Se anima a escritores, ilustradores, editores, libreros, promotores, creadores de contenido y a las instituciones del sector a regalar libros en las fiestas.
Las recomendaciones que siguen están pensadas para niñas y niños de distintas edades y gustos: autores clásicos y contemporáneos; libros ilustrados, para primera infancia, relatos con humor e informativos.
Las fiestas son una oportunidad ideal para ofrecer a las niñas y los niños experiencias alejadas de las pantallas y abrirles el acceso a otros universos mediante la lectura.
Para empezar a sacudir la modorra
En las listas de sugerencias, los libros “para pensar” —informativos y fábulas que suscitan preguntas— suelen quedar al final. Aquí proponemos comenzar por ellos. En este bloque hay una trampa amable: solo uno es estrictamente informativo; los otros dos funcionan como puertas para iniciar conversaciones en la sobremesa, en viajes o antes de dormir.
En este hemisferio llegó el verano, y con él cambios visibles: el calor, la presencia de mosquitos y días más largos, entre otros signos.
En Ciencia para pasar el verano (Iamiqué), Valeria Edelsztein, con ilustraciones de Javier Reboursin, responde a preguntas cotidianas —si “se puede tener calor”, por qué distintas arenas se calientan de manera diferente, cómo funciona el protector solar— y ofrece datos curiosos que invitan a la observación sin necesidad de buscar en la web. La editorial publica además un libro para cada estación.
Ciencia para pasar el verano es una buena opción para familias curiosas que quieren explorar fenómenos cotidianos desde una perspectiva accesible.
La editorial Siglo XXI acerca la obra de Eduardo Galeano al público infantil con un libro ilustrado y una serie de volúmenes en tapa dura que reúnen relatos temáticos: Los animales del día y la noche: Mitos y leyendas sobre la creación, ilustrado por Virginia Piñón; La casa de las palabras: Historias para jugar con el lenguaje, ilustrado por Eva Mastrogiulio; y El susto de la libertad: Textos para pensar cómo funciona el mundo, ilustrado por Camila Villa.
En Los animales del día y la noche se condensan relatos que ponen en foco especies como el oso, el murciélago, el tatú y la tortuga, además de elementos naturales como el arcoíris o la yerba mate.
Es una puerta de entrada a la escritura de Galeano, autor observador que enlazaba historias con sus orígenes.
Big Bang, novedad de Calibroscopio, con texto de Florencia Gattari e ilustraciones de Marina Zanollo, propone una versión creativa de la pregunta sobre el origen del planeta, el sistema solar y el universo.
Sin recurrir a una mirada antropocéntrica, el libro construye una narración posible a partir de elementos simples, como un pájaro y un grano de maíz, y plantea la cosmovisión desde ángulos inesperados.
Libros sobre libros
También es posible despertar el interés por la lectura en niños renuentes mediante recursos lúdicos: haikus que funcionan como adivinanzas o relatos de viajes inesperados.
En 13 cuentos diminutos (Buena cosecha, 2025), Melina Pogorelsky y la ilustradora Piper reúnen adivinanzas y haikus sobre historias conocidas, acompañados de imágenes no figurativas que renuevan los clásicos de forma atractiva y lúdica.
Mi libro mágico (Riderbooks, 2025), de Jaquelina Romero y Elizabeth Mallet, cuenta la aventura de una niña que busca un mundo mágico en las páginas de un libro nuevo y descubre la propia magia de la lectura.
Es un homenaje a la imaginación y al acto de leer.
Para la primera infancia
Desde los primeros meses, las palabras y las imágenes pueden estimular a los más pequeños. Aquí proponemos dos relatos y un libro sin palabras.
En la colección Pípala, de Adriana Hidalgo, se publican Toto es pequeño, de Gunilla Wolde, y Mamá tambor, de Marine Schneider y Pauline Delabroy-Allard. Toto es pequeño vuelve al micromundo de un niño pequeño para explorar situaciones cotidianas y los conceptos de opuestos.
Mamá tambor, en cartoné, se adentra en el vínculo entre un bebé lactante y su madre, mostrando cómo la mirada del bebé constituye su universo afectivo.
Yo me pregunto, de Natalia Colombo, es un silent book que invita a descubrir múltiples miradas sobre la misma escena: desde los primeros años, todo puede leerse de maneras distintas.
Historias para todos los gustos
En este último bloque aparecen relatos de ficción que combinan humor y emoción: historias sobre abuelos y nietos, amistad, generosidad y aventuras singulares.
Que gane El Perdido, escrito por Walter Binder e ilustrado por Eva Mastrogiulio, narra con ternura cómo don Osvaldo, un jubilado de un pueblo, transforma la vida de sus vecinos —y la suya propia— con voluntad y generosidad.
Es un libro disfrutable por su texto y sus imágenes, con una atmósfera que invita a prolongar la lectura.
Los relatos que enfrentan generaciones suelen funcionar muy bien. En El mundo de mi abuela (Quipu, 2025), Inés Calveiro, también diseñadora gráfica, imagina la historia de una nieta que intenta comprender el mundo de su abuela, quien no puede ver los colores.
La propuesta desarrolla con ternura ese intento de acercamiento entre nieta y abuela.
En La botella que aprendió a leer, de Canela, con ilustraciones de Vitu Caruso y editado por loqueleo, la protagonista es una botella de plástico que siente y piensa. Desde su “nacimiento” en una fábrica hasta diversas peripecias, la narración combina humor y sensibilidad y acompaña al lector en la vida de Botella.
Telepatía, de Jairo Buitrago y Jaque Jours (Lecturita, 2025), parte de un malentendido: la conexión imaginada por el protagonista con Leonor, su compañera de escuela, y un comentario de su hermana desencadenan una fantasía que lo sorprende. Es otro acierto de Buitrago, con capacidad para emocionar y hacer sonreír a distintas edades.
Para terminar, dos títulos que priorizan el humor y el ingenio. Había una vez un espejo mágico, de Maite Diorio, ilustrado por Mariela Califano y publicado por Abran cancha, forma parte de una colección con pictogramas y reescribe el cuento de princesas con rima y confusiones provocadas por la interpretación de pictogramas: el absurdo y la personalidad de la princesa generan situaciones muy divertidas.
Una temporada en Charlandia, de Matías Moscardi e ilustrado por Jimena Tello, presenta a Felipe, un niño muy hablador. El libro combina elementos de humor gráfico y un detalle sorpresa en el texto; su tono y su ingenio lo hacen una buena elección para las vacaciones.


