23 de febrero de 2026
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André Larané: Macron y la acomodación a la decadencia de Francia

Periodista e historiador, André Larané fundó en 2004 el sitio Herodote.net, dedicado a la divulgación histórica. Ha publicado varios manuales y cronologías, entre ellos Grandes fechas de la historia de Francia, y un libro reciente titulado Nuestra herencia: lo que Francia le aportó al mundo (L’Artilleur, 2022).

Larané sostiene que el desapego de ciertas élites hacia Francia y su historia dificulta la integración de inmigrantes recientes. Critica la adopción acrítica de modelos culturales y económicos extranjeros por parte de una clase dirigente, y denuncia decisiones económicas y urbanísticas que, según él, afectan al patrimonio y a los servicios públicos.

Su preocupación por el declive relativo de Francia lo ha llevado a escribir no solo sobre historia, sino también sobre la política y la situación contemporánea del país.

En esta entrevista con Infobae, Larané amplía y contextualiza esas reflexiones.

— Le leo un párrafo suyo reciente: “Durante mucho tiempo, el historiador y periodista que soy se ha preguntado por el misterio por el cual un presidente joven, atractivo, carismático y muy inteligente pudo, durante una década, acomodarse a la lenta decadencia de su país…”. En su balance de la era Macron usted relaciona la pérdida de relevancia de Francia con la visión europeísta y con la biografía del presidente. ¿Puede resumir esa biografía?

— Emmanuel Macron es el presidente más joven de la República Francesa, elegido en 2017 y reelegido en 2022. Nacido en 1977, creció en un contexto de transformación europea y demográfica: la Unión Europea avanzaba hacia propuestas postnacionales y, desde los años setenta, la fecundidad descendía en los países desarrollados, acompañado de flujos migratorios hacia zonas con menor crecimiento demográfico.

— ¿Hay en Macron voluntad de ruptura con la historia y la cultura tradicional?

— Macron no ha mostrado un apego marcado por el patrimonio, las artes o la historia europea; por el contrario, muestra familiaridad con la cultura anglosajona y el inglés, y participó en redes transatlánticas como los Young Leaders de la French-American Foundation.

— ¿No siente nostalgia por la Europa histórica?

— No parece. Macron se formó en la época de la ampliación europea tras el Acta Única y Maastricht y se identifica con una visión federalista que busca superar los Estados-nación tradicionales.

— Ha hablado de un ascenso casi providencial de Macron. ¿A qué se refiere?

— Procedente de la burguesía provincial, con una trayectoria académica destacada, Macron tuvo apoyos y oportunidades clave: pasó por la ENA, fue inspector de finanzas, colaboró con Jacques Attali, trabajó en Rothschild y, tras la elección de Hollande en 2012, accedió a puestos cercanos al poder. No transitó por las campañas locales tradicionales.

— ¿El ministerio de Economía fue el último peldaño?

— En agosto de 2014, con 36 años, fue nombrado ministro de Economía en el gobierno de Manuel Valls y dimitió en 2016 para lanzar su candidatura presidencial.

— Su trayectoria se benefició además de percances de sus rivales.

— Efectivamente: factores externos como el escándalo que afectó a François Fillon, la retirada de Alain Juppé y el apoyo de François Bayrou contribuyeron a abrirle el camino. Macron se presentó como el único candidato claramente europeísta y maastrichtiano entre los principales aspirantes.

— Usted lo califica como representante de una generación postnacional. ¿Por qué?

— Durante la campaña, Macron afirmó que “no hay cultura francesa, hay una cultura en Francia”, una postura que refleja su énfasis en la diversidad y su distanciamiento de una visión nacionalista cultural. Su formación y sensibilidad lo sitúan entre quienes privilegian modelos y prácticas globales sobre las tradiciones nacionales.

— ¿Y cómo se tradujo eso una vez en el poder?

— Su estilo y sus decisiones exteriores e interiores se ajustaron a esa visión. Su investidura en el patio del Louvre en 2017 incluyó símbolos europeos; en 2018 rechazó el Plan banlieues argumentando que no correspondía a “dos hombres blancos” resolver esos problemas, una posición inédita en el contexto político francés tradicional.

— ¿Qué papel quisó jugar en Europa?

— En septiembre de 2017 pronunció en la Sorbona un discurso a favor de “una Europa soberana, unida, democrática”. Larané señala una contradicción semántica y de proyecto entre la idea de soberanía y la de una integración federal al estilo estadounidense, proponiendo una soberanía europea distinta de la independencia nacional tradicional.

— ¿Puede precisar la diferencia entre independencia y soberanía en este contexto?

— La soberanía, en una democracia, reside en el pueblo que elige y legisla. Imponer una soberanía supranacional por encima de la voluntad popular estatal resultaría contradictorio. Los Estados europeos mantienen especificidades sociales y fiscales que los diferencian entre sí a pesar de la integración comunitaria.

— Es la diferencia entre la Unión Europea y los Estados Unidos, según usted.

— Sí. En Estados Unidos hay una identidad y un interés estratégico compartidos entre todos los estados, además de una redistribución fiscal y de recursos. En la UE existen enfoques y sistemas nacionales distintos; la comparación con la federación estadounidense no es homogénea.

— ¿Cree que Macron promueve políticas que debilitan el Estado-nación francés?

— Larané considera que algunas decisiones de Macron han reducido la autonomía francesa: sacrificó la central de Fessenheim, recortó presupuestos militares y afrontó tensiones con jefes militares; también destaca cambios en la relación con África y en la francofonía, como la cesión de la secretaría general de la OIF a Ruanda.

— ¿Qué opina del cierre de la ENA, institución donde se formó?

— El cierre de la ENA y su reemplazo por el Instituto Nacional del Servicio Público representan, para Larané, una reforma de instituciones históricas del Estado. Añade preocupaciones por el deterioro de indicadores económicos e industriales, el crecimiento de déficit y el descenso de la fecundidad en la última década, con más defunciones que nacimientos en 2025.

— ¿Se han tomado medidas para contrarrestar esos problemas demográficos y económicos?

— El presidente intentó reformar las jubilaciones y, ante resistencias, suspendió la reforma. Larané advierte que una austeridad más estricta podría volverse inevitable y que propuestas como la mutualización de la deuda europea podrían conllevar una tutela financiera por parte de instituciones europeas, con consecuencias para la soberanía nacional.

— En su opinión, los esfuerzos de Macron por recuperar protagonismo internacional han sido limitados.

— Durante su presidencia, Francia ha tenido dificultades para mantener su voz y estatus de potencia, en un escenario mundial marcado por la influencia cultural y económica estadounidense y por una bipolarización geopolítica que dificulta la autonomía europea.

— ¿Cómo afectaron las relaciones con Estados Unidos, por ejemplo en el caso de los submarinos?

— En 2021 Australia canceló un contrato con Francia para optar por submarinos estadounidenses en el marco de la alianza Aukus, lo que supuso un revés para la presencia francesa en el Pacífico y un golpe a la industria francesa.

— ¿Y en África?

— Francia ha perdido influencia en varias regiones africanas donde antes mantenía una presencia importante; países y gobiernos han buscado otras alianzas, incluso con actores como Rusia y China, lo que refleja un retroceso de la posición francesa.

— ¿Qué efecto tuvo el retorno de Donald Trump en la escena internacional?

— La política de repudiar acuerdos por parte de Estados Unidos evidenció, para Larané, la limitación de la autonomía europea. Las decisiones unilaterales de aliados poderosos pusieron de manifiesto la dependencia estratégica y la pérdida de soberanía efectiva de algunos Estados europeos.

— ¿Tiene solución la situación de lo que usted llama “servidumbre voluntaria”?

— Larané considera que la situación es reversible en parte: Francia conserva atributos que la hacen indispensable en la UE y, si un presidente lo desea y es respetado internamente, todavía puede influir en los asuntos europeos. Pero advierte que, sin una respuesta política sólida, la integración profunda que promueven algunas élites podría consolidarse y limitar más la autonomía nacional.

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