15 de enero de 2026
Buenos Aires, 22 C

Matriarcas suricata aseguran la continuidad del clan

En el desierto del Kalahari, en Sudáfrica, las suricatas han desarrollado una organización social singular en la que las hembras alfa ocupan el liderazgo.

Estas matriarcas son las únicas reproductoras del clan y ejercen un control decisivo sobre la supervivencia y el orden del grupo, una función que adquiere mayor importancia ante las amenazas ambientales crecientes.

Según informa National Geographic, el dominio de estas hembras es clave para que la especie soporte las condiciones extremas asociadas al cambio climático.

Las suricatas forman parte de un reducido grupo de mamíferos con sociedades matriarcales y viven en clanes donde la hembra dominante dirige a una familia multigeneracional.

La matriarca mantiene la cohesión del grupo: supervisa las salidas diarias en busca de alimento, coordina la vigilancia frente a depredadores y asegura el cuidado de las crías.

La ausencia de esta líder compromete la capacidad del clan para alimentarse y protegerse, lo que subraya la importancia de su papel, según National Geographic.

Biología y estrategias del liderazgo femenino

El liderazgo de las hembras alfa se apoya en diferencias físicas y hormonales. Las matriarcas suelen ser más grandes, robustas y agresivas que las hembras subordinadas.

Durante la gestación, los niveles hormonales de la hembra dominante pueden aumentar notablemente, lo que incrementa su fuerza y agresividad y facilita que imponga su autoridad y proteja a su descendencia.

En períodos de escasez, las matriarcas pueden tomar medidas extremas para garantizar la supervivencia de sus crías y del grupo. Un ejemplo documentado por la rastreadora Olorato Moacwi en la reserva Tswalu Kalahari ocurrió cuando dos hembras del mismo clan quedaron embarazadas al mismo tiempo durante una época de carestía.

La hembra dominante atacó a la subordinada tras el nacimiento, eliminó a sus crías y expulsó a la madre del grupo, permitiéndole volver solo después del nacimiento de sus propios cachorros. Como explica la ecóloga conductual Christine Drea en National Geographic, la hembra más agresiva suele ser la que logra que sobreviva más descendencia.

Cambio climático, adversidad y resiliencia

El entorno del Kalahari se ha vuelto más hostil para las suricatas: desde finales de los años 90 las temperaturas regionales subieron más de dos grados Celsius y los días de calor extremo se han multiplicado.

La sequía es la amenaza más directa, porque reduce la disponibilidad de insectos, su principal alimento, y obliga a los clanes a desplazarse más y a excavar con mayor profundidad para encontrar sustento.

El zoólogo Tim Clutton-Brock, fundador del Kalahari Meerkat Project, señala en National Geographic que son las sequías las que provocan las caídas en las poblaciones de suricatas. Durante 2012 y 2013, una sequía severa eliminó a más de la mitad de los individuos en el Kalahari Research Centre, y los clanes actuales son más pequeños y vulnerables que antes.

A pesar de estas dificultades, las suricatas muestran una notable capacidad de recuperación, en gran parte impulsada por el liderazgo de sus matriarcas. Moacwi observó que, al final del invierno, el clan más grande que monitorean duplicó su tamaño tras el nacimiento de dos camadas.

La dinámica social combina cooperación y competencia, lo que les permite adaptarse a la escasez y a otros desafíos ambientales. Según Moacwi, las suricatas se recuperan con eficacia.

Un caso ilustrativo es el de una matriarca que sobrevivió a la mordedura de una víbora de Gabón gracias al apoyo de su grupo; semanas después había recuperado el liderazgo y volvía a estar gestante, lo que confirma el papel insustituible de estas líderes en la continuidad del clan.

Artículo anterior

Yanina Latorre advierte sobre filtraciones en MasterChef Celebrity

Artículo siguiente

11.000 pasajeros afectados en el primer día del paro de controladores

Continuar leyendo

Últimas noticias