaciones si intentaban marcharse.

Alarmada, quiso volver a Tailandia, pero la red —presumiblemente BabyCome— le confiscó el pasaporte y le impuso elegir entre entregar óvulos o pagar 70.000 bat (2.140 dólares) para poder irse.

BabyCome está siendo investigada en Tailandia por la División de Tráfico de Personas del Ministerio de Justicia, según confirmó el organismo a EFE.

La organización aparece en sitios web vinculada a dos empresas: Chongqing Zhouyu Health Management Consulting, una consultora china de servicios médicos en el extranjero, e IHMED, un centro de fertilidad de Taiwán.

Alternativas “baratas”

La abogada española Ana Miramontes, experta en subrogación y adopción, afirma a EFE que trasladar a mujeres de un país a otro para gestar es una manera ilegítima de ofrecer “alternativas más baratas”.

Las familias que recurren a la subrogación en Georgia suelen pagar alrededor de 80.000 dólares, incluidos gastos y compensación para la gestante, frente a los aproximadamente 150.000 dólares que puede costar el proceso en Estados Unidos, donde también está regulado para parejas homosexuales.

Si las mujeres deciden no seguir adelante, redes como BabyCome intentan recuperar la inversión realizada, incluso cobrando por el billete de avión que pagaron, explica Miramontes.

Según Pavena, las gestantes captadas suelen ser madres desempleadas de entre 30 y 40 años.

Rescate con Interpol

Na terminó pagando a la red con dinero prestado y ahorros destinados a su hijo y logró regresar a Tailandia. Desde allí, la Fundación Pavena coordinó con Interpol una operación que permitió que tres mujeres tailandesas salieran de Tiflis en 2025, aunque muchas otras permanecen allí.

“Querían volver a casa, igual que Na, porque las condiciones eran completamente diferentes a lo prometido”, afirma Pavena Hongsakul, fundadora de la ONG.

Hongsakul, exministra de Desarrollo Social de Tailandia, plantea preguntas sobre el destino de los bebés y los óvulos: “¿Para qué quieren a estos bebés? ¿A dónde irán tras nacer? ¿Estarán seguros en la familia en la que terminen? ¿Sufrirán abusos, daños físicos o agresiones sexuales en el futuro? ¿Y los óvulos, para qué son?”

(Con información de EFE)

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