El portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford, el mayor del mundo, cruzó el estrecho de Gibraltar el viernes y entró en el mar Mediterráneo. Este movimiento forma parte de lo que se describe como el mayor despliegue aéreo y naval que Estados Unidos ha concentrado en Oriente Medio desde 2003. Al mismo tiempo, el presidente Donald Trump declaró que contempla la posibilidad de un ataque militar limitado contra Irán si fracasan las negociaciones sobre su programa nuclear.
La AFP fotografió al buque al pasar por el estrecho que une el Atlántico con el Mediterráneo, donde desde finales de enero ya opera el portaaviones USS Abraham Lincoln. La presencia simultánea de dos grupos de ataque de portaaviones en la zona incrementa de forma notable la capacidad ofensiva y defensiva de Estados Unidos frente a las costas iraníes.
Al ser consultado por la prensa sobre si contemplaba una acción militar limitada en caso de que Irán no alcanzara un acuerdo, Trump no descartó esa opción y dijo: “Lo máximo que puedo decir es que lo estoy considerando”.
El Gerald R. Ford llega al Mediterráneo tras una intensa actividad en el hemisferio occidental. Según distintos informes, el portaaviones participó en despliegues vinculados a acciones en la región el 3 de enero que involucraron a Venezuela y, posteriormente, en operaciones contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, que según esas fuentes dejaron decenas de fallecidos.
Su llegada se inserta en un despliegue militar sin precedentes recientes. En las últimas semanas, Washington ha enviado a la región una concentración inusual de aviones de combate F-35, F-22 y F-16, junto con sistemas avanzados de defensa aérea como Patriot y THAAD; además se han desplegado más de 50 aeronaves de combate adicionales, decenas de aviones cisterna y la Armada mantiene alrededor de 13 buques en el área. Los bombarderos estratégicos B-2 y otras aeronaves de largo alcance están en alerta máxima en bases de Estados Unidos y en la base conjunta de Diego García, en el océano Índico, según comunicaciones oficiales y reportes.
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Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han rechazado el uso de su espacio aéreo para operaciones ofensivas estadounidenses, lo que ha concentrado gran parte de los aviones de combate en bases en Jordania. Aun con la magnitud del despliegue actual, Estados Unidos está movilizando una fracción de la fuerza empleada durante la invasión de Irak en 2003, cuando se utilizaron seis portaaviones y hasta 1.300 aeronaves de combate.
La administración de Trump aparece dividida sobre el alcance de una eventual intervención militar. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reconoció que Washington y Teherán siguen “muy distanciados en algunos temas” y sostuvo que la diplomacia es la primera opción del presidente, aunque advirtió sobre consecuencias severas si Irán no abandona de manera inmediata el enriquecimiento de uranio.
El enviado especial Steve Witkoff afirmó el sábado que, según su evaluación, Irán podría estar a aproximadamente una semana de poder producir material de uranio enriquecido apto para uso bélico si lograra reconstruir rápidamente infraestructura nuclear que, según reportes, fue destruida en junio de 2025 en una operación conjunta entre Israel y Estados Unidos. Por su parte, estimaciones oficiales de Washington y Tel Aviv sostienen que Teherán necesitaría al menos dos años para recuperar esa capacidad.
Paralelamente, Israel ha intensificado sus preparativos ante la posibilidad de un conflicto. El primer ministro Benjamín Netanyahu ha presionado a Washington para que actúe antes de que, según su criterio, Irán consolide la capacidad de lanzar misiles contra territorio israelí, y las fuerzas armadas israelíes han adelantado reuniones del gabinete de seguridad para coordinar acciones conjuntas con Estados Unidos.

