21 de mayo de 2026
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Revisar puertas y luces repetidamente: qué significa y cuándo preocuparse

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Volver a comprobar si la puerta quedó cerrada, tocar el interruptor para confirmar que la luz está apagada o verificar varias veces la hornalla antes de salir es algo habitual, sobre todo en días de prisa, cansancio o estrés. El problema surge cuando estas comprobaciones dejan de ser ocasionales y se transforman en conductas repetidas que generan angustia o retrasan la rutina.

Desde la psicología, este hábito se vincula a la búsqueda de certeza. La persona suele saber, en algún nivel, que realizó la acción (cerrar la puerta, apagar la luz), pero aparece una duda persistente —“¿y si no lo hice?”, “¿y si pasa algo?”— que la impulsa a revisar de nuevo. Esa verificación produce alivio momentáneo, pero la inseguridad vuelve con facilidad.

Cuando las revisiones son frecuentes y difíciles de controlar, los especialistas las describen como chequeos compulsivos. En el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), por ejemplo, las compulsiones son actos repetidos que la persona siente la necesidad de realizar para disminuir la ansiedad causada por pensamientos intrusivos; entre los ejemplos más habituales están revisar cerraduras, electrodomésticos, el gas o las luces.

No todo el que revisa varias veces tiene TOC. La diferencia está en la intensidad, la frecuencia y el impacto en la vida diaria. Revisar por prudencia antes de salir es distinto a no poder irse de casa, volver muchas veces, llegar tarde, pedir a otros que confirmen o experimentar angustia intensa aunque todo esté en orden.

El estrés también influye: en periodos de sobrecarga mental el cerebro puede registrar menos las acciones automáticas. Como cerrar la puerta o apagar la luz suelen ser gestos rutinarios, a veces se ejecutan casi sin prestar atención, y esa falta de registro alimenta la duda.

Cuándo revisar muchas veces puede ser una señal de alerta:
– Si necesitás chequear la puerta, la luz o el gas varias veces para sentir alivio.
– Si volvés sobre tus pasos aunque ya sabés que lo hiciste.
– Si el hábito te hace llegar tarde o te impide salir con tranquilidad.
– Si sentís ansiedad intensa cuando intentás no revisar.
– Si pedís a otras personas que confirmen por vos.
– Si sacás fotos o grabás videos para verificar después.
– Si la duda reaparece aunque tengas pruebas de que todo está bien.

En definitiva, revisar una vez puede ser una medida de cuidado; cuando la conducta se repite hasta ocupar tiempo, generar malestar o volverse difícil de frenar, es útil explorar la emoción subyacente. Con frecuencia, más que la puerta o la luz, lo que la persona intenta apaciguar es la ansiedad frente a la incertidumbre. Si la situación afecta significativamente la vida cotidiana, conviene consultar a un profesional de salud mental.

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