16 de febrero de 2026
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El genio atormentado del nylon y la chica de las piernas de un millón de dólares

En el último siglo, los plásticos han transformado profundamente los objetos y materiales de la vida cotidiana. Uno de los hitos de esa transformación fue la invención del nylon, una fibra sintética que cambió la industria textil y el consumo a escala global. Su aparición enlaza avances científicos con la biografía de Wallace H. Carothers, el químico que lideró su desarrollo.

La historia del nylon comienza en los laboratorios de DuPont, a fines de los años treinta. Wallace Carothers, nacido en Burlington, Iowa, en 1896, mostró desde joven interés por las ciencias. Tras estudiar química en Tarkio College y obtener el doctorado en la Universidad de Illinois, ejerció la docencia en Harvard antes de ser contratado por DuPont para dirigir investigaciones sobre polímeros sintéticos.

En 1928 DuPont le ofreció a Carothers instalar un laboratorio de investigación pura en Wilmington, Delaware. Allí destacó por su capacidad para crear materiales novedosos, alejados de la dependencia de materias primas vegetales que caracterizaban a los semisintéticos, como el rayón o el celofán.

Antes del nylon, las fibras semisintéticas derivadas de la celulosa presentaban limitaciones: el rayón, por ejemplo, resultaba demasiado rígido y brillante para reemplazar con éxito a la seda en muchas prendas. El nylon representó un avance cualitativo porque surgió de la manipulación de compuestos químicos básicos y no de la transformación directa de materiales vegetales.

La síntesis del nylon se basó en la reacción entre hexametilendiamina y ácido adípico, que al combinarse forman largas cadenas poliméricas. Esas cadenas podían estirarse en filamentos resistentes y elásticos, adecuados para competir con fibras naturales en aplicaciones textiles.

El logro esencial fue crear la primera fibra completamente sintética y de uso práctico. A diferencia de los semisintéticos, el nylon no dependía de las características del material de origen, lo que permitía controlar su estructura y propiedades desde el laboratorio.

Carothers y su equipo obtuvieron logros previos, como el neopreno en 1931, un caucho sintético derivado del vinilacetileno con prestaciones superiores al caucho natural en ciertos usos. También desarrollaron poliésteres y poliéteres que condujeron finalmente a la producción industrial de la poliamida conocida como Nylon 66.

El primer uso masivo del nylon fue en la confección de medias femeninas. A medida que la moda dejó al descubierto más parte de las piernas, aumentó la demanda de medias que fueran resistentes, económicas y estéticas; el nylon cumplió esos requisitos.

Las medias de nylon se lanzaron oficialmente en Estados Unidos el 15 de mayo de 1940, a un precio de 1,15 dólares por par. La acogida del público fue inmediata y en muchas tiendas el stock se agotó en pocas horas. En su primer año en el mercado se vendieron millones de pares.

La fibra se convirtió pronto en símbolo de modernidad y permitió que prendas antes reservadas a clases acomodadas fueran más accesibles. En ese primer año DuPont produjo millones de libras de nylon y registró ventas significativas, consolidando la relevancia comercial del material.

La Segunda Guerra Mundial cambió drásticamente el destino del nylon. Desde 1942 gran parte de la producción se destinó al esfuerzo bélico, y las medias pasaron a ser artículos escasos. El nylon reemplazó a la seda en paracaídas y se empleó en cuerdas, hamacas, chalecos antibalas, depósitos de combustible para aviones y mosquiteros, entre otros usos militares.

La importancia estratégica de la fibra le valió apodos como “la fibra que ganó la guerra”. La falta de medias generó un mercado ilegal y situaciones insólitas, como trueques y recursos imaginativos por parte de las consumidoras para simular el aspecto de las medias.

El nylon trascendió la moda y se instaló en la cultura popular. Celebridades y campañas públicas contribuyeron a su aura, y en algunas ciudades el lanzamiento comercial originó largas colas y episodios de gran afluencia de público en busca del nuevo producto.

Tras el conflicto bélico, el nylon se diversificó en cientos de aplicaciones: cepillos de dientes, peines, cuerdas, hilos y componentes industriales. Su adopción mostró cómo la investigación química podía diseñar materiales con propiedades concretas para usos cotidianos.

La producción industrial de fibras sintéticas contribuyó a la democratización del confort: objetos y prendas que antes eran costosos o artesanales se volvieron accesibles para un público más amplio gracias a la fabricación en serie.

Carothers y su tragedia

A pesar de sus éxitos profesionales, la vida personal de Wallace Carothers estuvo marcada por la depresión. Desde joven sufrió episodios de inestabilidad emocional, agravados por las presiones del trabajo en investigación y por pérdidas personales, como la muerte de su hermana en 1937.

Aunque llegó a registrar numerosas patentes y a dirigir descubrimientos relevantes, Carothers mantuvo dudas y un profundo malestar. En abril de 1937 puso fin a su vida en un hotel de Filadelfia mediante la ingestión de cianuro de potasio.

La comunidad científica reconoció su contribución a la química orgánica. En 1939 la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos destacó la importancia de sus aportes y su reputación internacional en un periodo productivo relativamente breve.

La primera patente relacionada con las investigaciones que condujeron al nylon se solicitó en 1931 y fue publicada en 1936; una solicitud adicional se publicó el 16 de febrero de 1937, reflejando el proceso de protección intelectual que acompañó el desarrollo del material.

Según una de las historias sobre el origen del nombre, “Nylon” provendría de las iniciales de Nueva York y Londres, ciudades vinculadas a la investigación y comercialización del polímero; sin embargo, existen varias versiones sobre cómo se eligió la denominación.

El éxito comercial del nylon reforzó el liderazgo de DuPont en la industria química y textil del siglo XX, y la empresa capitalizó la innovación para ampliar la oferta de materiales sintéticos en el mercado.

Hoy el nylon es un componente habitual en prendas, utensilios, dispositivos médicos y numerosos artículos industriales. Su uso ilustró la capacidad de la ciencia para crear materiales a la medida de necesidades concretas.

No obstante, el auge de los plásticos también ha mostrado efectos secundarios: con el tiempo surgieron preocupaciones por la acumulación de residuos plásticos y su impacto ambiental, lo que ha llevado a buscar soluciones para reducir, reutilizar y gestionar mejor estos materiales.

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