Volodimir Zelensky escogió el aniversario de Bucha para lanzar una advertencia clara. Ante los ministros de Exteriores de la Unión Europea reunidos en esa localidad cercana a Kiev, afirmó que Rusia convenció a Washington de que podría tomar el control total del Donbás en dos meses, un plazo que Kiev interpretó como un ultimátum para retirar sus tropas del este.
“Lo que Rusia quiere y lo que sus socios están difundiendo es que el conflicto llegará a su fin cuando las tropas ucranianas se retiren del este”, dijo Zelensky, según la agencia pública ucraniana Ukrinform. Moscú habría fijado un plazo: en dos meses prometió completar la toma del Donbás, que engloba las regiones de Donetsk y Lugansk. La lógica que según el presidente sigue el Kremlin es que, si Ucrania se retira, la guerra termina; si no lo hace, las condiciones de cualquier acuerdo futuro serán más duras.
Rusia controla alrededor del 80% del Donbás —incluida la totalidad de Lugansk y cerca del 75% de Donetsk—, mientras que Ucrania mantiene posiciones en algo más de una quinta parte del territorio. Esa franja, fuertemente fortificada, constituye la principal línea defensiva ucraniana: su pérdida dejaría expuesto el interior del país a nuevas ofensivas. Zelensky también cuestionó las verdaderas intenciones de Moscú: si su objetivo fuera solo el Donbás, ¿por qué advertirían que podrían avanzar más allá? Para Kiev, el Kremlin utiliza ese territorio como palanca para exigir concesiones progresivas, sin renunciar a sus ambiciones a largo plazo.
La acusación recibió una réplica desde Estados Unidos. El senador Marco Rubio calificó de “mentira” la afirmación de que Washington condicionó las garantías de seguridad a la retirada del Donbás. Tras una reunión del G7 en París, Rubio sostuvo que las garantías entrarían en vigor una vez concluido el conflicto y que ello no implicaría exigir a Ucrania cesiones territoriales. “Nunca les hemos dicho que tienen que aceptarlo o rechazarlo. Nuestro papel ha sido averiguar qué quieren ambas partes”, añadió.
Zelensky mantuvo su versión. Más tarde precisó que la discrepancia no era sobre cuándo entrarían en vigor esas garantías, sino sobre cuándo se concederían: según la interpretación de Kiev, Washington indicó que ese momento llegaría solo después de una salida ucraniana del Donbás. La diferencia entre ambas lecturas refleja la tensión en las negociaciones y muestra cómo los mismos mensajes diplomáticos pueden interpretarse de formas incompatibles.
El contexto es el de Bucha, cuatro años después. El 31 de marzo de 2022, las tropas ucranianas reingresaron a la localidad tras la retirada rusa y hallaron centenares de civiles muertos en las calles o enterrados en fosas comunes; las imágenes conmocionaron al mundo y colapsaron las negociaciones de paz en curso. Este martes, cancilleres de doce países de la UE viajaron en tren a Kiev, encabezados por la alta representante Kaja Kallas, para conmemorar el aniversario y advertir que la guerra en Ucrania no puede quedar eclipsada por las recientes hostilidades en Oriente Medio. Esas tensiones han desplazado parte de la atención de Washington y amenazan con desviar recursos que Kiev necesita. “No podemos permitir que esta guerra se salga de la agenda”, dijo Kallas.
Rusia exige el control completo del Donbás; Ucrania se niega a ceder lo que aún controla. Washington, atrapado entre dos frentes, emite señales que Kiev y Moscú interpretan de manera opuesta. A medida que avanza el plazo de dos meses descrito por Zelensky, la distancia entre una paz posible y una guerra prolongada no parece haberse reducido.



