Una fuerte explosión abrió el carro de combate T72 como si fuera una lata. La torreta quedó a unos diez metros. Oleksi Yúkov recorrió el blindado en busca de indicios y pronto encontró restos de ropa militar desgarrada. «Son restos de uniformes rusos», comentó. Alrededor, la primavera había llenado el campo de flores y el aire de insectos. Ese día en la aldea destruida de Dolyna, bajo un sol intenso, el trabajo consistía en localizar posibles restos humanos y extraerlos para su análisis, con el fin de informar a las familias sobre el destino final de sus seres queridos y permitirles darles sepultura, fueran ucranianos o rusos.
En 2024, ante este reportero, el equipo de Yúkov y los voluntarios de la Asociación de Investigadores del Patrimonio Histórico Militar Platzdarm excavan el interior del blindado hasta encontrar evidencias. Al retirar capas de tierra apareció un olor fuerte y desagradable. «La humedad ha conservado estos restos. La muerte se percibe», dijo Yúkov. Explicó que la explosión aplastó al conductor contra el suelo y que parte de su cuerpo quedó fusionada con el acero fundido, aunque todavía conservaban restos de tejido y huesos faciales. También hallaron lo que podría ser la anilla de una granada: «Es posible que alguien introdujera una granada por la escotilla y sorprendiera a la tripulación».
Yúkov junto a los restos de un soldado ruso. FOTO: ALBERTO ROJAS
Este arqueólogo de 40 años, encargado de recuperar y entregar cientos de cuerpos a sus familias, tanto rusas como ucranianas, falleció la semana pasada al pisar una mina en una zona cercana al frente del Donbás, área donde habitualmente trabajaba.
Experto en anatomía
Investigador y especialista en anatomía humana —capaz de identificar fragmentos óseos mínimos—, Yúkov nació en Sloviansk, el lugar donde estalló el conflicto de 2014 entre Ucrania y las milicias prorrusas. Antes de la guerra actual se dedicaba a localizar e identificar restos de soldados alemanes y soviéticos de la Segunda Guerra Mundial. Narraba, por ejemplo, cómo a veces era posible diferenciar restos por el estado de la dentadura: los soldados alemanes solían presentar mejor cuidado dental que los soviéticos. Mientras seguía trabajando sobre el blindado, retiró la funda de una pistola y una hebilla de cinturón. «Minas aisladas, bombardeos, drones: todo conspira en contra, pero vas y haces lo posible para que cada persona regrese a casa», afirmaba.
Los datos sobre los fallecidos rusos se remitían al Ministerio de Defensa de Rusia para la confirmación por ADN. Esa cooperación ha sido uno de los pocos canales que han permanecido abiertos entre las autoridades rusas y ucranianas durante la invasión.
El domingo pasado, Ucrania celebró un oficio ortodoxo en la catedral de San Volodimir en Kiev, donde miles de personas se reunieron para rendir homenaje a Oleksi Yúkov, una figura conocida y respetada, apodado «el recolector de almas».
“Difícil y aterrador”
Cientos de personas se congregaron también en la plaza Maidán de Kiev y se arrodillaron en señal de respeto mientras trasladaban su féretro. Se realizaron ceremonias conmemorativas en otras ciudades.
La viuda de Yúkov, Evgenyia Kaluhyna, se comprometió a continuar la labor junto al féretro abierto de su esposo. «El trabajo era difícil y aterrador», dijo. «Pero lo seguiremos porque los muertos lo merecen y ustedes lo merecen por todo lo que hicieron». En declaraciones a The Associated Press, su hija Diana Kaluhyna destacó que «el amor y la bondad» con que atendía a las familias en duelo conmovieron al país. «Honró a los muertos y ayudó a sanar a los vivos», afirmó.
Yúkov, que también practicaba artes marciales, había sufrido lesiones en las piernas y perdió un ojo en 2022 tras la explosión de otra mina, pero esas heridas no le impidieron volver al frente para seguir recuperando cuerpos.


