El delineado de ojos es una técnica central del maquillaje que define la expresión y puede aportar una apariencia más joven y fresca a la mirada.
No obstante, expertos advierten que ciertos errores al delinear pueden añadir años y restar luminosidad al rostro.
Su importancia radica en que la forma, el grosor, el color y el lugar donde se aplica el delineador modifican cómo se percibe la mirada: pueden abrirla, cerrarla, endurecerla o hacerla lucir cansada.
Los principales errores a la hora de delinear los ojos
Trazar una línea demasiado gruesa, por ejemplo, tiende a achicar el ojo y a dar una sensación de cansancio. Delinear completamente el contorno —tanto párpado superior como inferior— puede endurecer la expresión, acentuar ojeras y hacer que la mirada parezca más pequeña. No adaptar el estilo al tipo de ojo es otro fallo habitual: copiar tendencias sin considerar la estructura individual puede ser contraproducente. Abusar del delineador negro, en especial en lápiz, puede marcar líneas finas y endurecer la mirada. El cat-eye exagerado —muy largo o grueso— puede distorsionar las proporciones faciales y dar un efecto caído. No difuminar el trazo sacrifica naturalidad; un delineado muy rígido envejece si no se integra con el resto del maquillaje. Ignorar la textura y los pliegues del párpado puede hacer que el producto se acumule y destaque signos de edad. Finalmente, descuidar las pestañas apaga la mirada, aunque el delineado esté bien realizado.
Cómo lograr un buen delineado de ojos para no envejecer la mirada
Para un delineado armonioso y rejuvenecedor, conviene adaptar grosor, forma y color al tipo de ojo y a la textura del párpado. Menos suele ser más: líneas más finas y colocadas en el parpado superior o como “tightline” suelen abrir la mirada sin endurecerla.
Preferir tonos menos contrastantes que el negro intenso, difuminar ligeramente el trazo y evitar extensiones excesivas del cat-eye ayudan a mantener un resultado natural. Integrar el delineado con sombra suave y trabajar las pestañas —rizar y aplicar máscara— aporta apertura y luminosidad inmediata.
Pequeños ajustes en la técnica —como reducir el grosor, elegir un tono más suave, adaptar el ángulo al ojo y difuminar— pueden transformar la expresión y devolver vitalidad a la mirada.


