El Parlamento de Italia está debatiendo una iniciativa que podría transformar la relación del país con los equinos. El proyecto, presentado por Michela Vittoria Brambilla, propone reconocer a caballos, burros y mulas como mascotas, lo que implicaría prohibir su sacrificio y el consumo de su carne.
Brambilla, que también preside una asociación por los derechos de los animales, afirma que la propuesta busca promover un cambio cultural profundo.
La diputada, miembro del partido Noi Moderati y de la coalición de gobierno de Giorgia Meloni, sostiene que “los equinos siguen siendo explotados de diversas maneras” y que “los amigos no se comen”, en alusión a la necesidad de revisar la percepción social sobre estos animales.
Según Brambilla, la ley sería “una oportunidad extraordinaria para lograr un cambio cultural que ya es querido por la mayoría de los italianos”, según informan The Guardian y Wanted in Rome.
El texto reconoce no sólo el papel tradicional de los equinos en la agricultura y el transporte, sino también su creciente función como compañeros en el deporte, la terapia y la vida familiar. Sus defensores argumentan que es momento de alinear la normativa con la empatía y la ética mayoritarias en la sociedad.
Medidas complementarias para el proyecto
La propuesta contempla sanciones severas para quienes infrinjan la prohibición del sacrificio de caballos, burros y mulas con fines de consumo humano. De aprobarse, podría imponerse hasta tres años de prisión y multas de hasta 120.000 USD (100.000 €) a los responsables de la matanza de equinos.
Además de las penas, el proyecto incorpora medidas para la protección y control de los animales, entre ellas la implantación obligatoria de microchips y la creación de un sistema nacional de seguimiento para asegurar la trazabilidad y el bienestar de los animales.
Para facilitar la transición de quienes dependen económicamente de la industria, el plan prevé la creación de un fondo de 7 millones de USD (6 millones de euros) destinado a ayudar a los criadores a adaptar sus actividades a la nueva normativa, según The Guardian.
Por ahora, la propuesta cuenta con respaldo transversal en el Parlamento, con apoyos tanto en la coalición de gobierno como en sectores de la oposición. Las adhesiones de distintas bancadas reflejan la sensibilidad del debate sobre los derechos de los animales.
Wanted in Rome señala que organizaciones como la Internacional para la Protección Animal (OIPA) subrayan las complejidades cognitivas y emocionales de los caballos, que justificarían una protección especial. Estos grupos abogan por redefinir la relación social con los equinos, priorizando su bienestar y su papel como compañeros.
Desde la tradición equina al panorama actual
La carne de caballo ha formado parte durante siglos de la gastronomía en regiones como Apulia, Campania, Sicilia, Lombardía, Véneto y Emilia-Romaña. Platos tradicionales como la brasciola di cavallo, las albóndigas y recetas con carne son parte de la identidad culinaria en ciudades como Verona, el Salento y Catania.
A pesar de esa tradición, el consumo ha disminuido notablemente en la última década: datos del instituto nacional de estadística Istat indican que los equinos sacrificados en Italia pasaron de más de 70.000 al año en 2012 a alrededor de 22.000 en 2024.
Italia sigue entre los mayores importadores y consumidores de carne de caballo en Europa, pero la tendencia es a la baja, impulsada tanto por factores culturales como por una creciente preocupación ética entre la población.
Varias encuestas corroboran el cambio de percepción respecto al consumo de equinos. Un estudio de Ipsos de mayo de 2025 señala que sólo el 17 % de los consumidores come carne de caballo al menos una vez al mes.
Entre quienes han dejado de consumirla, el 42 % aduce motivos de empatía hacia los animales y el 31 % considera a los equinos como mascotas, lo que evidencia una transformación en su estatus social.
Otro sondeo citado por The Guardian muestra que el 83 % de los italianos no consume carne de caballo, respaldando la afirmación de Brambilla sobre el apoyo mayoritario a un cambio cultural en este ámbito.
En conjunto, estos datos apuntan a una tendencia clara: la caída del consumo responde tanto a factores culturales como a campañas de concienciación y al activismo en favor de la protección de los equinos, que han puesto este tema en el centro de la agenda pública.

