15 de enero de 2026
Buenos Aires, 23 C

Sensaciones al leer a Hanif Kureishi

En la Navidad de 2022, el escritor británico-pakistaní Hanif Kureishi sufrió un accidente que le produjo tetraplejia. Su situación llamó la atención de lectores y críticos; su obra transmitía un impulso vital que él mismo sintetizó en la frase: “el mundo es una pollera que quiero levantar”. En sus novelas convivían la densidad de la buena literatura con el humor y la presencia del deseo.

Durante una visita a Buenos Aires quedó registrado lo que contó en una charla en el Malba: cuando a sus hijos les preguntaban en la escuela a qué se dedicaba su padre, ellos respondían: “trabaja de mirar por la ventana”. Esa imagen reaparece en su libro posaccidente, donde pasa un año observando desde la ventana del hospital el cielo italiano, algunos árboles y una nube.

A pedazos no es, en conjunto, un relato deprimente, pero sí registra la indignidad que acompaña a la enfermedad. Esa humillación física y práctica ya había sido abordada por Kureishi en la ficción, por ejemplo en Nada de nada: la historia de un cineasta que, tras alcanzar la gloria, queda en silla de ruedas y reclama deseos que persisten pese al deterioro corporal.

El libro plantea cómo se sostiene el deseo cuando el cuerpo no responde y presta atención a médicos y enfermeros, que de forma repentina pasan a ser figuras centrales: el cuidado, la solidaridad, la pérdida del pudor frente a un cuerpo invadido y la puesta a prueba de la dignidad. Si la tragedia es física, el desgaste es también emocional: Kureishi describe el impacto como una bomba que hace pedazos a quienes lo rodean —pareja, hijos, amigos— y obliga a renegociar todas las relaciones; cuando cae uno de los miembros, la familia se reconfigura.

También aparecen las visitas: el visitante ideal, según Kureishi, permanece al menos una hora. Prefiere a los egocéntricos, aquellos que hablan de sí y con ello introducen el mundo exterior en habitaciones de té turbio.

Tal como escribió en Mi oído en su corazón, “si los pensamientos no se verbalizan pueden convertirse en monstruosos”. En A pedazos esos monstruos están presentes: rabia, envidia, frustración, miedo, resignación; hay poca autocompasión. El relato se percibe honesto, como un apéndice de la vida anterior al accidente en Roma.

El libro funciona también como reflexión sobre la vocación literaria: ese destino que parece elegir al escritor. Muestra lo que ocurre cuando un autor ya no puede escribir por sí mismo y debe dictar, enfrentando la lentitud del proceso y la dependencia de otros. El límite físico aparece justo donde antes estuvo el centro de su existencia: sostener un lápiz se convierte en una ambición máxima.

A pesar de todo, Kureishi mantiene un impulso hacia adelante. Esa persistencia es coherente con el espíritu que lo caracterizó en obras anteriores.

En consecuencia, la escritura adquiere para él una nueva intensidad: nunca había sido tan importante como en este momento de su vida.

Artículo anterior

Islandia, país más seguro según Índice de Paz Global 2025

Artículo siguiente

Conflictos en el programa de Mario Pergolini con Christian Sancho, Novaresio y el mago Rada

Continuar leyendo

Últimas noticias