18 de abril de 2026
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Wojciech Solak: la desinformación será permanente en el espacio informativo

Wojciech Solak acumula más de diez años de trabajo contra la desinformación. Es director del Centro para la Democracia y la Resiliencia en el think tank europeo GLOBSEC y doctorando en el King’s College de Londres con una tesis sobre guerra informativa, lo que lo convierte en uno de los especialistas europeos en manipulación informativa e injerencia extranjera. Invitado por la Embajada de Polonia, participó en Buenos Aires en la 3.a Conferencia Internacional sobre Manipulación Informativa e Injerencia Extranjera y previamente se reunió con estudiantes en Rosario y Córdoba. “Es importante sacar esta conversación de las burbujas donde se suele discutir y llevarla a las comunidades locales”, explicó.

En diálogo con Infobae durante el evento, Solak describió un panorama preocupante: narrativas rusas orientadas a fracturar alianzas, redes de sitios que imitan a medios legítimos y una maquinaria propagandística que, con ayuda de la inteligencia artificial, puede producir volúmenes masivos de contenido sin intervención humana. “Vivimos en una época en la que tenemos que aceptar que la desinformación no va a desaparecer”, advirtió. “Será una característica permanente del espacio informativo”.

Para Solak, la experiencia polaca ofrece lecciones aplicables a la región. “Lo que vivimos en Polonia y en Europa Central es lo que esta región podría experimentar poco después”, dijo. “Países como Polonia funcionan como campo de pruebas: se prueba qué tácticas funcionan y, si tienen éxito, se reproducen en otros lugares, incluida América Latina”.

—¿La guerra de la información es una evolución de la propaganda tradicional o un fenómeno completamente nuevo?

—En Polonia este problema lleva más de una década y se intensificó desde 2014, tras los sucesos del Maidan y la anexión de Crimea. Desde entonces las narrativas maliciosas han crecido: no solo desinforman, sino que buscan generar caos y división social, aumentando la polarización entre distintos sectores de la población.

—¿Puede dar ejemplos concretos de esas narrativas rusas?

—Un ejemplo frecuente son las narrativas contra Ucrania y sus refugiados en Polonia —cerca de un millón de personas—, que los presentan como una carga: abusadores de ayudas sociales, causantes del aumento del delito o competidores laborales. Otra línea común retrata a Occidente como moralmente corrupto y a la UE y la OTAN como amenazas a la soberanía nacional, alimentando desconfianza hacia esas instituciones.

—¿Cuán efectivas son?

—En Polonia las narrativas anti-OTAN aún no han calado profundamente: el apoyo a la alianza sigue siendo alto. No obstante, es algo que hay que vigilar; si en los próximos años se observa un descenso del respaldo, es probable que esas campañas de desinformación estén teniendo efecto.

—¿Cómo miden si esas narrativas están logrando cambiar la percepción de la gente hacia la OTAN o la UE?

—En GLOBSEC ejecutamos el proyecto GLOBSEC Trends, que realiza encuestas periódicas sobre la percepción de la OTAN, la Unión Europea y la democracia. Al comparar datos en el tiempo podemos detectar cambios en la opinión pública. Si el apoyo a la OTAN disminuyera entre 2020 y 2025, por ejemplo, sería un indicador de que ciertas narrativas están arraigándose. Claro está, las encuestas son una herramienta imperfecta y no permiten atribuir cambios exclusivamente a la desinformación.

—¿Cómo ha cambiado la táctica rusa en esta década, y qué papel juega la inteligencia artificial?

—La inteligencia artificial ha reducido considerablemente el coste de producir desinformación. Un caso ilustrativo es la operación llamada Pravda: una red de alrededor de 87 dominios que ha producido millones de artículos —un volumen imposible de generar solo con humanos—, lo que señala el uso de IA. Las imágenes y otros contenidos generados por IA también son cada vez más difíciles de distinguir de los reales. Otro ejemplo es la operación Doppelgänger: sitios que clonan medios legítimos en diseño y estilo, diferenciándose únicamente por la URL, algo que muchos usuarios no comprueban al llegar desde buscadores. Rusia utiliza estas tácticas para aumentar la credibilidad y el alcance de la desinformación.

También es notable la sincronización de las campañas: antes, durante y después de cumbres de la OTAN se observa un aumento de narrativas anti-OTAN; suben unos días antes, alcanzan el pico durante la cumbre y luego disminuyen. Además, las narrativas suelen ser contradictorias entre sí —por ejemplo, culpar tanto a la OTAN como a Ucrania de provocar la guerra— con el objetivo de generar sobrecarga cognitiva y llevar a la población a concluir que resulta imposible saber la verdad.

—¿Qué pueden hacer los Estados para proteger a sus ciudadanos?

—La herramienta más poderosa del Estado es la educación. La resiliencia frente a la desinformación se construye en el tiempo e idealmente debe incorporarse desde la educación primaria: enseñar cómo funciona la desinformación, promover la higiene digital y explicar los mecanismos que emplean quienes la difunden. Además, la resiliencia exige actualizaciones constantes porque las tácticas evolucionan. Finlandia suele citarse como ejemplo por su modelo de defensa total, que abarca la preparación ante todo tipo de crisis, desde desastres naturales hasta ataques híbridos.

—Si un gobierno latinoamericano le pidiera consejo para proteger sus próximas elecciones, ¿por dónde empezaría?

—Lo primero es que el Estado empiece a comunicar sobre la amenaza con antelación y en alianza con actores locales: medios, ONG y personas influyentes. El mensaje no debe provenir únicamente del gobierno central, porque puede generar rechazo si existe desconfianza institucional. Informar a la población de que es probable que haya intentos de influencia externa ya es un primer paso. Otro elemento clave es la transparencia: cada vez que se detecte interferencia, hay que hacerla pública. Ocultar incidentes porque benefician a algún actor político mina la confianza ciudadana; la transparencia fortalece la credibilidad pública y contribuye a procesos electorales más justos.

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