15 de enero de 2026
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Hallazgo en San Pietro di Castello cuestiona la historia del vidrio veneciano

El descubrimiento de fragmentos de vidrio datados en el siglo VIII en San Pietro di Castello, Venecia, cuestiona la cronología establecida sobre los orígenes del vidrio veneciano.

Investigadores de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, en un estudio publicado en Archaeological and Anthropological Sciences (2025), concluyen que la ciudad fue un centro tecnológico y comercial activo mucho antes de la fama de Murano.

Desde la Alta Edad Media, Venecia participaba en redes de intercambio y adoptaba innovaciones técnicas. Las excavaciones en San Pietro di Castello —la antigua isla de Olivolo, próxima al puerto y sede episcopal desde finales del siglo VIII— permitieron reconstruir aspectos de la Venecia altomedieval.

Las intervenciones arqueológicas realizadas en las décadas de 1980 y 1990, bajo la supervisión de la Superintendencia de Arqueología de Venecia y el Departamento de Humanidades de Ca’ Foscari, documentaron una secuencia de ocupación entre los siglos IV y IX y estructuras relacionadas con la gestión de la laguna y la consolidación urbana.

Se recuperaron 45 muestras de vidrio, que incluyen vasos, residuos de producción y un crisol de esteatita. Estos materiales aportan evidencia directa de actividades vidrieras y de talleres en el lugar.

La datación de los fragmentos, que abarca desde el siglo VI hasta el IX, sitúa a San Pietro di Castello como un punto relevante para entender la transición tecnológica y comercial del vidrio en la región.

El equipo dirigido por Margherita Ferri documentó la adopción temprana de vidrio formulado con ceniza vegetal, en reemplazo del natrón egipcio empleado en tradiciones anteriores.

Según Ferri, los resultados de San Pietro di Castello son sorprendentes: se identificaron fragmentos de vidrio con ceniza vegetal del siglo VIII atribuibles a producciones sirio-levantinas, lo que indica el acceso a materiales importados desde grandes distancias.

Los análisis químicos mostraron la coexistencia, en algunas piezas, de técnicas separadas temporalmente: por ejemplo, la presencia conjunta de antimoniato de calcio (opacificante antiguo) y estannato de plomo (más tardío), fenómeno que se explica por la práctica del reciclaje y la mezcla de materiales.

Para obtener el color azul, los artesanos recurrieron a escoria metalúrgica rica en cobalto, un subproducto de la metalurgia, en lugar de pigmentos refinados, lo que evidencia una comprensión práctica de los materiales y una economía basada en la reutilización.

El estudio también documenta el uso de subproductos metalúrgicos, la mezcla de técnicas y la contaminación accidental asociada al empleo de crisoles de esteatita; los residuos de taller y piezas destinadas al reciclaje apuntan a una actividad vidriera local dinámica y adaptativa.

Los análisis de procedencia indican que, en el siglo VIII, Venecia importaba vidrio procedente de Egipto y del Levante (Siria, Líbano, Palestina e Israel) en proporciones similares.

Esa diversidad de orígenes evidencia la integración de Venecia en redes comerciales mediterráneas y su capacidad para adaptarse a cambios en el suministro y en las tecnologías disponibles.

Los datos sugieren una cadena de suministro mixta: se importaba vidrio en bruto para trabajarlo localmente, pero también llegaban objetos acabados procedentes de otras zonas del Mediterráneo.

Entre los objetos identificados figura un vaso de base cónica típico de producción siria, poco habitual en el Adriático de la época, lo que demuestra la presencia simultánea de materias primas y bienes de lujo.

Estos hallazgos obligan a revisar la narrativa sobre la fabricación de vidrio en Italia y Europa y sitúan a Venecia entre los primeros centros italianos en adoptar y dominar técnicas vidrieras avanzadas.

Los especialistas subrayan que los resultados muestran la implicación temprana de Venecia en la transición tecnológica del vidrio y sugieren que San Pietro di Castello pudo haber desempeñado un papel importante en la reelaboración de materiales importados.

A diferencia de otros centros italianos, donde la sustitución del natrón por la ceniza vegetal fue más tardía y el reciclaje predominó, en Venecia se documenta una adopción precoz y combinada de técnicas y materiales.

La posición política y estratégica de San Pietro di Castello —como centro administrativo y religioso en la formación de la ciudad— facilitó la llegada y circulación de innovaciones y materias primas.

El contraste con otros yacimientos italianos confirma que la transición tecnológica no fue uniforme: en el norte y centro de Italia la difusión de la ceniza vegetal fue desigual, mientras que en el sur persistió el reciclado de vidrio romano.

La investigación concluye que la Venecia medieval temprana gestionaba una cadena de suministro compleja, capaz de abastecer talleres y consumidores de alto estatus, y que su papel central en el comercio y la tecnología del vidrio se remonta a siglos antes de la era dorada de Murano.

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