Al hablar de su sector, Celeste señala la necesidad de “entender el comercio exterior de forma integral, con una visión más amplia y a largo plazo”. En esta entrevista expone su visión del contexto actual, el reordenamiento de mercados, la importancia de diversificar orígenes y forjar alianzas estratégicas, y el reto de proyectar empresas argentinas con perspectiva global en un entorno cambiante.
¿Cómo ves hoy la situación actual del comercio exterior?
Considero que la coyuntura actual impulsó notablemente las importaciones y eso provocó cambios profundos en las empresas, desde pymes hasta grandes grupos. Fue un punto de inflexión que sacó a muchas compañías de su zona de confort.
Vimos transformaciones de roles: fabricantes que pasaron a importar, productores que se convirtieron en clientes y clientes que hoy compiten con quienes antes eran sus proveedores. Ese vuelco generó inicialmente incertidumbre, pero también lecciones valiosas. Impuso la necesidad de planificar, priorizar, tomar decisiones difíciles, mejorar procesos y reestructurarse, además de identificar oportunidades que antes no se veían.
Este nuevo panorama —sin entrar en discusiones políticas— promueve la innovación. Todas las empresas tuvieron que salir al mundo, buscar nuevos productos, adoptar otra mirada y, en muchos casos, crecer. Argentina vuelve a ganar protagonismo en el comercio exterior tras años de menor movimiento.
¿Qué ejemplos ves de negocios o mercados que se abrieron a partir de este contexto?
Hay muchos casos: empresas que por décadas hicieron un solo producto y que ahora desarrollaron ofertas nuevas, atendieron demandas de importación distintas e incluso comenzaron a exportar sus propios productos.
Eso implicó reorganizar equipos, reubicar personal en áreas como marketing, ventas o logística y cambiar el estilo de liderazgo. No es negativo: las compañías se ampliaron, se adaptaron y comprendieron que el mundo cambió.
En Argentina existe una resistencia cultural al cambio y a la reinvención; muchas veces nos quedamos en dinámicas conocidas. Sin embargo, el entorno global se reordena constantemente y exige una mirada más innovadora y orientada al futuro en el comercio exterior.
Hoy hay un auge de relación con China, que es real y efectivo. Mi consejo es no depender exclusivamente de un solo socio: si mañana se interrumpe una ruta o surge un problema, hay que tener alternativas.
Mercados antes desatendidos por desconocimiento o desconfianza, como Turquía o India, hoy son opciones válidas. Hay que animarse a explorarlos, viajar, exigir lo necesario y proyectarse.
Innovar implica anticiparse, aunque sea con pasos pequeños. Tener un plan B activo que pueda convertirse en plan A. No conviene basar un negocio en una sola fuente: el mundo se reorganiza y requiere una visión en red, con alianzas y múltiples orígenes.
¿Qué valor le ves a esta ampliación de orígenes y alianzas?
Ampliar orígenes y crear alianzas hace al negocio más resistente frente a cambios. Países como Turquía e India ofrecen calidad, servicio, precios competitivos y rutas comerciales atractivas. Es conveniente explorarlos con asesoramiento, tiempo y una estrategia clara.
El mapa comercial cambia constantemente; territorios que antes no tenían peso hoy pueden ser estratégicos. Esto demanda líderes con mentalidad abierta y foco en el futuro, no solo en lo que funciona hoy.
¿Cómo ves a Argentina posicionada desde el mundo?
Argentina ha ganado visibilidad y valoración. Siempre tuvo fortalezas, y hoy el exterior nos percibe como un actor activo, tanto por el capital humano como por la calidad de productos y servicios.
Hoy exporto empanadas, y mañana podría exportarse otra variedad de bienes. A menudo nos subestimamos y nos limitamos a la visión agroexportadora, cuando el potencial es mucho mayor y el mundo lo reconoce.
En ferias y reuniones con directivos internacionales, Argentina suele ser bien valorada por sus capacidades técnicas, comerciales y humanas.
¿Qué expectativas ves hacia adelante para el comercio exterior?
Anticipo años desafiantes. El 2025 dejó empresas apagando incendios, pero también aquellas que tomaron decisiones difíciles, pusieron foco, estructura, innovación y forjaron alianzas.
Es notable ver competidores que hoy colaboran para ingresar a mercados y optimizar procesos. Veo un comercio exterior más integral, global y conectado, con mayor networking internacional y local. Esto favorecerá el crecimiento de pymes, empresas medianas y grandes corporaciones.
Para cerrar, ¿qué reflexión final te gustaría dejar?
Es clave escuchar diferentes miradas profesionales. Mi mensaje es pensar en la empresa que querés liderar mañana, no solo en las urgencias del presente. No dejarse dominar por la ansiedad; el éxito no es solo volumen o caja diaria, sino una idea, un proyecto y un proceso sostenido con paciencia.
Animarse a innovar y ampliar la visión. Igual que hoy hablamos de China, Turquía o India, la invitación es a ver el comercio exterior como un todo, de forma integral y con una mirada amplia y de largo plazo.

