Arabia Saudita lanzó un plan para reforzar su influencia en Yemen tras la retirada de tropas de Emiratos Árabes Unidos a fines de 2023.
El reino destina miles de millones de dólares y despliega una ofensiva política para unificar grupos armados y tribus, mientras sostiene financieramente a un Estado afectado por el conflicto con los hutíes y una tregua frágil.
Riad asigna cerca de 3.000 millones de dólares este año para pagar salarios de fuerzas de seguridad y funcionarios civiles en Yemen, incluidos unos 1.000 millones dirigidos a combatientes del sur que antes recibían apoyo de Abu Dabi.
El ministro de Información yemení, Muammar Eryani, afirmó que ese respaldo permitirá reorganizar las facciones armadas bajo la autoridad del Estado.
Las autoridades sauditas buscan consolidar resultados en las zonas controladas por el gobierno reconocido internacionalmente, que opera en el exilio, con el objetivo de presionar a los hutíes, respaldados por Irán, a negociar o prepararse para una posible confrontación militar.
Arabia Saudita intervino en Yemen en 2015 al frente de una coalición suní, que incluyó a los Emiratos Árabes Unidos, para frenar el avance hutí después de la toma de Saná en 2014.
El conflicto desató una de las peores crisis humanitarias del mundo. Tras la retirada emiratí y el aumento de las tensiones bilaterales, Riad expulsó a las fuerzas emiratíes y se enfrentó a los separatistas del Consejo de Transición del Sur (STC), que antes contaban con respaldo de Abu Dabi.
Arabia Saudita financia a decenas de miles de combatientes del STC tras la marcha de los EAU. Además, trasladó a líderes separatistas a hoteles de lujo en territorio saudí y cubrió sus gastos como parte de una estrategia para atraerlos a su esfera de influencia.
“Ahora hay un solo capitán para este barco en lugar de varios. Eso debería reducir la posibilidad de naufragio”, dijo un funcionario occidental a Reuters. Voceros consultados señalan que la meta saudí sería abrir la puerta a un Estado propio para los separatistas del sur, pero solo después de resolver el conflicto con los hutíes, lo que exigiría un referendo.
Arabia Saudita también recurrió a la presión política: el ministro de Defensa yemení, Mohsen al‐Daeri, fue destituido y retenido en Riad por considerársele poco firme ante la ofensiva separatista. El gobierno yemení y las autoridades sauditas no respondieron a pedidos de comentario sobre este episodio.
Sectores de la sociedad yemení se resisten a los planes sauditas de establecer una cadena de mando militar unificada. El investigador de Chatham House Farea al‐Muslimi advirtió que la resolución del conflicto podría demorar hasta cinco años y que desmantelar la economía de guerra instaurada tomaría aún más tiempo.
(Con información de Reuters)

