21 de febrero de 2026
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Suecia y Serbia piden a sus ciudadanos abandonar Irán por riesgo de conflicto con EE. UU.

Suecia y Serbia pidieron este sábado a sus ciudadanos que salgan de Irán “lo antes posible”, citando una creciente inestabilidad y el riesgo concreto de un conflicto militar. Ambos gobiernos advirtieron que, si la situación empeora, su capacidad para asistir o evacuar a quienes permanezcan será muy limitada.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia subrayó la urgencia del llamado y señaló que todavía hay rutas aéreas y pasos fronterizos disponibles para salir. La ministra Maria Stenergard afirmó que quienes opten por quedarse lo harán bajo su propia responsabilidad y advirtió que, en caso de un deterioro, las autoridades no podrán realizar evacuaciones.

Desde Belgrado, el Ministerio de Exteriores de Serbia recomendó que “todos” sus nacionales abandonen Irán “lo antes posible”, debido a la escalada de tensiones y al posible empeoramiento de la seguridad en el corto plazo.

Estas advertencias se suman a las emitidas por otros países europeos. El primer ministro polaco, Donald Tusk, urgió el jueves a los polacos a dejar Irán de inmediato y advirtió que los mecanismos de evacuación podrían dejar de estar disponibles en cuestión de horas. La Embajada alemana en Teherán reiteró el viernes la importancia de salir ante la “situación extremadamente volátil y tensa” en la región.

Alemania mantiene desde noviembre de 2022 avisos de viaje por los riesgos asociados a la represión violenta tras manifestaciones masivas en Irán. Esta semana, un portavoz del Ministerio de Exteriores destacó las limitaciones para brindar asistencia consular si la crisis se agrava, y señaló que más de un centenar de alemanes siguen registrados como residentes en el país.

El aumento de las advertencias internacionales ocurre en el contexto del deterioro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán. El presidente estadounidense, Donald Trump, fijó un plazo de entre 10 y 15 días para que Irán alcance un acuerdo significativo sobre su programa nuclear, advirtiendo que, de no hacerlo, podrían ocurrir “cosas realmente malas”.

En respuesta, el embajador iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, aseguró en una carta oficial que Irán no busca la guerra, pero que responderá con acciones “decisivas y proporcionadas” ante una agresión militar, y sostuvo que todas las bases y activos hostiles en la región serían objetivos legítimos.

En las últimas dos semanas, Washington y Teherán mantuvieron conversaciones indirectas en Omán y Suiza que no lograron avances significativos, lo que elevó la tensión militar. Hace pocos días, Irán realizó un ejercicio con fuego real en el estrecho de Ormuz, incrementando la hostilidad en una ruta vital para el transporte internacional de petróleo.

Estados Unidos aumentó su presencia al enviar buques y aviones, incluidos el portaaviones USS Gerald R. Ford y cerca de cincuenta cazas modernos a la región, según fuentes militares y centros de análisis. Funcionarios de la administración Trump indicaron que prevén completar los despliegues necesarios a mediados de marzo, mientras advierten sobre la posibilidad de una acción armada si Irán no acepta nuevas condiciones.

Israel también reforzó sus preparativos ante la posibilidad de un ataque iraní en represalia por una intervención estadounidense. El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que el país está listo para responder con contundencia a cualquier agresión y advirtió que la reacción sería de tal magnitud que Teherán no podría anticiparla.

Las maniobras militares no se limitaron a los países occidentales: Irán y Rusia realizaron ejercicios navales conjuntos en el golfo de Omán y el océano Índico, con prácticas de fuerzas especiales y advertencias sobre el posible uso de misiles antibuque. Estos ejercicios coincidieron con alertas para la aviación y movimientos navales en rutas estratégicas.

En el plano interno, Irán sigue bajo presión social tras las masivas protestas de enero, reprimidas con violencia. Los actos conmemorativos por los 40 días de la muerte de manifestantes han reavivado la tensión, con cánticos de protesta y advertencias oficiales sobre posibles nuevas movilizaciones.

Mientras tanto, la situación se complica para europeos y otros extranjeros en Irán. Las opciones para salir —por aire o por tierra— comienzan a reducirse debido al despliegue de fuerzas y al empeoramiento de la seguridad. Los gobiernos insisten en que, en caso de una crisis militar, será casi imposible garantizar evacuaciones y protección consular.

El temor y la inquietud aumentan entre los residentes extranjeros en Irán, mientras la ventana para salir se estrecha y la posibilidad de recibir ayuda internacional disminuye frente al riesgo real de un enfrentamiento abierto.

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