2 de julio de 2026
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La memorización pierde valor frente al pensamiento crítico

Martín Varsavsky, empresario y referente del sector tecnológico argentino, es padre de siete hijos y reflexiona sobre la educación que deberían recibir. Más que los contenidos concretos, le preocupa si las formas tradicionales de enseñanza siguen siendo adecuadas en un contexto dominado por la inteligencia artificial. Este planteo lo expresó en una publicación en su cuenta de X que tuvo amplia difusión.

Varsavsky sostiene que memorizar información que un modelo de IA ya maneja pierde valor. Señala que herramientas como Khanmigo, el tutor con IA de Khan Academy, ofrecen a cada alumno algo que antes estaba al alcance principalmente de los más pudientes: un profesor particular paciente disponible las 24 horas. Por eso, dice, el valor de las personas residirá en formular buenas preguntas, comprender problemas reales, crear y colaborar. Empresas como IBM y Google, según él, priorizan hoy habilidades concretas por sobre el título en la pared. La educación futura premiará la curiosidad y el criterio más que el diploma; los padres que comprendan esto temprano podrán dar a sus hijos una ventaja, con o sin el apoyo del sistema educativo.

La publicación abrió un debate inmediato y Varsavsky respondió con matices a varios interlocutores. La cuestión que plantea —qué debe aprender una persona cuando la IA domina mejor que un estudiante el conocimiento declarativo— es cada vez más discutida en despachos ejecutivos, aulas universitarias y ministerios.

El Informe Global de Habilidades 2025 de Coursera, que agrupa a más de 170 millones de estudiantes, muestra que el pensamiento crítico escaló hasta convertirse en la habilidad más demandada en el tercer trimestre de ese año, desplazando por primera vez a competencias técnicas. Los cursos sobre inteligencia artificial generativa crecieron un 195% interanual. La plataforma registra más de 15 millones de matriculaciones en certificados profesionales de nivel inicial y el 96% de los empleadores consultados los considera una señal válida para contratar.

Lo que Varsavsky describió como una ventaja reservada antes a los ricos ya tiene respaldo empírico. Khanmigo, el tutor con IA de Khan Academy basado en GPT-4, pasó de 40.000 a más de 700.000 usuarios entre los ciclos 2023–2024 y 2024–2025, y se expandió de 45 a más de 380 distritos escolares en Estados Unidos, según declaró Kristen DiCerbo, directora de aprendizaje de Khan Academy, a la revista Education Week.

Una joven universitaria de la Generación Z trabaja en una cafetería moderna, utilizando su laptop para interactuar con un chatbot de inteligencia artificial y su tableta para apuntes digitales, rodeada de un ambiente tecnológico con iluminación natural
(Imagen Ilustrativa Infobae)

DiCerbo calificó ese crecimiento como el mayor salto de adopción que había observado en sus veinte años en tecnología educativa. Explicó que el sistema no entrega respuestas directas, sino que guía al estudiante mediante preguntas en clave socrática, fomentando el pensamiento activo en lugar de la recepción pasiva de información. Eso refuerza la idea de Varsavsky sobre las habilidades que la IA no reemplaza, sino que exige.

Las decisiones en las grandes empresas

Varsavsky afirma que empresas como IBM y Google priorizan habilidades reales por sobre el título. IBM, por ejemplo, ya no exige título universitario para la mitad de sus puestos en Estados Unidos y lanzó programas de aprendices en áreas como ciberseguridad y análisis de datos. Google utiliza sus propios certificados profesionales como vía de acceso al empleo, y más de 150 empresas externas los reconocen como equivalentes para puestos de entrada. Un informe de Forbes de marzo de 2025 señaló que el 81% de las compañías estadounidenses aplicaba criterios de contratación basados en competencias, frente al 57% de hace tres años.

Al ser cuestionado en el hilo sobre la persistencia de los títulos como filtro en las tecnológicas, Varsavsky respondió: “El título abre la puerta. La capacidad decide si te quedás”. Con esta aclaración, el debate se traslada de la desaparición del diploma a si mantiene el mismo peso como señal de competencia frente a alternativas verificables.

Queda, sin embargo, la pregunta sobre los márgenes de acceso: quiénes pueden realmente aprovechar estas herramientas y en qué condiciones. Un tutor de IA disponible las 24 horas puede reducir la brecha en orientación académica, pero no elimina las limitaciones materiales que determinan si un estudiante dispone de un dispositivo y un entorno adecuados para aprovecharlo.

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