19 de enero de 2026
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Menos nacimientos y envejecimiento desafían el modelo educativo

La disminución de la natalidad está transformando los sistemas educativos y plantea retos inmediatos para escuelas, gobiernos y comunidades.

En los países de la OCDE las tasas de fecundidad llevan años por debajo del nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer), lo que cambia la estructura etaria y complica la planificación de servicios públicos, incluida la educación.

Los efectos ya son visibles en sistemas escolares de distintos países, con bajadas de matrícula que obligan a repensar la oferta educativa y la gestión de centros y recursos.

Un caso emblemático es Grecia: más de 700 escuelas y jardines de infantes no iniciaron el ciclo 2025 por no alcanzar el mínimo legal de alumnos, según medios europeos.

Esas suspensiones representan más del 5% de los establecimientos y afectan tanto zonas rurales como urbanas, incluida la región de Ática, debido a una caída sostenida de los nacimientos.

En América Latina la caída de la natalidad avanza a ritmos distintos; el IIPE-UNESCO estima cerca de 1,2 millones menos de nacimientos entre 2015 y 2023.

Si la tendencia continúa, hacia 2030 podría haber alrededor de 11,5 millones menos de niños y adolescentes en edad escolar respecto de 2020, con reducciones iniciales en los niveles inicial y primario.

Frente a esto, la planificación educativa debe redefinirse: reorganizar la oferta educativa, optimizar la infraestructura y ajustar esquemas de financiamiento para mejorar la eficiencia.

También son necesarias la redistribución de cargos docentes y la modernización de los sistemas de información para anticipar cambios demográficos y planificar con datos más precisos.

Expertos señalan que menor matrícula no equivale necesariamente a menos inversión, sino a la oportunidad de reasignar recursos y reducir brechas de calidad y equidad.

En Europa las autoridades argumentan que los cierres responden a criterios demográficos y normativos, con excepciones territoriales para garantizar el acceso en islas y zonas fronterizas.

En Asia oriental, Japón y Corea del Sur enfrentan problemas similares y han implementado subsidios y políticas familiares con resultados limitados.

Corea del Sur mantiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo y su sistema universitario atraviesa cierres y reestructuraciones por falta de estudiantes.

Japón debe adaptar escuelas y universidades a cohortes reducidas en un contexto de envejecimiento poblacional acelerado.

La tendencia abre además oportunidades para incorporar a la generación de adultos mayores en la educación y el mercado laboral mediante políticas de formación continua.

La UNESCO subraya la necesidad de garantizar oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida, promoviendo programas intergeneracionales y estrategias de formación continua.

En Argentina la caída ha sido especialmente pronunciada: los nacimientos se redujeron cerca de un 40% en la última década, con impacto ya perceptible en la matrícula inicial y primaria.

Especialistas y responsables educativos discuten en espacios técnicos medidas como la redistribución docente, la reorganización territorial y la actualización de la planificación.

Aunque todavía no es una prioridad política en todos los países, la tendencia demográfica anticipa cambios estructurales que obligan a repensar la educación a mediano y largo plazo.

En economías avanzadas con fuertes redes de bienestar, el desafío ya no es ampliar el sistema sino asegurar su sostenibilidad financiera, reorganizar la fuerza docente y diseñar políticas que mantengan calidad, equidad e inclusión frente a la contracción demográfica.

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