6 de abril de 2026
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Minutos de ejercicio intenso reducen riesgo de enfermedades graves

Unos minutos diarios de actividad física intensa —como subir escaleras rápidamente o correr para alcanzar el colectivo— pueden reducir de forma notable el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, artritis, infarto y demencia, entre otras enfermedades graves.

Un estudio internacional que siguió a más de 96.000 personas indica que las actividades que dejan sin aliento son considerablemente más eficaces que el ejercicio moderado para prevenir diversas afecciones crónicas.

La investigación, dirigida por especialistas de universidades y centros de salud pública de varios países y publicada en una revista médica de alto impacto, concluye que dedicar breves periodos diarios a ejercicio intenso protege frente a ocho enfermedades principales, como la enfermedad cardiovascular, la diabetes tipo 2, dolencias inflamatorias y el deterioro cognitivo.

Los resultados muestran que no es necesario acudir a un gimnasio ni seguir rutinas estructuradas: bastan pequeños episodios de alta intensidad integrados en la vida cotidiana para obtener beneficios claros y sostenidos.

El estudio utilizó datos del Biobanco del Reino Unido, en el que los participantes llevaron dispositivos inteligentes durante una semana para registrar la actividad física con precisión. Tras siete años de seguimiento se evaluó la aparición y la mortalidad asociada a enfermedades como la diabetes tipo 2, eventos cardiovasculares, artritis, psoriasis, trastornos respiratorios, hepáticos, renales y demencia.

Los voluntarios que acumularon más minutos de actividad intensa presentaron hasta un 63% menos de riesgo de demencia, un 60% menos de diabetes tipo 2 y hasta un 46% menos de mortalidad total en comparación con quienes no realizaron este tipo de ejercicio.

Beneficios concretos de la actividad física intensa

Los efectos protectores más evidentes se observaron en enfermedades inflamatorias como la artritis y la psoriasis, donde la intensidad del ejercicio fue el factor más asociado a la reducción del riesgo, por encima del volumen total de actividad. Para afecciones como la diabetes tipo 2 o la enfermedad hepática crónica, tanto la cantidad como la intensidad fueron relevantes, aunque la cantidad mantuvo un papel predominante.

Incluso episodios breves pueden marcar la diferencia: apenas 15–20 minutos semanales de actividad intensa —definida como aquella que deja sin aliento— se relacionan con mejoras significativas en indicadores de salud. Las actividades evaluadas no requieren gimnasio ni equipamiento especial; subir escaleras a paso rápido, caminar con energía o jugar activamente con niños fueron algunos ejemplos considerados en la investigación.

La actividad física intensa provoca respuestas fisiológicas que no se alcanzan con ejercicio moderado: el corazón mejora su eficiencia, los vasos sanguíneos ganan elasticidad y el organismo optimiza el uso del oxígeno.

Además, este tipo de esfuerzo contribuye a reducir la inflamación sistémica, un factor clave para explicar la protección adicional frente a enfermedades inflamatorias como la artritis y la psoriasis.

Los investigadores también señalaron que la intensidad puede estimular la producción de sustancias químicas cerebrales que favorecen la salud neuronal y disminuyen el riesgo de deterioro cognitivo y demencia a largo plazo. El beneficio se aprecia incluso con dosis mínimas y depende más de la proporción de esfuerzo dedicada a la “actividad que deja sin aliento” que de la duración total del ejercicio.

Cómo incorporar el ejercicio intenso en la vida cotidiana

Las recomendaciones tradicionales suelen centrarse en acumular minutos totales de actividad física, pero los científicos proponen priorizar breves periodos de intensidad distribuidos a lo largo del día. Caminar rápido, subir varios pisos por las escaleras o desplazarse a paso ágil para realizar gestiones son ejemplos prácticos que pueden integrarse fácilmente en la rutina.

En personas mayores o con condiciones de salud específicas, es importante adaptar la intensidad bajo supervisión médica. No obstante, cualquier aumento en el nivel de actividad física intensa aporta beneficios, y los expertos prevén que en el futuro las guías se personalicen según los riesgos individuales y la capacidad funcional de cada persona.

Incorporar pequeños momentos de esfuerzo vigoroso en la vida cotidiana, sin depender de gimnasios ni de rutinas deportivas complejas, puede ser suficiente para reducir el riesgo de enfermedades crónicas y sus consecuencias a largo plazo.

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