Keshad Johnson, alero de los Miami Heat, ganó el concurso de volcadas del All-Star de la NBA en Los Ángeles. Además del título, el evento —con cuatro jóvenes participantes— tuvo tres momentos destacados: un accidente que generó preocupación, una volcada perfecta y otra que muchos calificaron como “la peor volcada de la historia”.
Con la ausencia del triple campeón defensor Mac McClung, surgieron nuevos competidores: Jaxson Hayes (Los Angeles Lakers), Carter Bryant (San Antonio Spurs), Keshad Johnson (Miami Heat) y Jase Richardson (Orlando Magic). Johnson y Bryant avanzaron a la definición tras recibir las mayores puntuaciones del jurado.
La mejor volcada de la noche fue de Carter Bryant: recogió el balón tras un tiro, lo pasó entre las piernas y remató con potencia, logrando la única puntuación perfecta de 50. Johnson, por su parte, consiguió una volcada a una mano que obtuvo 49,2 puntos.
La ronda final resultó decisiva. Bryant intentó varias veces un mate desde medio campo con rebote en el tablero, pero la presión del tiempo influyó en su ejecución; en su último intento alcanzó 43 puntos. Johnson resolvió desde el fondo de la pista y recibió 47,8 puntos. La suma final dejó a Johnson con 97,4 frente a los 93 de Bryant.
El certamen también tuvo un momento de preocupación: Jase Richardson, hijo del ex campeón Jason Richardson, cayó durante un intento, golpeando el lateral del tablero. Su primer mate, una volcada inversa tras lanzar el balón, valió 45,4 puntos; la segunda, un potente 360, fue calificada con 43,4. Su total de 88,8 lo dejó fuera de la final. Tras la competencia declaró: “Solo quería participar en el concurso y hacerlo a mi manera, en lugar de que todo tuviera que ver con mi padre. Solo quería venir y pasarlo bien. Lo hice, y eso es todo lo que importa”.
Jaxson Hayes, por su parte, calculó mal su salto y ejecutó una volcada sin variantes, alejándose de la pelea por el título. El medio estadounidense Fox Sports calificó la acción como “la peor volcada de la historia” y varios aficionados en redes sociales coincidieron, considerando el nivel general de las exhibiciones.
Al consagrarse, Johnson reflexionó: “Es difícil inventar cosas nuevas en cada jugada, pero nadie hace mates iguales. Cada uno tiene su propio arte, que aplica a algo que probablemente ya haya hecho alguien más. Yo simplemente salgo y le pongo mi propio toque”.
En el concurso de triples, Damian Lillard, base de los Portland Trail Blazers, se coronó campeón por tercera vez consecutiva, igualando marcas de leyendas como Larry Bird y Craig Hodges. Lillard anotó 29 puntos en la ronda final disputada en el Intuit Dome de Inglewood.
Ocho participantes compitieron; solo tres avanzaron a la final: Devin Booker (Phoenix Suns) con 30 puntos, Kon Knueppel (Charlotte Hornets) con 27 y Lillard también con 27. En la definición Knueppel sumó 17, Booker 27 y Lillard se impuso en los segundos finales para quedarse con el título.
La jornada del All-Star también incluyó el regreso del torneo Kia Shooting Stars, que volvió tras una década y reemplazó al certamen de habilidades. El formato reúne equipos formados por dos jugadores activos de la NBA y una leyenda, y en esta edición los New York Knicks se consagraron campeones.
El formato del torneo contempla dos etapas: una ronda clasificatoria y una final. Cada equipo dispone de 1 minuto y 10 segundos para sumar la mayor cantidad de puntos posible desde siete posiciones señaladas en la cancha; cada jugador debe intentar al menos un tiro antes de avanzar a la siguiente zona. Los dos equipos con mejor puntaje pasan a la final, donde repiten el mismo proceso para definir al campeón.
En la fase inicial los Knicks lideraron con 31 puntos y avanzaron junto al equipo Cameron. En la final, el equipo integrado por Allan Houston, Jalen Brunson y Karl-Anthony Towns se impuso con 47 puntos, incluidos cinco tiros de 4 puntos; Brunson convirtió la canasta decisiva y Houston sumó uno sobre la bocina. Para Houston fue su segundo título en Shooting Stars, tras el obtenido en 2012.

