El 2026 comenzó con un cambio importante en la orientación alimentaria que despertó debate a nivel mundial. Estados Unidos presentó nuevas guías dietéticas que rápidamente generaron discusión en distintos ámbitos, desde el académico hasta el público general.
Visualmente, las recomendaciones se representan con una pirámide. Hasta 2025 la base estaba compuesta por cereales, frutas y verduras; desde enero de 2026 la pirámide se invirtió y puso mayor énfasis en alimentos de origen animal.
No es posible evaluar la validez de estas recomendaciones sin considerar el contexto en que fueron elaboradas.
Estas guías están dirigidas a la población estadounidense, no a peruanos ni a otras poblaciones. En Estados Unidos hay altas tasas de sobrepeso y obesidad —aproximadamente 73% en adultos mayores de 20 años y 36% en niños de 2 a 19 años— y cerca de 38% de adolescentes de 12 a 19 años presentan prediabetes. La dieta predominante incluye muchos alimentos ultraprocesados ricos en calorías, grasas saturadas, azúcares y sodio, pero pobres en proteínas de calidad, grasas saludables, vitaminas, minerales y fibra. Las guías buscan orientar políticas públicas preventivas —por ejemplo, los menús escolares— y no deben confundirse con protocolos de tratamiento para enfermedades; aplicarlas sin ajustes en casos de diabetes, enfermedad renal crónica, cáncer u otras condiciones podría resultar perjudicial.
¿Qué recomendaciones han generado más controversia?
“Priorice alimentos proteicos en cada comida; cambie los métodos de cocción fritos por cocción al horno, a la parrilla, asado, salteado o a la plancha; consuma entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día”.
Dar preferencia a alimentos ricos en proteínas es una recomendación válida: la proteína es esencial, especialmente para el crecimiento infantil —en Perú, 12,1% de los niños menores de cinco años presenta talla baja— y debe acompañarse de grasas e hidratos de carbono adecuados. Sin embargo, técnicas de cocción como parrilla, asado o salteado, si se usan con frecuencia, pueden generar compuestos potencialmente cancerígenos. La cifra de 1,2–1,6 g/kg/día incluye proteína de origen animal y vegetal y resulta alta para la población latinoamericana promedio, por lo que debe ajustarse según el país y las necesidades individuales.
“Incorpore grasas saludables… En general, el consumo de grasas saturadas no debe superar el 10 % de las calorías diarias totales”.
Limitar las grasas saturadas al 10% de las calorías totales es una recomendación conocida y ahora enfatizada con mayor claridad. No obstante, existe una aparente contradicción: el mismo documento impulsa un mayor consumo de carnes rojas y al menos tres raciones diarias de lácteos, lo que podría aumentar la ingesta de grasas saturadas.
Además, las nuevas guías incluyen numerosos mensajes válidos y aplicables: ajustar la cantidad de alimentos a las necesidades individuales; consumir al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras enteras; preferir granos integrales; reducir al máximo el consumo de azúcares añadidos y de alimentos ultraprocesados; limitar carbohidratos refinados; aprender a identificar azúcares añadidos; y controlar la ingesta de sal, entre otros.
En Perú, las guías alimentarias se representan con un gráfico circular que distribuye los grupos alimentarios a lo largo de la circunferencia. Aunque nuestras guías incorporan muchos mensajes similares a los de la nueva pirámide estadounidense, el Estado no ha abordado con suficiente énfasis problemas estructurales relacionados con hábitos alimentarios, combinaciones inadecuadas —por ejemplo, arroz con trigo guisado— y el elevado consumo de alimentos ultraprocesados. Estos factores pueden ayudar a explicar, en parte, el preocupante aumento del sobrepeso y la obesidad en niños y adultos.


