Irán reafirmó este domingo su apoyo político y militar a Hezbollah, en un contexto de creciente presión interna en el Líbano para desarmar al grupo y concentrar las armas en manos del Estado.
Un asesor del líder supremo, Ali Khamenei, afirmó que la República Islámica mantendrá su respaldo a Hezbollah pese a las críticas de Beirut y las acusaciones sobre la injerencia regional de Irán.
Ali Akbar Velayatí, asesor de Asuntos Internacionales de Khamenei, dijo que Irán “continuará apoyando de manera firme” a Hezbollah durante un encuentro en Teherán con Abdulá Safi al-Din, representante del movimiento libanés, según la agencia Mehr.
Safi al-Din agradeció el apoyo “integral” de Teherán y reiteró que Hezbollah no planea entregar sus armas, argumentando que la milicia está dispuesta a defender la integridad territorial y a la población del Líbano, postura que choca con los esfuerzos del Gobierno por reafirmar el monopolio estatal de la fuerza.
El tono de Velayatí no es novedoso: la semana anterior sostuvo que la existencia de Hezbollah era más importante que el “pan y el agua” para el Líbano, una frase que provocó rechazo en sectores políticos y reforzó la percepción de tutela iraní sobre actores armados no estatales.
Irán es el principal respaldo del llamado Eje de la Resistencia, una red antiisraelí que agrupa, además de Hezbollah, a Hamas, a los hutíes de Yemen y a milicias chiíes iraquíes; desde hace décadas Teherán proporciona apoyo financiero, logístico y militar a estos grupos, consolidando una influencia regional al margen de los Estados.
En el Líbano, ese respaldo es percibido por el Ejecutivo como un factor que debilita la soberanía. Tras la última guerra con Israel, el Gobierno intensificó sus llamados a desarmar a Hezbollah para evitar que decisiones militares clave recaigan en una fuerza paralela al Estado, un asunto recurrente desde el fin de la guerra civil que ha cobrado nueva urgencia.
El ministro de Exteriores libanés, Youssef Rajji, calificó la influencia iraní como “muy negativa” y describió las políticas de Teherán como una fuente permanente de inestabilidad para el Líbano y la región, en declaraciones a Al Jazeera.
Rajji añadió que Beirut solo estaría dispuesto a entablar un diálogo formal con Irán si este cesa la financiación de lo que llamó “una organización ilegal” en suelo libanés, en alusión directa a Hezbollah, y por ello rechazó una invitación oficial para visitar Teherán.
Desde Irán, el ministro de Exteriores Abás Araqchí dijo mostrarse sorprendido por la negativa libanesa y aseguró que está dispuesto a viajar a Beirut para tratar las relaciones bilaterales; ese ofrecimiento diplomático contrasta con las reiteradas declaraciones públicas de apoyo incondicional a Hezbollah.
La reafirmación pública del respaldo iraní se produce en un momento de creciente cuestionamiento regional e internacional sobre el papel de Teherán a través de aliados armados y vuelve a situar al Líbano en el centro de la tensión entre la agenda soberanista del Estado y la proyección de poder iraní.


