26 de marzo de 2026 – 07:00
El conflicto en Irán ha vuelto a poner en valor a la renta fija como opción para incrementar las reservas internacionales. El aumento del precio del petróleo junto con mayores perspectivas inflacionarias obliga a revisar las expectativas sobre las tasas de interés a nivel global.
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Al mismo tiempo, los rendimientos a largo plazo se mantienen notablemente elevados. El bono del Tesoro estadounidense a 5 años rinde cerca del 3,9% y el de 10 años supera el 4,2%. “Para los bancos centrales que segmentan claramente sus tramos de inversión, esto plantea si la parte media de la curva merece una atención renovada”, comenta Abad. Históricamente, el tramo de 3 a 7 años ha sido considerado un punto de equilibrio en muchas carteras de reserva, ya que suele ofrecer mayor carry que las letras y bonos a corto plazo, al tiempo que reduce parte de la volatilidad asociada a los vencimientos muy largos en períodos de incertidumbre inflacionaria. Dado que los mercados energéticos vuelven a influir fuertemente en la macroeconomía, ese tramo intermedio podría ser útil de reconsiderar en la construcción de carteras.
Otro aspecto recurrente en las conversaciones con gestores de reservas es el rol de los bonos indexados a la inflación. Durante la última década, los rendimientos reales bajos o negativos limitaron su atractivo para muchas carteras oficiales. Hoy, los rendimientos reales de los TIPS a 5 y 10 años son positivos, con rendimientos reales a 10 años alrededor del 1,9%. Esto significa que la decisión ya no es solo elegir entre protección frente a la inflación o ingresos reales: ambos pueden coexistir. Para instituciones que evaluaron estos activos en el pasado pero no los implementaron, el entorno actual ofrece una oportunidad para reconsiderarlos.
La diversificación cambiaria también presenta diferencias respecto a años anteriores. Los rendimientos a corto plazo en dólares continúan siendo superiores a los disponibles en euros —la tasa de depósito a un día del BCE está cerca del 2%— mientras que las tasas a corto plazo en libras esterlinas se sitúan alrededor del 3,75%. Aunque esto no obliga a cambiar la composición de divisas de reserva, sí muestra que las dinámicas de ingresos entre las divisas de reserva ya no están tan alineadas como antes.
Para quienes invierten más allá de los bonos soberanos, los emisores supranacionales de alta calidad ofrecen un diferencial moderado frente a los Treasuries, manteniendo la calidad crediticia y la liquidez que demandan muchos marcos de reservas. El rendimiento adicional no es amplio, pero para carteras oficiales muy grandes, incluso pequeñas diferencias en el diferencial pueden traducirse en ganancias significativas con el tiempo.
Otro sector citado con frecuencia son los títulos respaldados por hipotecas de agencias (MBS). Históricamente, estos instrumentos dieron una ligera prima sobre los bonos del Tesoro como compensación por riesgos de prepago y convexidad. En el contexto actual, muchos cupones hipotecarios en circulación están muy por debajo de las tasas hipotecarias vigentes, lo que reduce los incentivos para la refinanciación y ha ralentizado los prepagos. Para los inversores, eso puede implicar flujos de efectivo más estables y menor riesgo de reinversión a corto plazo que en periodos de fuertes caídas de las tasas hipotecarias. Además, los MBS de agencias continúan apoyándose en la alta calidad crediticia respaldada por el Estado y en la profundidad y liquidez del mercado.
Inversiones a corto plazo
Algunos gestores de reservas están explorando crédito de grado de inversión a corto plazo para aumentar gradualmente los ingresos sin asumir riesgos excesivos. En la práctica esto suele traducirse en bonos corporativos de alta calidad con vencimientos entre uno y tres años, donde los diferenciales frente a los títulos gubernamentales son positivos pero la sensibilidad a las tasas es limitada. Como en cualquier exposición crediticia, los marcos de gobernanza, las exigencias de liquidez y la capacidad interna de gestión son claves. No obstante, cuando el crédito de alta calidad a corto plazo ofrece una ventaja modesta sobre la deuda soberana, se incorpora de forma natural al debate sobre diversificación en algunas carteras oficiales.




