29 de enero de 2026
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Feromonas sintéticas transforman el control de la plaga de estrellas de mar en Australia

La estrella de mar conocida como corona de espinas representa una amenaza creciente para los arrecifes del Indo-Pacífico, en particular para la Gran Barrera de Coral.

Investigadores de Australia y Japón han conseguido sintetizar feromonas que atraen a estos invertebrados, un avance que podría cambiar las estrategias de control biológico marino, según informó Smithsonian Magazine.

El impacto de la plaga en la Gran Barrera de Coral

Originaria del Indo-Pacífico, la corona de espinas se distingue por su gran tamaño, sus espinas venenosas y tonos que van del púrpura al rojizo. Un adulto puede consumir, en el transcurso de un año, una superficie de coral equivalente al tamaño de una habitación pequeña, y una hembra puede liberar más de 200 millones de huevos cada año.

La sobrepesca de sus depredadores y la contaminación han favorecido el aumento de los brotes desde la década de 1960. Cuando su densidad crece, las poblaciones de corona de espinas pueden diezmar arrecifes en cuestión de semanas.

Smithsonian Magazine reporta un nuevo brote en el sector norte de la Gran Barrera, el quinto registrado desde los años sesenta. Hace alrededor de 40 años, buceadores eliminaron manualmente más de 1,5 millones de ejemplares frente a Okinawa (Japón) para proteger los corales.

Métodos tradicionales y sus desafíos

Durante décadas, la extracción manual individual fue la principal técnica de control. Es un proceso laborioso, caro y con eficacia limitada cuando las infestaciones alcanzan millones de individuos.

Para neutralizar la toxina de las espinas y la capacidad de regeneración del animal, grupos de conservación han probado inyecciones de vinagre o de jugo de lima, compuestos que matan a la estrella sin dañar notablemente el entorno circundante.

Más recientemente se han utilizado vehículos submarinos autónomos que aplican estos compuestos de forma directa; sin embargo, siguen requiriendo localizar y tratar cada ejemplar por separado.

Estas técnicas, según detalla Smithsonian Magazine, demandan grandes recursos logísticos y económicos. La complejidad química del ecosistema arrecifal y la resistencia de la especie hacen difícil su erradicación completa.

Feromonas sintéticas: un avance científico

El equipo dirigido por Scott Cummins, de la Universidad de la Costa del Sol de Australia, optó por estudiar la comunicación química de la especie. Los científicos identificaron péptidos —pequeñas proteínas— que las estrellas usan para intercambiar información y coordinar su comportamiento.

Cummins explicó a Smithsonian Magazine que, a partir de ese análisis, sintetizaron los péptidos responsables de la agregación. En ensayos de laboratorio, la liberación de una mezcla de feromonas sintéticas atrajo a numerosos adultos hacia un punto común, facilitando su captura o eliminación conjunta.

Esta técnica no es tóxica y podría aplicarse a mayor escala. Los primeros experimentos muestran una alta eficacia para concentrar ejemplares de corona de espinas en ambientes controlados.

Desafíos y expectativas en pruebas de campo

La bióloga marina Maria Byrne (Universidad de Sídney) calificó el método como prometedor, pero advirtió que los arrecifes naturales están saturados de señales químicas procedentes de muchas especies, lo que podría alterar la respuesta observada en el laboratorio.

“La clave será comprobar si el método mantiene su eficacia en condiciones naturales, donde muchas otras señales están presentes”, declaró Byrne a Smithsonian Magazine.

Los investigadores tienen previsto iniciar ensayos en la Gran Barrera de Coral para evaluar la viabilidad de la técnica a escala real.

Cummins señaló que manipular el lenguaje químico de estos invertebrados podría ofrecer una solución relevante para los arrecifes australianos.

La lucha contra la corona de espinas se extiende por más de cinco décadas, y existe la esperanza de que esta tecnología contribuya a controlar la plaga de forma más efectiva.

El uso de feromonas sintéticas supone un posible punto de inflexión en la conservación marina; la comunidad científica observa con optimismo el desarrollo de herramientas innovadoras para proteger la biodiversidad y la estabilidad de los arrecifes.

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