7 de febrero de 2026
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Hiperconectividad infantil y el desafío familiar

El uso excesivo de redes sociales y teléfonos móviles es un tema recurrente. En verano, cuando hay más tiempo libre, este hábito suele intensificarse y puede afectar la convivencia y el bienestar de niños, niñas y adolescentes. Permanecer demasiado conectados reduce las oportunidades de compartir en familia y de disfrutar plenamente de actividades fuera de la pantalla.

Los datos muestran la magnitud del fenómeno: un estudio en Estados Unidos con 1.000 menores indica que el 41% de las niñas entre 5 y 13 años preferiría no ir de vacaciones si el destino no ofrece acceso a Internet, lo que evidencia la centralidad de la conexión digital en la vida infantil.

La Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente (AACAP) advierte que el uso excesivo de pantallas puede relacionarse con trastornos del sueño, peor rendimiento escolar y menor desarrollo de habilidades sociales en niños y adolescentes.

Notas periodísticas recientes recomiendan limitar el tiempo de uso de dispositivos, priorizar actividades familiares y favorecer la interacción presencial entre pares para mejorar el bienestar emocional y social. También proponen supervisión activa y diálogo abierto sobre los contenidos que consumen los menores.

La preocupación por los riesgos de los dispositivos electrónicos crece en varios países. En Australia, por ejemplo, datos de Pursuit muestran que el 80% de la población apoya restricciones por edad para acceder a redes sociales, y seis de cada diez padres señalan estas plataformas como el principal riesgo para la salud mental de sus hijos.

Un estudio publicado en JAMA Pediatrics, que siguió a más de 4.000 jóvenes durante cuatro años en Estados Unidos, encontró que casi la mitad mostró patrones de uso adictivo de redes sociales, videojuegos o teléfonos móviles.

Según una nota de Infobae, esta investigación, liderada por Yunyu Xiao (Universidad de Cornell) e integrada al Adolescent Brain Cognitive Development Study, analizó los hábitos digitales de 4.285 adolescentes entre 10 y 14 años.

El trabajo identificó tres trayectorias de uso para redes sociales y teléfonos móviles y dos para videojuegos. Aproximadamente un tercio de los participantes presentó un aumento progresivo hacia un uso adictivo de redes sociales (31,3%) o del celular (24,6%), mientras que otro grupo mostró niveles elevados desde etapas tempranas. Esas trayectorias se asociaron con mayor riesgo de ideación suicida, autolesiones y trastornos mentales.

El informe indica que los adolescentes con un uso cada vez más adictivo de redes sociales tienen más del doble de probabilidad de conductas suicidas que quienes mantienen un uso bajo. En cuanto a los videojuegos, los consumos más altos se relacionaron con síntomas de ansiedad y depresión. Además, el aumento sostenido en el uso de redes sociales se vinculó con problemas de conducta como impulsividad e irritabilidad.

El hallazgo principal fue que no es tanto el tiempo total frente a pantallas lo que se asocia con peor salud mental, sino los patrones adictivos y su evolución en el tiempo.

El mundo empieza a poner límites al uso de redes sociales

En los últimos meses varios gobiernos anunciaron medidas para restringir el acceso de menores a redes sociales. El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, comunicó la intención de prohibir el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años como parte de un paquete de medidas para reforzar la soberanía digital y hacer los entornos online más seguros.

La Asamblea Nacional de Francia aprobó un proyecto de ley que busca prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años y limitar el uso de teléfonos móviles en los institutos de educación secundaria.

Malasia planea prohibir el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años desde 2026. Dinamarca informó que a partir del próximo año los menores de 15 años no podrán usar redes sociales sin autorización parental, y algunos países de Estados Unidos también han aprobado leyes que restringen el acceso infantil a estas plataformas, en algunos casos requiriendo el consentimiento de los padres.

En Argentina, según el Laboratorio de Investigación en Neurociencias y Ciencias Sociales (LINCS) de la Universidad de Flores, más del 60% de la población presenta algún nivel de dependencia al celular, y un 25% se encuentra en niveles altos, lo que afecta el disfrute de experiencias reales.

Al mismo tiempo, investigaciones citadas por Pursuit (University of Melbourne) y otros estudios sostienen que un manejo adecuado del tiempo de pantalla puede convertir la experiencia digital en algo positivo, favoreciendo habilidades sociales, creatividad y bienestar.

Frente a esto surgen preguntas prácticas: ¿cuántas horas son muchas?, ¿deben prohibirse las redes a ciertas edades?, ¿es útil establecer zonas sin pantallas? ¿Cómo gestionar su uso de forma equilibrada?

SOS sobreexposición a contenido seleccionado

El psicólogo e investigador Eduardo Sandoval (Universidad Autónoma) advierte sobre los efectos de la hiperconectividad en la infancia: pasar demasiado tiempo en redes en etapas clave del desarrollo puede alterar procesos cerebrales vinculados a la regulación emocional, las funciones ejecutivas y las habilidades sociales, especialmente en niños menores de 10 años.

Sandoval señala que la sobreexposición a contenidos seleccionados y la búsqueda constante de validación pueden distorsionar la autopercepción, incrementando el riesgo de ansiedad y baja autoestima. Los sistemas de recompensa dopaminérgicos también pueden reforzar conductas compulsivas, afectando la atención sostenida y las rutinas saludables.

La falta de interacción cara a cara, añade el especialista, dificulta el desarrollo de la empatía y la comprensión social. Por eso recomienda vigilar el uso de dispositivos y fomentar el equilibrio con actividades presenciales.

Entre las estrategias sugeridas para el hogar están establecer rutinas constantes, definir zonas libres de dispositivos, limitar la estimulación que activa la vía mesolímbica y promover actividades familiares y deportivas.

Sandoval enfatiza la importancia de la educación digital desde edades tempranas: enseñar un uso responsable de redes, fijar límites de tiempo diarios y desarrollar competencias para evaluar críticamente los contenidos y detectar desinformación.

También subraya el valor del ejemplo adulto: quienes cuidan a menores deben mostrar un uso consciente de las redes para transmitir hábitos responsables mediante el modelado.

Para acompañar esas prácticas, recomienda el uso de herramientas de control parental, software y mecanismos que protejan la privacidad y reduzcan la exposición a contenidos nocivos.

Entre consejos prácticos para padres y cuidadores propone navegar en Internet junto a los hijos, indicar sitios confiables y explicar la importancia de no compartir datos personales en la red.

Asimismo, sugiere elegir videojuegos según las clasificaciones PEGI, supervisar los juegos propios y los que intercambian los niños, y participar ocasionalmente en esas actividades.

Es clave establecer reglas claras sobre “cuándo, cuánto y dónde” se usan los dispositivos, condicionando su uso al cumplimiento de tareas escolares, domésticas o deportivas. Por último, destaca la necesidad de generar confianza para que los menores puedan plantear dudas o problemas, y de la coherencia adulta al dar ejemplo en el uso de redes.

Reconectar con el presente: dejar el celular y disfrutar

La desconexión también es necesaria en la vida adulta. En Mar del Plata se probó una iniciativa para fomentar la presencia: durante unas horas, un grupo aceptó compartir sin mirar el celular y la experiencia transformó la incomodidad inicial en conversaciones espontáneas y un ambiente relajado.

En esa actividad, una máquina dispensadora ofrecía una cerveza solo a quienes dejaban el celular por quince minutos, con efectos inmediatos. Participantes relataron que la ansiedad inicial cedió y que, al finalizar el tiempo, desearon prolongar la experiencia.

Varios asistentes coincidieron en que hacía mucho tiempo no disfrutaban algo sin el teléfono en la mano y valoraron la iniciativa por recordar que no todo lo valioso pasa por una pantalla.

Los organizadores explicaron que la propuesta buscaba recuperar momentos simples pero valiosos, promoviendo la conversación y la atención a lo que ocurre alrededor en lugar de la atención constante al celular.

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