En los últimos meses aumentaron las disputas internas en el PJ de la provincia de Buenos Aires, impulsadas por la figura de Axel Kicillof como referente destacado y posible aspirante presidencial para 2027. El conflicto tuvo una primera resolución este sábado, cuando el gobernador aceptó la presidencia del partido provincial, reemplazando a Máximo Kirchner con el acuerdo de los distintos sectores.
Esta definición ocurre en un contexto en el que la influencia de Cristina Kirchner se ha debilitado, tras su condena y detención. Ese cambio no solo modifica el equilibrio interno del partido, sino que también plantea dudas sobre la renovación de la oposición de cara a 2027 y sobre el rumbo futuro del peronismo a nivel nacional.
La reconfiguración del liderazgo se cerró el viernes por la noche con un acuerdo de dirigencias para que Kicillof asuma la conducción del PJ bonaerense. Quedó pendiente la designación de los consejeros, mientras que la primera vicepresidencia será ocupada por Verónica Magario, compañera de fórmula de Kicillof. Ese reparto definirá ganadores y perdedores dentro de la interna y condicionará la presentación de la nueva conducción.
Sobre el proceso, Lucas Ghi, intendente de Morón y cercano al gobernador, explicó que intentaron resolverlo “de la manera más madura y racional posible”, reconociendo que el tema no figura entre las principales preocupaciones de la ciudadanía.
Ghi destacó su intención de consolidar el liderazgo de Kicillof, al que consideró con “potencia de cara al futuro”, y de usar la estructura partidaria para construir un espacio amplio y diverso —social, gremial y político— que no solo ejerza oposición al gobierno nacional, sino que ofrezca una alternativa capaz de generar entusiasmo.
Consultado sobre una posible candidatura presidencial de Kicillof en 2027, Ghi dijo que todavía no se definieron postulaciones, aunque reconoció el crecimiento del gobernador más allá de la provincia. Señaló además que el gobierno nacional lo ha planteado como adversario político, limitando su proyección mediante medidas y omisiones como la falta de transferencias de fondos para seguridad y educación.
No obstante, Ghi evitó centrarse en nombres y abogó por fortalecer y ampliar el peronismo en torno a un proyecto de país. Resaltó la disposición de Kicillof para convocar a sectores alejados o indiferentes a la política, con el objetivo de integrarlos nuevamente al espacio.
Para Ghi, es clave revitalizar al partido y formular propuestas concretas ante problemas como la pérdida de empleo, que observa en su distrito. Planteó que el PJ debe dejar de ser un mero ámbito administrativo y asumir un rol activo en la reconstrucción de la esperanza provincial y nacional.
Lo que deja la interna del PJ bonaerense de cara al 2027
El avance de Kicillof representa una ruptura con el molde kirchnerista: asumió un riesgo político al aceptar la presidencia del PJ, enfrentando críticas por su estilo más deliberativo frente a la demanda de conducción más vertical de algunos intendentes. Desde el espacio Movimiento Derecho al Futuro (MDF) buscaron asegurar puestos estratégicos sustentando que el liderazgo de Kicillof cuenta con amplio respaldo local y reclama mayor influencia en las decisiones.
En el peronismo provincial la unidad es un reclamo constante, aunque a menudo oculta tensiones internas. La llegada de Kicillof puede generar fricciones sobre la prioridad de la agenda: mientras La Cámpora insistirá en impulsar la defensa de la libertad de Cristina Kirchner, el kicillofismo buscará orientar la agenda hacia una oposición a las políticas de Javier Milei y a la preparación de la próxima elección presidencial.
Parte de la estrategia de Kicillof es fortalecer el bloque de gobernadores de Unión por la Patria para ganar mayor federalización de su figura y llevar la construcción del MDF a otras provincias, con la intención de nacionalizar su liderazgo y posicionarlo en debates de mayor alcance.
Dos lecturas circulan sobre su asunción: por un lado, se interpreta como una victoria de Kicillof sobre La Cámpora en el control del PJ; por otro, como el resultado de aceptar condiciones pactadas con Máximo Kirchner. Ambas narrativas alimentarán tensiones en el corto plazo, aunque con el tiempo podrían perder protagonismo.
El peronismo atraviesa una crisis prolongada, con disputas internas que hasta ahora no lograron impulsar un debate nacional de alcance. En ese escenario, Kicillof asume una nueva responsabilidad después de seis años como gobernador y se posiciona como un actor central en la conducción del PJ bonaerense, con el desafío de articular un proyecto que trascienda la provincia.

