4 de mayo de 2026
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Ataque al Sheffield: Exocet y vuelo rasante letal

En la mañana del martes 4 de mayo se ordenó un vuelo de reconocimiento sobre Puerto Argentino para evaluar si era seguro el ingreso de tres aviones Hércules que saldrían de Comodoro Rivadavia.

Se empleó un Lockheed Neptune tripulado por diez hombres, al mando del capitán de corbeta Ernesto Proni Leston. Estos aparatos, fabricados al final de la Segunda Guerra Mundial para tareas antisubmarinas, ya contaban con instrumentación de más de treinta años; a pesar de su antigüedad, aún operaban en el teatro de operaciones.

El Neptune despegó a las 4:05 con la misión de posicionarse al sudoeste de Puerto Argentino.

Las condiciones meteorológicas aquella jornada eran adversas: chaparrones, niebla, vientos fuertes y nubosidad densa que limitaban la visibilidad, factores que desaconsejaban volar pero que, a la vez, ofrecían ventajas tácticas al reducir la probabilidad de detección por parte del enemigo.

Para los británicos no fue un día eficaz. Antes del amanecer, un Vulcan lanzó bombas de mil libras para intentar inutilizar la pista de Puerto Argentino; el proyectil más cercano cayó a unos sesenta metros de la cabecera oeste, solo causando sobresalto entre la guarnición del regimiento de infantería 25.

Desde el portaaviones Hermes se enviaron tres Sea Harrier para atacar el aeródromo de los Pucará en Darwin: dos fueron derribados por la tercera sección de la Batería B del GADA 601 y un tercero lanzó una bomba y logró escapar.

Ante la intensidad de las misiones aéreas argentinas del 1 de mayo —57 salidas—, el vicealmirante John Sandy Woodward, comandante de la Task Force británica, optó por alejar la flota del alcance de los aviones argentinos.

Los buques se dispusieron en una formación defensiva contra ataques aéreos: los portaaviones Hermes e Invincible estuvieron protegidos por los destructores Sheffield, Coventry y Glasgow, apoyados por las fragatas Arrow, Yarmouth y Alacrity y el destructor Glamorgan. Tres embarcaciones menores se colocaron detrás para confundir los radares argentinos.

Desde el Hermes, el 4 de mayo no había indicios claros de un ataque inminente contra la flota.

El destructor Sheffield, botado en 1971, estaba armado con misiles Sea Dart, un cañón Vickers de 4,5 pulgadas y dos cañones de 20 mm. El buque tenía una tripulación de 288 hombres que llevaba cinco meses a bordo; había participado en maniobras en el Mediterráneo y su capitán era James Salt.

A las 6:05, el Neptune, que realizaba vuelos de búsqueda relacionados con el hundimiento del crucero General Belgrano, detectó por radar un buque enemigo a unas 90 millas y dos horas después confirmó que se dirigía hacia el norte. A las 8:45 el radar indicó tres blancos: dos medianos y uno grande; se reportó el hallazgo y se decidió atacarlo.

En la base de aviación naval de Río Grande la escuadrilla preparó el vuelo, definió el punto de reabastecimiento en el aire y estableció el perfil de ataque.

A las 9:00 comenzaron a alistar dos Super Étendard armados con misiles Exocet AM39. En 1979 Argentina había cerrado la compra de 14 Super Étendard a Dassault-Breguet y adquirió misiles Exocet; para fines de 1981 habían llegado cinco aviones, y el resto permanecía en Francia al estallar la guerra.

Francia había informado a Gran Bretaña que los misiles requerían una puesta a punto antes de ser disparados, pero técnicos argentinos lograron resolver los problemas pendientes para dejarlos operativos.

Cuatro Super Étendard estaban asignados a la II Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque en Río Grande, bajo el mando del capitán de navío Jorge Colombo; un quinto aparato se conservó para repuestos.

El avión 3-A-202 fue pilotado por el capitán de corbeta Augusto Bedacarratz, guía de la formación, y el 3-A-203 por el teniente de navío Armando Mayora; ambos habían volado juntos y tenían buena coordinación. Despegaron a las 9:30 entre vítores y apoyo de la tripulación.

Primero despegó Bedacarratz y diez segundos después Mayora. Los acompañó un Hércules destinado al reabastecimiento en vuelo.

Dos Mirage M-5 Dagger de la Fuerza Aérea les brindaron escolta durante un tramo, mientras dos Learjet del Escuadrón Fénix, aviones civiles sin armamento, volaron para aparecer en los radares británicos y distraer a los Harriers.

Los aviones volaron a ras del agua para evitar la detección por radar; la radio quedó apagada y la comunicación entre pilotos se realizó por señas mientras repasaban mentalmente los detalles de la misión planificada.

A unos 240 kilómetros al oeste de las Malvinas completaron el reabastecimiento con el Hércules KC-130 al mando del vicecomodoro Eduardo Pessana. El Neptune, tras informar la posición de dos buques medianos y uno grande, viró hacia el sur y regresó al continente.

Cuando, a unos 180 kilómetros del objetivo, descendieron de nuevo casi al ras del agua, lo hicieron sin escolta para preservar el factor sorpresa.

A unas 50 millas ascendieron a 2.000 pies sin encontrar al blanco y volvieron a bajar; veinte millas después subieron otra vez y detectaron un blanco grande y otro más pequeño. Bedacarratz ordenó que ambos atacaran el mayor.

La principal incertidumbre era el funcionamiento del misil. Prepararon los Exocet para impactar en el blanco mayor y treparon brevemente para confirmar la dirección con el radar, asumiendo el riesgo de ser localizados.

A 25 kilómetros del objetivo, Bedacarratz dio la orden de disparar a las 11:04. Por el ruido, Mayora no la escuchó y lanzó su misil al ver que lo hacía su compañero.

El Exocet tarda alrededor de un segundo y medio en desprenderse y encender su propulsión; ese intervalo resultó tenso y decisivo para los pilotos.

Los pilotos percibieron el retroceso cuando el misil, alojado bajo el ala derecha, se desprendió. El proyectil se lanzó a 550 nudos (cerca de 1.000 km/h) y voló a baja altura, unos 150 metros, para evitar sumergirse en el agua.

Tras el lanzamiento, ambos aviones viraron bruscamente a la derecha y emprendieron el regreso. El Hércules los esperaba para un nuevo reabastecimiento, pero informaron que tenían combustible suficiente.

En el Sheffield, un oficial de guardia observó por los binoculares un objeto brillante que se acercaba; primero exclamó “¡Torpedo!”, y otro oficial corrigió: “No, Exocet”.

La alta velocidad del misil permitió detectarlo solo segundos antes del impacto, tiempo insuficiente para más que ordenar “¡Cúbranse!”. El Exocet penetró por estribor en el compartimento dos, entró a unos cuatro metros por debajo de la cubierta y explotó hacia afuera y hacia arriba, afectando la cubierta 2 entre la cocina, la sala de máquinas auxiliar y la sala de turbinas delantera. Woodward señaló que la explosión dañó la estructura inferior del puente y llenó el centro del buque de un denso humo negro.

El otro misil habría caído al mar cuando se le acabó el combustible, aunque existen versiones que afirman que también impactó.

En cualquier caso, el impacto paralizó el buque.

Se declaró un incendio severo que afectó bombas de agua y resultó difícil de controlar. La cubierta alcanzó temperaturas perceptibles en los pies de la tripulación, la pintura se ampolló y el metal alrededor del boquete quedó rojo caliente. Se temió que las llamas alcanzaran la santabárbara donde se guardaban los misiles Sea Dart.

El humo negro, de olor penetrante, inundó el barco y varios tripulantes murieron por inhalación.

Ante el temor de un ataque submarino, desde el Glasgow se lanzaron cargas de profundidad.

Tras cinco horas de combate contra las condiciones y el fuego, se determinó que el buque era irrecuperable y se lo alejó de la formación; a las 17:50 el capitán ordenó su abandono. Seis días después, al intentar remolcarlo a las Georgias, el barco dio una vuelta de campana y se hundió. Fue el primer buque británico hundido en combate desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El Sheffield sufrió 20 muertos —a los que se sumó un herido que falleció días después— y 63 heridos. La fragata Arrow rescató a los sobrevivientes.

Los pilotos argentinos aterrizaron en Río Grande minutos después del mediodía sin confirmación inmediata del resultado. Agradecieron la asistencia del Neptune; la confirmación oficial del ataque llegó por la noche, cuando el vocero del Ministerio de Defensa británico, Michael Nicholson, lo anunció en el noticiero de la BBC, mostrando que la acción había demostrado que la campaña británica no sería tan sencilla como esperaban.

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