Luz Marcela Torres, de 60 años, encabeza desde hace más de una década una iniciativa solidaria en Glew que surgió a partir de una pérdida personal. Comenzó su trabajo social en 2013 tras la muerte de su hijo y, para honrar su memoria, creó un espacio comunitario que fue inaugurado el 30 de marzo, fecha del cumpleaños de Luiggy. Sobre aquel dolor, Luz Marcela dice: “Es terrible que te maten a un hijo. Todo esto lo hago por él porque era muy solidario con todos”.
El comedor, conocido como Casa Luiggy, lleva 13 años funcionando en Glew y se ha consolidado como un punto de contención para vecinos y vecinas en situación de vulnerabilidad. Además de ofrecer comida diaria, la organización realiza actividades puntuales ligadas a fechas de celebración que buscan aliviar la carga económica de las familias locales.
En el marco de las fiestas de fin de año, Casa Luiggy volvió a organizar una entrega solidaria, aunque con reducciones en la cantidad y variedad de artículos entregados debido a la situación económica general. Luz Marcela relató que años anteriores se distribuían más cajas navideñas y otros productos, pero la caída en recursos obligó a ajustar la ayuda: “Dábamos 200 cajas por Navidad, pero por la economía bajamos la cantidad. Ahora solo podemos dar 600 pan dulces nomás”, señaló, destacando la limitación en el alcance de la asistencia.
Durante la semana previa a la celebración, Luz Marcela y su equipo salieron a entregar pan dulces y alimentos en distintos puntos de la Zona Sur. El miércoles 17 de diciembre realizaron una recorrida por Plaza Constitución y, el sábado 20, organizaron un asado en Glew para quienes se acercaron en busca de comida. Estas actividades comunitarias no solo brindan alimentos, sino que también generan espacios de encuentro y apoyo mutuo entre los vecinos.
Sobre la relación con las personas asistidas, Luz Marcela comenta que recibe agradecimientos constantes y que su objetivo es que quienes se acercan “se merecen vivir bien y trato de que así lo hagan”. Subraya además que su trabajo se hace “de corazón, sin ayuda de nadie”, lo que pone de relieve tanto su compromiso personal como las limitaciones que enfrenta la iniciativa al no contar con respaldo institucional o donaciones suficientes para mantener o ampliar las entregas.
Casa Luiggy sigue siendo un ejemplo de respuesta comunitaria local: una iniciativa nacida del recuerdo y la solidaridad que, pese a las restricciones económicas, continúa intentando sostener la asistencia a quienes más lo necesitan en Glew y zonas aledañas.


