Los Juegos Olímpicos de Invierno de Cortina d’Ampezzo 2026 están bajo investigación por una sospecha poco habitual: autoridades antidopaje indagan si algunos saltadores de esquí habrían recibido inyecciones en el pene para alterar el ajuste del traje y obtener ventaja aerodinámica. La hipótesis, difundida inicialmente por medios alemanes, afirma que se inyectaría ácido hialurónico para aumentar temporalmente el volumen corporal y crear un mayor espacio entre el cuerpo y la prenda.
En el salto de esquí, el reglamento sobre el ajuste del traje es muy estricto: una mayor superficie de tela frente al aire puede aumentar la sustentación y prolongar el tiempo de vuelo. Estudios citados en la prensa indican que apenas dos centímetros adicionales en el espacio entre cuerpo y traje podrían elevar el tiempo de vuelo hasta un 5% y sumar casi seis metros al salto, una diferencia significativa en una disciplina decidida por centímetros.
El caso cobró fuerza luego de descalificaciones en torneos recientes por trajes fuera de reglamento y sanciones a personal técnico; en algunos controles se detectaron irregularidades, aunque en esos episodios no se habló oficialmente de inyecciones. Ante esa coincidencia, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y su presidente, Witold Banka, mostraron interés en investigar el asunto. Olivier Niggli, director general de la AMA, señaló que si se comprueba que el procedimiento tiene como fin mejorar el rendimiento, será tratado como dopaje.
Especialistas consultados advierten riesgos médicos asociados a inyecciones de parafina o ácido hialurónico en esa área, que pueden causar complicaciones. Aunque la investigación está en curso y no existen pruebas concluyentes, la indagación ha generado preocupación ética y deportiva sobre hasta dónde podrían llegar algunos competidores para obtener una ventaja.

