El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, dijo este sábado en la Conferencia de Seguridad de Múnich que no está claro si Rusia realmente quiere poner fin a la guerra en Ucrania, mientras Estados Unidos continúa presionando por un acuerdo de paz.
Rubio afirmó que no se puede confirmar si Moscú se toma en serio la finalización del conflicto, cuando éste está próximo a cumplir cinco años.
Señaló que, por un lado, han disminuido algunos de los problemas que dificultan una resolución; por otro, los asuntos que quedan por resolver son los más complejos, por lo que aún queda trabajo por hacer y la disposición rusa sigue siendo incierta, pese a las declaraciones que dicen lo contrario.
Además, el funcionario manifestó su intención de fortalecer la relación transatlántica para que una Europa sólida colabore con Estados Unidos en la renovación del orden mundial.
Al dirigirse a líderes europeos en Múnich, Rubio adoptó un tono conciliador, en un contexto marcado por tensiones recientes, como el interés del presidente Donald Trump en Groenlandia.
Subrayó que la meta no es distanciarse de Europa, sino revitalizar una antigua alianza y renovar lo que describió como la mayor civilización de la historia.
Enfatizó que la alianza que propone debe reconocer el malestar social actual —no solo fallos de política— y no dejarse paralizar por diversos miedos (al cambio climático, a la guerra, a la tecnología), sino actuar con determinación hacia el futuro.
En su intervención, criticó también la “inmigración masiva”, ciertas políticas climáticas que, según él, perjudican económicamente a la población, y lo que describió como los efectos negativos de un libre comercio que habría desindustrializado Occidente en beneficio de rivales.
Rubio reivindicó además los lazos culturales y espirituales entre Europa y Estados Unidos, apuntando a elementos comunes como la lengua, el cristianismo y las raíces europeas de muchos estadounidenses.
Expresó que Estados Unidos se orienta por una visión de futuro orgullosa, soberana y vital, y que aunque está dispuesto a actuar de forma independiente si fuera necesario, prefiere y espera hacerlo junto a sus aliados europeos.
Insistió en que no desea aliados débiles, porque eso afectaría también la seguridad estadounidense, y sostuvo que recuperar el control de las fronteras no es xenofobia sino un ejercicio de soberanía.
Rubio, quien recordó su origen cubano y antecedentes familiares, retomó críticas a la inmigración en la línea de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump, que advirtió sobre cambios sociales en Europa.
Calificó la “inmigración masiva” como una crisis que, en su opinión, transforma y desestabiliza sociedades occidentales, y defendió medidas de control fronterizo como una prioridad.
Críticas a la ONU
El secretario de Estado también cuestionó el papel de la ONU, mientras Washington impulsa una Junta de Paz promovida por la administración Trump, que ha invitado a diversos países y pretende asumir funciones en resolución de conflictos.
Rubio afirmó que, en muchos de los asuntos más urgentes, la organización no ofrece respuestas y ha tenido un rol limitado.
Puso como ejemplos la incapacidad atribuida a la ONU para detener conflictos como los de Gaza y Ucrania y para contener el programa nuclear iraní, según su enunciado.
Asimismo, sostuvo que la institución dirigida por António Guterres no actuó frente a lo que él describió como una amenaza a la seguridad planteada por el gobernante venezolano Nicolás Maduro, quien según Washington fue detenido el 3 de enero bajo acusaciones de narcotráfico.
Rubio dijo que, aunque las Naciones Unidas conservan un potencial para actuar positivamente en el mundo, en los asuntos más urgentes han sido el liderazgo y la colaboración de Estados Unidos con otros países los que han logrado avances, como la liberación de cautivos en Gaza y la mesa de negociaciones sobre Ucrania, tareas que, a su juicio, la ONU no resolvió por sí sola.
El tono y el contenido del discurso contrastaron con el pronunciado el año anterior en el mismo foro por el vicepresidente JD Vance, quien había criticado a líderes europeos por políticas migratorias y regulaciones sobre discursos extremos en plataformas digitales.
En la cumbre de junio, los miembros europeos de la OTAN, excepto España, acordaron aumentar su gasto en defensa hasta un 5%, en respuesta a la demanda de Estados Unidos de que Europa contribuya más a su propia seguridad.
La víspera del discurso, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó que una Europa fuerte dentro de una OTAN fuerte reforzará aún más el vínculo transatlántico.
Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, consideró que la UE debe acelerar y asumir mayores responsabilidades en materia de defensa.

