El presidente Javier Milei celebró la aprobación de la reforma laboral en el Senado apenas segundos después de que concluyera la sesión. La medida se convirtió en ley tras obtener 42 votos a favor, 28 en contra y 2 abstenciones.
“HISTÓRICO. Tenemos modernización laboral. VLLC!”, publicó el jefe de Estado en la red social X. El siguiente paso es la promulgación mediante el Boletín Oficial.
Con esto se completó el recorrido legislativo de la reforma, que había comenzado en el Senado al inicio de las sesiones extraordinarias. En esa primera votación la iniciativa había recibido 42 votos a favor y 30 en contra.
Cuando el proyecto pasó a la Cámara de Diputados, corrió el riesgo de fracasar debido al rechazo de bloques aliados por cambios relacionados con el régimen de licencias médicas propuesto por el Gobierno.
Las diferencias surgieron al revisar los artículos 44 y 108, donde se planteaban modificaciones para reducir el pago del salario a empleados con licencia médica.
En casos de accidente o enfermedad no laboral, el trabajador tenía derecho a percibir parte de su sueldo durante el período de incapacidad. Si la imposibilidad de trabajar derivaba de una conducta voluntaria y consciente que implicara riesgo para la salud, el salario se reduciría al 50%: por tres meses cuando no había personas a cargo y por seis meses si el trabajador tenía familiares a su cargo.
En cuanto a la recaída de una enfermedad crónica, se consideraría como nuevo episodio únicamente si habían transcurrido más de dos años desde la última manifestación.
Si el accidente o la enfermedad no resultaban de una conducta voluntaria, correspondía cobrar el 75% del salario, manteniéndose los mismos plazos según la carga familiar. Ese derecho se mantenía incluso si el empleador suspendía al trabajador por motivos económicos o disciplinarios durante la incapacidad.
Ante la posibilidad de que la reforma quedara estancada en Diputados, el Gobierno decidió renunciar a esa modificación y eliminarla. La sesión del 19 de febrero terminó con 135 votos afirmativos y 115 en contra.
Según el reglamento, la modificación del texto original debía devolverse a la cámara de origen, en este caso el Senado, donde podían aceptar las enmiendas o insistir en el texto original.
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