(Enviado especial a Pinamar) La coctelería marcó la oferta de Pinamar este verano, combinando propuestas clásicas con innovación en la barra. Entre copas, frutas y nuevos ingredientes, los balnearios exhiben bartenders que apuestan por tragos de autor y técnicas depuradas, con presentaciones pensadas tanto para la vista como para el paladar.
La creatividad es la característica principal del momento. La escena local creció por la demanda de bebidas tradicionales y por la aparición de propuestas originales con influencias internacionales adaptadas al público argentino. El bartender Santino Cisteri indicó que los más solicitados suelen ser Aperol, Carpano Orange y la Caipiroska, aunque en días de calor también piden margaritas, mimosas o incluso una “pantera rosa”. Explicó además los componentes básicos de algunos clásicos: la margarita lleva tequila, triple sec y jugo de limón; el Aperol se sirve con espumante y un chorrito de soda; la Caipiroska y la caipiriña comparten lima y azúcar, pero la primera lleva vodka y la segunda cachaza; la mimosa combina champagne con jugo de naranja; y la pantera rosa mezcla piña colada, vodka y granadina.
Algunos jóvenes explican su elección por razones estéticas y de sabor. Marcos, en el parador El Atlántico, dijo que le atrae el color y la presentación del trago, que valora la mezcla de sabores y lo reservaría para una cuarta o quinta cita; también mencionó que le gusta el negroni.
Rocío, de Mercedes (Buenos Aires), disfrutaba un Aperol con su familia en la arena: comentó que está de vacaciones hasta marzo, que eligió ese trago por preferencia y que en otra oportunidad optaría por un gin tonic; agregó que le pareció razonable el precio.
En otra zona de la playa, bartenders como Facundo preparan clásicos con variaciones técnicas. Detalló que harán un negroni “estanciado”, una técnica que incorpora aire y ayuda a integrar el trago, y un French 75, que combina gin, almíbar, jugo de limón y se corona con espumante.
El uso de ingredientes naturales y frescos es un sello de la nueva coctelería. Los profesionales insisten en emplear jugos recién exprimidos y jarabes caseros, evitando conservantes industriales; según sostienen, una receta sin sustancia pierde fuerza y permanencia, y la calidad de los insumos aporta profundidad a cada preparación.
Quienes probaban las preparaciones en Ufo Point eran Macarena y Gina, de Villa Mercedes (San Luis) y 9 de Julio (Buenos Aires). Macarena contó que prefiere cócteles dulces, que disfruta del negroni pero no lo pediría con frecuencia, y que su favorito es el mojito malibú por la menta y el almíbar; dijo también que suele pedir tragos en citas y tomárselos con calma.
Su amiga añadió que prefiere sabores dulces o amargos más suaves, como los del Aperol o el Campari, y que la naranja le resulta un ingrediente atractivo en los cócteles; suele pedir Aperol tanto en citas como en salidas con amigos.
Una propuesta novedosa mencionada es el Black Coffee Negroni, que mezcla gin, Campari infusionado con café, Martini Rosso y se sirve con una rodaja de naranja, en referencia a tendencias internacionales.
La evolución de la coctelería se extiende más allá de Pinamar a otros puntos de la Costa Atlántica. Alejandro Vidal, con amplia experiencia y creador de una barra móvil que recorre la zona, popularizó el Vasuveda, una bebida verde a base de albahaca, limón y jengibre. Vidal señaló que se solicita tanto en versión sin alcohol como con gin, y que en cada evento utilizan dos licuadoras de forma continua.
El Vasuveda incluso inspiró un helado y figura en bares internacionales, por ejemplo en Dubái. Las preferencias del público son variadas: aunque el gin tonic y el vermú mantienen seguidores fieles, aumenta el interés por cócteles como el Penicillin (whisky, almíbar de jengibre y jugo de limón) y también se observa un regreso del vino, especialmente el rosado, con creciente aceptación entre mujeres.
En Pinamar un gin tonic se ubica entre $12.000 y $15.000, valores comparables a los de otros destinos internacionales. Las promociones, como el 2×1, dependen de la política de cada establecimiento y condicionan tanto la competencia entre locales como la experiencia del cliente.
En el plano profesional, los bartenders destacan el crecimiento del oficio y el acceso a bebidas antes difíciles de conseguir en Argentina. Hace veinte años preparar una caipirinha implicaba improvisar con ron; hoy es posible conseguir insumos y destilados de todo el mundo. Aun así, mantener la calidad frente a la necesidad de rentabilizar el negocio sigue siendo un desafío del sector.
Para estos profesionales, cada cóctel representa más que la suma de ingredientes: buscan que cada creación tenga un concepto propio y ofrezca a quien lo consume una experiencia completa.


