15 de enero de 2026
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El casuario, clave para la supervivencia de los bosques tropicales

En los bosques tropicales de Oceanía, el casuario destaca entre la vegetación por su porte imponente: un casco óseo, plumaje oscuro y garras que pueden alcanzar 13 centímetros. Esa imagen ha alimentado leyendas y le ha valido el apodo de “ave más peligrosa del mundo”.

No obstante, detrás de esa reputación se encuentra otra realidad menos conocida: el casuario desempeña un papel ecológico crucial y su desaparición pondría en riesgo el equilibrio de uno de los ecosistemas más antiguos y biodiversos del planeta. Mientras persisten los relatos sobre su peligrosidad, la urgencia real es proteger a una especie indispensable para la selva.

El mito del “ave más peligrosa”: realidad y consecuencias

La fama del casuario proviene de su gran tamaño —puede superar 1,70 metros y pesar más de 30 kilos— y de algunos ataques excepcionales a personas. El Guinness World Records le asignó ese título tras registrarse, desde 1926, apenas dos muertes humanas relacionadas con casuarios: un adolescente en Australia y un hombre en Florida, incidentes ocurridos en contextos de estrés o encierro del animal. Además, relatos de la Segunda Guerra Mundial contribuyeron a su imagen temible.

La investigación científica ofrece una visión distinta: el casuario no es una especie naturalmente agresiva. Estudios citados por National Geographic indican que en Queensland el 75% de los ataques ocurrieron cuando los casuarios defendían recursos o crías, o cuando habían aprendido a asociar a las personas con alimento.

Beverley McWilliams, especialista en fauna australiana, ha explicado que estas aves modifican su conducta si asocian a las personas con comida, lo que las acerca a zonas habitadas. Todd Green, paleontólogo, añade que aunque sus garras y tamaño pueden causar daño potencial, los incidentes son raros si se respeta su espacio.

Un dispersor vital para el bosque

Más allá de los mitos, el casuario cumple una función ecológica esencial como dispersor principal de semillas en los bosques húmedos de Australia y Nueva Guinea. Consume numerosos frutos enteros y transporta las semillas a largas distancias, favoreciendo la regeneración y la diversidad vegetal.

Hay especies, como Ryparosa kurrangii, que dependen casi por completo de que sus semillas pasen por el tracto digestivo del casuario para poder germinar, lo que subraya la especificidad de esta relación ecológica.

La pérdida del casuario tendría un efecto en cadena: muchas plantas verían reducida su capacidad de reproducirse y eso alteraría la estructura y funcionamiento del ecosistema forestal.

Ecólogos advierten que la extinción del casuario podría empobrecer el bosque tropical, haciéndolo menos resiliente frente al cambio climático. Selva y casuario mantienen un vínculo tan estrecho que la desaparición de uno afectaría profundamente al otro.

Un símbolo cultural y científico

El casuario tiene un papel central en las culturas indígenas de Oceanía. En comunidades de Australia y Papúa Nueva Guinea aparece en mitos, canciones y relatos tradicionales; sus huesos y plumas se emplean en instrumentos, adornos y utensilios, integrándose en prácticas rituales y cotidianas.

Desde la ciencia, su aspecto primitivo —el casco óseo y la postura erguida— evoca a los dinosaurios, lo que le ha merecido el sobrenombre de “dinosaurio viviente”. El estudio de su anatomía y comportamiento ha aportado información valiosa sobre la evolución de las aves y las conexiones entre especies actuales y prehistóricas.

Una especie en peligro: amenazas y declive

En Australia se estima que quedan menos de 5.000 casuarios en estado silvestre. La principal amenaza es la destrucción y fragmentación de su hábitat por la agricultura, la tala y el crecimiento urbano.

Los atropellos en carreteras, ataques de perros domésticos, la baja tasa reproductiva y la lenta maduración sexual complican la recuperación poblacional. Además, el comercio ilegal y la caza furtiva suman presiones adicionales.

McWilliams advierte que presentar al casuario únicamente como peligroso puede perjudicar los esfuerzos de conservación. La interacción de amenazas humanas y factores biológicos ha situado a la especie en una situación crítica.

Conservación y desafíos pendientes

Frente a este panorama, organizaciones y comunidades locales han desarrollado campañas de educación ambiental, proyectos de restauración de hábitats y programas de rehabilitación para ejemplares heridos.

Medidas como señalización vial, creación de corredores biológicos y regulación del tránsito en áreas críticas han contribuido a reducir algunas pérdidas poblacionales y a generar conciencia pública, según Rainforest Rescue.

Pese a estos avances, persisten obstáculos: escasez de recursos, presión inmobiliaria y efectos del cambio climático dificultan la consolidación de logros. La participación comunitaria y la colaboración internacional son clave para garantizar la supervivencia del casuario y la integridad de sus bosques.

El futuro en juego

El destino del casuario está estrechamente ligado al de los bosques tropicales de Oceanía. Su extinción implicaría no solo la pérdida de una especie emblemática, sino también la interrupción de procesos ecológicos esenciales y un empobrecimiento cultural para comunidades que han convivido con él durante siglos.

Proteger al casuario equivale a proteger la selva, sus ciclos naturales y su memoria ancestral. Tras el mito de la “ave peligrosa” surge la necesidad urgente de conservar una especie fundamental para el equilibrio natural y la identidad regional.

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