9 de junio de 2026
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Negociaciones en El Cairo sobre el desarme de Hamás estancadas

Las conversaciones entre facciones palestinas y mediadores en El Cairo, destinadas a negociar un final permanente de la guerra en Gaza, están encalladas en el punto más polémico: la entrega de armas por parte de Hamas. Fuentes palestinas dijeron a AFP que los contactos prosiguen “en un contexto de visiones claramente divergentes” y que el armamento es el principal obstáculo.

La reunión, iniciada el sábado, reúne a las principales facciones armadas de Gaza —entre ellas Hamas y la Yihad Islámica— y llegó a un acuerdo de principio: los grupos entregarían parte de su arsenal a una entidad palestina ad hoc aún por crear. Varias delegaciones esperaban que esta fórmula desbloqueara las negociaciones, pero la propuesta enfrenta dificultades porque Israel exige la desmilitarización total del territorio, empezando por Hamas.

Un segundo funcionario palestino consultado por AFP admitió “avances” pero puso énfasis en que el armamento es “uno de los asuntos más controvertidos” y trasladó la responsabilidad de los siguientes pasos a Israel y a los mediadores —Egipto, Catar y Turquía—. Las facciones palestinas insisten en que cualquier desarme debe ir acompañado de una “retirada completa israelí de la Franja”, condición que el plan actual hace inviable a corto plazo.

El marco de referencia es el plan de 20 puntos presentado por el presidente Donald Trump y respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que contempla la retirada total de las tropas israelíes solo en el largo plazo. Mientras tanto, Israel ha aumentado su presencia en Gaza: al entrar en vigor el alto el fuego, en octubre de 2025, controlaba alrededor del 53% de la Franja; en mayo el primer ministro Netanyahu reconoció que esa cifra había subido al 60% e instruyó al Ejército a avanzar hasta el 70%.

A pesar de la tregua nominal, los bombardeos israelíes continúan casi a diario. Cada parte culpa a la otra del estancamiento: Hamas acusa a Israel de incumplir compromisos humanitarios, y el gobierno israelí condiciona cualquier avance al desarme previo e incondicional de Hamas.

La posición de Hamas no es de rechazo absoluto, sino condicionada políticamente: el movimiento ha reiterado que podría entregar parte de su arsenal si eso se enmarca en un proceso político palestino más amplio. El exjefe del buró político Khaled Meshaal propuso una fórmula de “congelación” o “almacenamiento” de armas, que Israel rechazó. En marzo, los mediadores plantearon formalmente una propuesta de desarme gradual con entrega de armamento pesado en 90 días; Hamas no la aceptó.

Las conversaciones en El Cairo también reflejan la fragmentación del campo palestino: la Autoridad Palestina, dominada por Fatah y con sede en Ramala, no participó. Su ausencia subraya la dificultad para articular un gobierno unificado en Gaza, requisito que el propio plan Trump considera necesario para la segunda fase, junto con el despliegue de una fuerza internacional de estabilización.

El diplomático búlgaro Nickolay Mladenov, encargado de supervisar la implementación del acuerdo, advirtió a comienzos de junio que la falta de avances podría consolidar la “Línea Amarilla” —la demarcación militar israelí dentro del territorio— como una división permanente, dejando a dos millones de palestinos confinados en el tercio restante de la Franja.

El nudo del problema es una contradicción estructural: Hamas no aceptará desarmarse sin garantías políticas sobre la retirada israelí, y Israel no retrocederá sin que Hamas deponga las armas primero. Los mediadores llevan meses intentando diseñar una secuencia que concilie ambas demandas, pero hasta ahora no han encontrado una solución viable.

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