El uso indiscriminado de plumas adelgazantes en Brasil llevó recientemente a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) a emitir una alerta por su aplicación sin control médico. La agencia investiga seis muertes vinculadas al uso de estos fármacos, en las que se registró pancreatitis aguda. Datos del sistema nacional Vigimed muestran un aumento sostenido de notificaciones de pancreatitis entre 2020 y 2025, con 145 casos asociados a estas plumas; para ilustrar el crecimiento, se pasó de un caso notificado en 2020 a 45 en 2025.
Las llamadas plumas adelgazantes pertenecen al grupo de agonistas del receptor GLP-1, medicamentos que imitan la acción de la hormona GLP-1. En diabetes tipo 2 ayudan a controlar la glucemia estimulando la liberación de insulina cuando es necesario. En el tratamiento de la obesidad reducen el apetito y retrasan el vaciado gástrico al aumentar la sensación de saciedad, lo que facilita la pérdida de peso.
El efecto rápido sobre el peso ha incentivado su uso con fines estéticos y la automedicación, lo que se agrava por la circulación de productos no registrados o falsificados introducidos por contrabando desde Paraguay. Desde noviembre pasado, Anvisa prohibió varias presentaciones extranjeras no registradas en Brasil, argumentando que su calidad, eficacia y seguridad no han sido evaluadas en el país. Las medidas se aplicaron a cinco productos ante el crecimiento de publicidad y comercialización irregular, incluso en Internet, práctica prohibida para medicamentos en Brasil.
Hay casos recientes que ejemplifican los riesgos: una mujer de 42 años permanece hospitalizada en estado grave en Belo Horizonte tras utilizar una pluma procedente de Paraguay y presentar complicaciones neurológicas; en noviembre, en João Pessoa, una mujer de 31 años falleció por hipoglucemia tras iniciarse en el tratamiento sin supervisión médica. Médicos señalan que estas plumas deben administrarse con dosis progresivas; muchas personas comienzan con la dosis máxima, lo que aumenta la secreción de insulina y el riesgo de efectos adversos. Además, cuando el origen del medicamento es desconocido no se puede garantizar su composición ni descartar adulteraciones o problemas de conservación, lo que complica la identificación de la causa de efectos secundarios graves.
El contrabando desde Paraguay se ha convertido en un negocio para grupos criminales que emplean las mismas rutas usadas para transportar cocaína y marihuana, especialmente por Mato Grosso do Sul, fronterizo con Paraguay. Las autoridades informaron la incautación en ese estado de más de 3.000 cajas (unas 12.000 dosis) el año pasado y alrededor de 1.400 cajas (casi 6.000 dosis) hasta la primera quincena de enero. Los envíos se ocultan en lugares como ruedas de camiones o dobles fondos de vehículos y se almacenan en bases en ciudades grandes; además del transporte por carretera, también se detectó el envío por paquetería, con cerca de 3.000 plumas incautadas en paquetes remitidos a Mato Grosso do Sul.
El tráfico explotó a escala nacional: las incautaciones pasaron de 2.544 unidades en 2024 a más de 30.000 en 2025, lo que sugiere un aumento exponencial teniendo en cuenta que las aprehensiones suelen representar apenas una fracción del comercio real. Expertos estiman un mercado multimillonario en reales. Las redes criminales organizan logística y coordinación, incluso mediante grupos de mensajería para las llamadas “mulas”. Operativos como la “Esculapio” detectaron en Curitiba ventas por Internet de plumas importadas ilegalmente, dirigidas incluso por personas que usaban credenciales para dar apariencia de legitimidad. Autoridades y especialistas recomiendan fortalecer el control fronterizo y armonizar protocolos de vigilancia sanitaria con Paraguay; la agencia paraguaya también alertó sobre marcas que usan tirzepatida sin autorización, señalando riesgos para la salud por la imposibilidad de garantizar composición, calidad, seguridad y eficacia.
Para atacar el problema desde la oferta, la Cámara de Diputados aprobó con carácter de urgencia una propuesta para anular la patente de dos marcas internacionales, Mounjaro y Zepbound, con el objetivo de permitir que otros laboratorios produzcan los fármacos, reducir precios y facilitar su provisión por el Sistema Único de Salud. Los defensores de la iniciativa argumentan que los precios actuales son prohibitivos y limitan el acceso masivo en un país de más de 200 millones de habitantes.
Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), el 61,7% de los adultos tiene sobrepeso y el 25,9% padece obesidad, más de 41 millones de personas. El cambio en los patrones alimentarios, con alto consumo de alimentos procesados y bebidas azucaradas, y las desigualdades socioeconómicas que hacen que alimentos saludables sean más caros, explican en parte el problema. Al mismo tiempo, el fenómeno del uso de plumas adelgazantes ha cambiado hábitos de consumo en ciertos sectores: algunos restaurantes han comenzado a ofrecer porciones reducidas para clientes en tratamiento, una medida que en algunos establecimientos ha sido bien recibida y representa una fracción significativa de la clientela.

