Hace casi dos millones de años, los primeros homínidos llevaron a cabo una acción que transformó su relación con el entorno: enfrentaron y procesaron elefantes de gran tamaño empleando herramientas de piedra. Un hallazgo en la Garganta de Olduvai permite reconstruir ese momento y muestra cómo el trabajo colectivo impulsó un cambio significativo en su forma de vida.
El equipo dirigido por Manuel Domínguez-Rodrigo, de Rice University, identificó un esqueleto parcial de Elephas recki —una especie extinta de elefante— junto a instrumentos líticos rudimentarios. Informes de New Scientist y el repositorio bioRxiv señalan que los restos, excavados en el yacimiento EAK, constituyen la evidencia más antigua conocida de homínidos procesando elefantes.
La Garganta de Olduvai, considerada una de las cunas de la humanidad, ha aportado hallazgos clave para entender la evolución humana. Este sitio ha permitido reconstruir el origen del género Homo y seguir la forma en que los primeros grupos humanos transformaron su entorno y desarrollaron nuevas estrategias de subsistencia.
Los investigadores recuperaron herramientas líticas de gran tamaño y resistencia, más robustas que las utilizadas antes de los dos millones de años. Entre ellas figuran cuchillos y hachas del Pleistoceno que conservaron filo tras milenios enterradas. Domínguez-Rodrigo indicó a New Scientist que estos artefactos, probablemente producidos por Homo erectus, tenían la solidez necesaria para procesar presas de gran tamaño.
El estudio de los huesos mostró fracturas en tejido fresco compatibles con golpes propinados por martillos de piedra. Domínguez-Rodrigo comentó que, según la evidencia, los animales fueron descuartizados —al menos en parte— y que varias herramientas quedaron junto a los huesos durante ese proceso.
Estas fracturas no pueden explicarse fácilmente por la acción de depredadores como las hienas, incapaces de romper huesos de elefantes adultos. En yacimientos próximos de edad similar se registra una mayor frecuencia de marcas de percusión y una diversidad faunística asociada a miles de artefactos líticos y restos óseos.
Aunque las marcas de corte típicas son escasas, la combinación de huesos fracturados y herramientas como lascas y martillos refuerza la hipótesis de intervención humana. El hallazgo sugiere que estos grupos se coordinaban y empleaban tecnología suficiente para maximizar el uso de recursos, lo que implica colaboración, planificación y una estructura social más compleja de lo que se suponía.
El impacto no se limita a la dieta. Según bioRxiv, la explotación de megafauna coincidió con una transformación ecológica y tecnológica: la llegada de la industria achelense y el surgimiento de ocupaciones humanas más complejas. Estas herramientas más sofisticadas abrieron el acceso a nuevos recursos y facilitaron cambios en el entorno. Para Domínguez-Rodrigo, el procesamiento de elefantes indica la presencia de grupos numerosos y organizados ante desafíos de gran magnitud.
La tecnología achelense, caracterizada por la producción de bifaces y utensilios de piedra más elaborados, representó un salto en la capacidad de los homínidos para explotar su entorno y alterar sus hábitos alimentarios. Este avance favoreció no solo la caza y el procesamiento de grandes presas, sino también el desarrollo de habilidades cognitivas y la transmisión de conocimientos entre generaciones. Cada nuevo hallazgo en Olduvai aporta datos esenciales para comprender la evolución de la inteligencia humana y la vida social.
No obstante, el debate científico continúa. Michael Pante, de la Colorado State University, expresó a New Scientist su escepticismo y considera que la evidencia es débil, puesto que se basa en la proximidad entre herramientas y huesos y en la atribución de fracturas a actividad humana pese a la ausencia de marcas de corte claras. Pante señala que pruebas más concluyentes sobre el procesamiento de elefantes, hipopótamos y jirafas en Olduvai se encuentran alrededor de 80.000 años después, en el sitio HWK EE.
La interpretación de estas pruebas plantea retos a la comunidad científica y obliga a revisar cómo se reconstruyen los orígenes del comportamiento humano. La disposición de los restos y las huellas en los huesos aportan nuevas pistas sobre la organización social y el avance tecnológico de nuestros antepasados.
bioRxiv sostiene que la transición hacia la explotación sistemática de grandes animales ocurrió junto con la expansión de la tecnología achelense y un aumento en la escala y complejidad de las ocupaciones humanas. El registro de Olduvai muestra un cambio notable: del aprovechamiento ocasional de grandes animales con herramientas simples se pasó a prácticas más organizadas y eficientes.
El procesamiento sistemático de estos gigantes por parte de Homo erectus constituye una hazaña poco habitual en contextos de cazadores-recolectores: las sociedades modernas que recolectan solo recurren a estas prácticas de forma esporádica. Este salto evolutivo redefinió la relación entre el ser humano y su entorno, inaugurando un capítulo singular en la historia de la humanidad.


