Desde hace casi veinte años, la comunidad científica mantiene un debate intenso sobre cuál fue el primer grupo en el árbol de la vida animal. La discusión enfrenta interpretaciones genéticas, evidencia paleontológica y principios evolutivos alrededor de si las esponjas o los ctenóforos (también llamados comb jellies) ocupan la posición basal del reino Animalia.
El debate sobre cuál fue el primer grupo animal: esponjas o ctenóforos
Durante décadas, la visión predominante situaba a las esponjas —organismos sésiles sin músculos, neuronas ni tejidos altamente diferenciados— como la rama más antigua de los animales. En 2008, sin embargo, un estudio genómico que incluyó por primera vez datos de ctenóforos propuso que estos depredadores translúcidos con nervios y músculos podrían ser los primeros del linaje animal, lo que quebró el consenso previo y encendió una polémica sobre el origen de la complejidad animal.
La hipótesis de los ctenóforos desafía la idea de una evolución lineal y acumulativa de rasgos complejos y plantea que características como sistemas nerviosos y musculares podrían haber emergido de forma independiente varias veces o haberse perdido en grupos derivados como las esponjas.
El origen y la aparición de los primeros animales multicelulares
Los primeros animales multicelulares surgieron hace entre 600 y 800 millones de años, marcando el paso de formas unicelulares a organismos compuestos por células diferenciadas que interactúan. En ese período breve en términos geológicos emergieron cinco grandes linajes: las esponjas, los ctenóforos, los placozoos, los cnidarios (medusas y anémonas) y los bilaterales (grupo que incluye a la mayoría de los animales complejos, incluidos los humanos).
Las evidencias fósiles de esos orígenes son escasas y a menudo ambiguas, por lo que resolver qué rama fue la primera y cómo eran sus descendientes es esencial para reconstruir la anatomía y la biología de esos antepasados remotos.
El papel de la genética y la genómica en el debate sobre el árbol evolutivo animal
Los avances en secuenciación a principios de los 2000 permitieron comparar miles de genes en muchas especies, y el estudio de 2008 que incorporó genomas de ctenóforos presentó resultados que situaban a estos animales en la base del árbol animal, desplazando a las esponjas. Desde entonces se publicaron numerosos estudios: algunos apoyaron la posición basal de los ctenóforos y otros reafirmaron a las esponjas como el linaje más antiguo.
La controversia se debe en parte a que los ctenóforos poseen tejidos y estructuras complejas que faltan en otros grupos tempranos, lo que obliga a contemplar escenarios de evolución convergente de la complejidad o de pérdida secundaria de rasgos en linajes como esponjas y placozoos.
La disputa entre disciplinas científicas y la segregación de enfoques
El debate se ha intensificado por la división entre disciplinas. Investigadores de zoología y biología del desarrollo tienden a favorecer la hipótesis de esponjas por su ajuste a un modelo de adquisición gradual de complejidad, mientras que muchos especialistas en genómica aceptan con más facilidad que rasgos complejos puedan surgir y desaparecer repetidamente, lo que facilita la interpretación en favor de los ctenóforos. Esta separación de enfoques ha convertido en ocasiones el intercambio científico en confrontación más que en diálogo colaborativo.
La dificultad técnica y conceptual para rastrear el origen animal a partir de datos genéticos recientes
Reconstruir el origen de los animales a partir de genomas actuales es extremadamente desafiante: la señal que distingue a la rama basal está erosionada por cientos de millones de años de evolución independiente y es débil. Es probable que la divergencia inicial entre esos linajes ocurriera en un intervalo muy breve —posiblemente menos de cinco millones de años—, insuficiente para acumular diferencias claras y duraderas.
Además, elecciones analíticas como la selección de grupos de referencia (outgroups) y los modelos de evolución genética afectan fuertemente los resultados. Por ello, pequeñas variaciones metodológicas pueden inclinar las conclusiones hacia una u otra hipótesis, y la comunidad reconoce que el problema sigue siendo complejo y abierto a nuevas evidencias y enfoques.


