3 de julio de 2026
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Ucrania lanza Drone Deal para vender drones a países aliados

Ucrania puso en marcha una iniciativa para impulsar la exportación de drones y armamento tras aprobar un marco regulatorio que permite a los fabricantes nacionales vender en el exterior, mientras intensificaba operaciones con drones de largo alcance contra objetivos militares y económicos en territorio ruso.

La creación de un mecanismo de exportación buscó transformar la experiencia acumulada en el frente en una ventaja comercial y estratégica, superando trabas burocráticas que hasta entonces limitaban las ventas internacionales.

Bajo el programa llamado “Drone Deal”, las empresas ucranianas pudieron vender sus productos a países con acuerdos intergubernamentales específicos, con la condición de reinvertir entre el 20% y el 30% de los ingresos por exportaciones en el fortalecimiento de la industria de defensa nacional.

El anuncio incluyó la primera venta oficial de 2.000 drones a Estados Unidos por parte de la empresa F-Drones, lo que generó una respuesta positiva en el sector, que considera la apertura de mercados como una oportunidad para aumentar la capacidad productiva y acelerar la I+D. Los contratos también exigieron respeto a la propiedad intelectual y revisión de posteriores transferencias tecnológicas a terceros países.

El gobierno mantuvo limitaciones sobre la venta de sistemas considerados críticos para la defensa y fijó un plazo máximo de 30 días para la revisión de solicitudes de exportación. Más de 20 países manifestaron interés en el programa y seis firmaron los primeros acuerdos, con vigencia de diez años y previsiones de cooperación militar más amplia.

El protagonismo de Ucrania en la llamada guerra tecnológica se apoyó en drones y sistemas antidrones probados en condiciones reales de combate y mejorados continuamente con la experiencia del frente.

La industria local, compuesta por cientos de empresas, suministró más del 50% del material empleado por las fuerzas ucranianas, aunque su expansión dependió de financiación adicional y de la apertura de nuevos mercados internacionales.

Paralelamente al impulso exportador, las fuerzas ucranianas incrementaron el uso de drones en ataques de largo alcance contra infraestructuras clave en Rusia, como refinerías, oleoductos, depósitos de combustible, bases militares y sistemas de defensa aérea.

Estas operaciones, recurrentes desde comienzos de 2026, tuvieron como objetivo reducir la capacidad de Moscú para financiar la guerra y afectar la situación en el campo de batalla, donde la línea de control rusa retrocedió y las bajas superaron la velocidad de reclutamiento.

Operadores ucranianos de drones, actuando con estrictas normas de seguridad y anonimato, participaron en ataques contra ciudades y regiones como Moscú, San Petersburgo y Crimea, mientras la defensa rusa mostró dificultades crecientes para neutralizar los nuevos sistemas autónomos desplegados por Ucrania.

Las misiones de largo alcance, realizadas de forma encubierta y con protocolos de comunicaciones rigurosos, buscaban trasladar parte del costo militar y económico al territorio ruso y obligar a Moscú a destinar recursos a la protección de su infraestructura.

El avance tecnológico, incluido el desarrollo de drones como el Hornet —capaz de identificar y atacar objetivos sin depender de conexión satelital—, reforzó la estrategia ucraniana de desgaste y defensa en profundidad, basada en la saturación con drones, bombardeos y fortificaciones a lo largo de la línea de contacto.

Este conjunto de medidas combinó iniciativas industriales y operaciones militares para consolidar capacidades y recursos orientados tanto a la defensa nacional como a la proyección internacional del sector de defensa ucraniano.

(Con información de EFE)

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