La presencia de Zaira Nara en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 en Italia ofreció una visión de las tendencias de moda invernal, combinando estilo y funcionalidad. A través de sus publicaciones, la modelo y empresaria mostró a sus seguidores las elecciones de vestuario que hizo durante su estadía entre la nieve, la distancia familiar y el marco del evento deportivo.
Desde su llegada a Italia, Zaira compartió conjuntos pensados para temperaturas bajo cero sin sacrificar elegancia. Una de las imágenes más destacadas la muestra al aire libre, en un paisaje nevado, con un enterizo blanco térmico y ceñido, una campera marrón anudada a la cintura y una vincha de lana gruesa que añadía un detalle cálido y artesanal.
El look monocromático contrastó con el entorno blanco de la nieve y aportó continuidad visual. Su enfoque en la superposición de capas y el uso de tejidos técnicos es acorde a las condiciones extremas de los Alpes de Livigno, donde el termómetro marcó alrededor de -3 °C.
En una toma desde el interior de su alojamiento, la modelo mostró otra opción: top blanco de manga larga, short celeste y botas de nieve de caña alta, una combinación que mezcla comodidad y estética para ambientes cerrados pero fríos.
Para las salidas a las pistas eligió un enterizo rojo intenso, ajustado, acompañado por las mismas botas robustas ideales para la nieve y gafas oscuras que, además de aportar un aire urbano, protegen la vista en días de alta luminosidad. Ese conjunto destacó con fuerza frente al cielo azul y el paisaje nevado durante una jornada soleada.
Las localizaciones —Milán, Cortina d’Ampezzo y especialmente los Alpes de Livigno— influyeron en la selección de materiales, colores y texturas. En otra imagen aparece frente a la fachada de un hotel de montaña con un abrigo oversized estampado, bufanda de lana y pantalón ancho en tonos neutros, prendas adecuadas para nieve profunda y clima gélido.
Las actividades al aire libre, como caminatas y recorridos por las instalaciones olímpicas, demandaron una mezcla de moda funcional y estética. Materiales térmicos, botas impermeables y accesorios como vinchas, bufandas y gafas fueron clave para mantener estilo y protección en condiciones exigentes.
En una escena llamativa posó junto a un iglú de nieve con bikini negro, un abrigo largo y gafas oscuras; la imagen juega con el contraste entre la estética y la lógica térmica y se acompañó de bebidas de marca. Este tipo de fotografías subraya el aspecto lúdico y provocador de la moda en contextos poco convencionales.
Aunque estuvo lejos, la dimensión familiar fue central en su cobertura. Las videollamadas con sus hijos quedaron registradas en capturas que compartió: en una se ve a su hijo pequeño preguntando “¿Es de noche ahí, mamá?”, un gesto que refleja la curiosidad por los husos horarios y la necesidad de conexión.
En otra conversación, su hija le dice: “¿Me mostrás la nieve? Podemos volver juntas. Es muy lindo.” Esas frases y sonrisas muestran el vínculo afectivo que se mantiene pese a la distancia.
Las imágenes de las llamadas virtuales aportaron un contrapunto emocional al despliegue de moda y glamour: la maternidad, la nostalgia y la ternura formaron parte de la narrativa junto con la faceta profesional y estilística.

